—Vaya, no pensé que serias tan idéntica a ella, —pronunció el desconocido en su intento fallido de tocar mi rostro— sí, no cabe duda eres igual que ella. —Afirma mientras suelta una gran carcajada.
—No me llames hija. —Es todo lo que pude decir en ese momento.
—Ya debo irme. —Fueron las únicas palabras que había mencionado Aidan, en ese momento sin atreverse a verme a la cara.
—Comprendo, —dice el hombre frente a mí— Aidan, cumpliré con mi parte del trato, mis hombres se encargarán de eso.
Parte del trato, —¿A qué se refiere este señor Aidan, —interrumpo en busca de una respuesta— responde carajo! —grito al no obtener información alguna.
—Lo siento Sara. —son las únicas palabras que él intercambia para mí, para luego salir de la habitación y dejarme sola con ese señor, quien decide ponerse de pie y con voz dominante me ordena ponerme de pie y salir con él.
Narra Noah. Horas antes...
—No comprendo por qué alguien que se aparece de la nada y se interpone en sus planes aún sigue con vida, si tan solo me diera la orden de matarlos, ya ninguno estaría vivo señor. —dice uno de mis hombres, quien siempre ha estado a mi lado no por dinero ni poder, sino por mi determinación y mi manera de actuar, sobre todo cuando alguien debe morir.
—Tienes razón. —empuño mis manos y la mandíbula al pronunciar esas palabras, ya que al decirlas solo afirman mi indeterminación en este momento, luego de haber decidido que cualquier persona que se interpusiera en mi camino pagaría por eso, sin embargo, me he quedado congelado divagando en mis pensamientos sin poder elegir una decisión.
Aquel hombre que tanto me admira no se inmuta ante mi respuesta, ni siquiera parece estar sorprendido, solo asiente y sin decir más se marcha del lugar llevándose con él al resto de hombres que esperan afuera.
Es entonces cuando decido regresar con Aidan, quien por su expresión no esperaba verme nuevamente, camino hasta donde esta él.
—¿Puedo pedirte un favor? —No respondo a su pregunta en lo que él exhala para luego decir que quiere sin importarle si quiero escucharlo o no.
—Deja vivir a mis compañeros, ellos no deberían estar aquí.
—Por qué debería hacerlo? —mi voz era un filo helado, diseñado para cortar cualquier esperanza.
—Porque no son parte de esto. No tienen por qué pagar por algo que no entienden.
Me mantuve en silencio, estudiándolo, buscando alguna fisura en su argumento. Pero lo único que vi fue la fuerza que intentaba reunir, como si esas palabras fueran un escudo frágil al que se aferraba con desesperación. Tal vez en su interior se había rendido y pensaba que estos serían sus últimos suspiros.
Desearía solo tomar el arma, apuntar con precisión y dejar que las balas salieran sin remordimiento alguno. Al final, somos dos vidas independientes, que en su momento tomaron decisiones y eligieron sus destinos, por su propia voluntad. ¿Eres un idiota acaso? Deberías haberte limitado a seguir tu camino, olvidarte de toda esta mierda, dejar que el tiempo borrara lo que no debía importarte.
Pero, irónicamente, aquí estamos, atrapados en esta encrucijada. Y ahora debo decidir nuevamente si te dejo escoger tu propio destino o si simplemente pongo fin a todo esto de una vez por todas.
—¿A qué volviste? —pregunta Aidan, una chispa de intriga en su mirada.
—Eres un idiota. —le respondo, sintiendo la decepción invadir cada palabra—. No debiste regresar. No entiendo qué se cruzó por tu mente para cometer semejante estupidez. ¿Acaso no era eso lo que querías? Irte y dejar atrás esta vida de mierda. —Mi voz se quiebra, ahogada por la a brumación.
Aidan, completamente confundido, no logra entender ni razonar mis palabras. Tal vez intentó olvidar todo lo que nos unía, el pasado que compartimos. Pero en sus ojos, aún puedo ver al niño que alguna vez fue mi hermano.
Y aunque nuestra sangre corra por las mismas venas, sé que, desde el momento en que nuestros mundos tomaron rumbos tan distintos, nos convertimos en completos desconocidos. El trato fue claro: olvidarnos, no interponernos en el camino del otro.
El silencio se alarga entre nosotros, pesado, como un eco distante de todo lo que fuimos. Puedo ver cómo la confusión aún se refleja en sus ojos, pero ya no me importa. ¿Qué sentido tiene intentar explicarle lo que ni siquiera yo mismo entiendo?
Aidan se pone de pie con un leve quejido, producto de la herida, y entrecierra las cejas antes de acercarse a mí.
—Noah, de verdad tú eres... —las palabras de Aidan dejan entrever que empieza a entender de qué estoy hablando, pero no le doy tiempo de terminar la frase.
—Sí, soy yo. —Lo interrumpo, mi voz firme, aunque dentro de mí se siente un torbellino de emociones que más allá de ser de felicidad, son todo lo contrario.
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Dark and Light
Mystery / ThrillerElla es un punto intermedio entre la luz y la oscuridad. Ellos son la perfecta combinación del bien y él mal. ¿Quieres saber que pasará en esta historia? Acompaña a Sara en su viaje lleno de incertidumbres, donde cada elección podría cambiarlo tod...
