Capítulo 78

5 1 0
                                        

Al levantar la vista, lo vi. Noah, tambaleándose, con una mano en el abdomen, mientras la sangre comenzaba a teñir su camisa.

Mi corazón se detuvo.

—¡Noah! —grité, mi voz rasgando la tensión como un cristal roto.

Pero él no cayó. Se mantuvo en pie, sus ojos clavados en mi padre con una intensidad que me hizo olvidar el terror por un segundo.

—Esto... no ha terminado. —Su voz era un susurro, pero cada palabra estaba cargada de una promesa mortal.

Mi padre no respondió. Sus ojos se movieron hacia mí, como si estuviera calculando el próximo movimiento.

Y yo, por primera vez en años, no quise huir.

Mi corazón latía descontrolado, sintiendo la proximidad de algo mucho más grande que cualquier miedo que pudiera haber tenido.

Noah estaba herido, y no podía permitirme mirar hacia él más tiempo. No quería ver cómo su sangre se derramaba, cómo se desvanecía lentamente.

Mi padre, por otro lado, parecía más tranquilo que nunca. Su rostro estaba impasible, como si todo esto fuera parte de una coreografía en la que él ya conocía el final.

—¿Lo ves, Noah? —dijo mi padre, con esa calma que solo un hombre que ha manipulado y destruido vidas podría tener—. No eres el que manda aquí. Esto nunca fue tu lucha.

Noah, a pesar de su herida, aún mantenía su postura, pero su respiración era cada vez más pesada. Podía ver en sus ojos la rabia contenida, pero también el dolor que su cuerpo comenzaba a sentir.

—No me subestimes, viejo. —Su voz, aunque débil, no perdía esa firmeza que siempre ha tenido.

Mi mente estaba al borde del colapso, pero no podía quedarme ahí, observando en silencio. La guerra que se libraba en ese instante era algo que ni siquiera podía comprender del todo. Todo lo que sabía era que la persona que estaba frente a mí, sufriendo por un plan que yo no entendía completamente, estaba luchando por mí. ¿Por qué? no tenía idea, hasta este momento no logro entender cómo es que él, quien inicialmente me introdujo en este mundo ahora estaba aquí frente a mi intentando salvarme.

Y entonces, de repente, una idea surgió, tan repentina como un destello en la oscuridad. No podía seguir siendo una espectadora. No podía quedarme parada mientras todo se desmoronaba.

Me adelanté, ignorando el dolor que se apoderaba de mis piernas. No sabía qué haría exactamente, pero algo dentro de mí me decía que debía moverme, actuar. No importaba el precio.

—¡Basta! —grité, y mi voz se esparció por todo el lugar. Mi padre me miró, frunciendo el ceño, como si no supiera si me refería a él o a la situación en general.

Pero yo estaba decidida a hacer algo, lo que fuera necesario para cambiar el rumbo de aquello. Si Noah había sacrificado tanto por mí, ¿no era hora de hacer lo mismo por él?

Me giré hacia él, notando la palidez en su rostro. Sabía que no quedaba mucho tiempo.

—Te lo dije, Sara. Esto no ha terminado. —Las palabras de Noah se colaron en mi mente, pero esta vez, no podía esperar más.

Mi mano, temblorosa pero firme, se alzó hacia el arma que él había dejado caer. Podía sentir su mirada sobre mí, pero no me detuve. No iba a detenerme.

Mi padre observaba en silencio, con una mirada de simplicidad como si no le importara en lo absoluto mi decisión, como mirar a cualquier persona que no significaba nada para él.

—Ya estoy harto. —La voz de mi padre era dura, Ya no parecía el mismo hombre que hace unos segundos se regocijaba ante la victoria de una guerra que nunca había iniciado.

Yo no contesté. Solo apreté el cañón del arma en mis manos, sintiendo el peso de lo que estaba a punto de hacer. La decisión que había estado evitando durante tanto tiempo, que había creído que nunca llegaría, estaba aquí, frente a mí, inminente.

La habitación se volvió un espacio pequeño, reducido a la dimensión de esa única decisión que tenía entre las manos. El peso del arma en mis dedos parecía un recordatorio cruel de lo que estaba a punto de hacer, pero la verdad era que ya no había marcha atrás. El dolor que había sentido durante toda mi vida, el miedo que había cargado como una sombra, todo eso me había llevado hasta este preciso momento.

Noah seguía de pie, su respiración entrecortada, pero su mirada no vacilaba. A pesar de la sangre que empapaba su camisa, había una fuerza indomable en él. No iba a ser derrotado, no hoy.

Mi padre, al ver que no cedía, dio un paso hacia mí, como si quisiera arrebatarme el control que ahora tenía. Pero ya no me sentía atrapada, ni vulnerable. Por primera vez en mucho tiempo, sentí el poder que venía de la decisión de no seguir siendo víctima.

—No vas a disparar, Sara. —Su voz sonó suave, casi con lástima, como si me viera como un simple peón en su juego. Pero ya no me importaba lo que pensara.

Tomé una respiración profunda y, con el cañón del arma apuntando hacia el suelo, lo miré fijamente.

—No sé si puedo, pero tengo que intentarlo. —Mi voz tembló, pero no de miedo, sino de la rabia contenida que había acumulado durante años.

La sonrisa de mi padre desapareció, reemplazada por una expresión de incredulidad. Estaba claro que no esperaba una resistencia de mi parte, mucho menos en este momento.

Noah, aunque débil, intentó hacer un movimiento, un gesto que podría haber sido de advertencia, pero yo ya estaba decidida. Un suspiro, apenas audible, escapó de sus labios, como si supiera que ya no podía evitar lo que iba a suceder.

Dark and LightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora