Capítulo 82

5 1 0
                                        

Noah se puso frente a mí, bloqueando mi vista de mi padre, quien apenas se mantenía consciente. Su voz me sacó de mis pensamientos:

—Sara, tienes que salir de aquí. Esto no termina con él. —Su tono no admitía réplica, pero algo en sus ojos me decía que entendía por lo que estaba pasando.

El sonido de un aplauso lento y burlón rompió la tensión en la habitación. Giré, sobresaltada, al reconocer esa figura que había olvidado por completo en medio del caos.

—Bravo, Sara. Realmente no esperaba tanto de ti. —Su voz, cargada de sarcasmo, llenó el espacio. Ahí estaba él, el hombre con quien mi padre planeaba casarme, observando todo como si fuera un mero espectador.

Su presencia me recordó la fría realidad de lo que mi padre había planeado para mí. Pero ahora, ese vínculo parecía insignificante, casi ridículo, frente al cuerpo de mi padre luchando por mantenerse consciente.

—Bien, creo que ya todo está hecho. Ya no tengo más nada que hacer aquí. —El hombre habló con indiferencia, su tono desinteresado como si acabara de terminar de ver una obra que ya había dejado de entretenerlo.

Antes de que pudiera procesar del todo lo que acababa de decir, Noah intervino con una firmeza que me descolocó.

—Ya vete, y asegúrate de alejarlos a todos.

El hombre levantó las cejas ligeramente, como si estuviera sorprendido por la autoridad en las palabras de Noah, pero no pareció molesto. Más bien, respondió con una calma inquietante:

—Espero que cumplas con el acuerdo que hicimos. —Una sonrisa vaga cruzó su rostro antes de girarse y salir del lugar con la misma despreocupación con la que había llegado.

La habitación pareció enfriarse aún más, y mi mente quedó atrapada en un torbellino de preguntas.

—¿Acuerdo? —pregunté finalmente, mirando a Noah con el ceño fruncido.

Noah no dijo nada de inmediato, su mandíbula apretada mientras evitaba mi mirada.

—Esto no es importante ahora, Sara. Tenemos que irnos. —Su tono no dejaba espacio a la discusión, pero mi confusión y mi rabia estaban creciendo rápidamente.

—¿No es importante? —mi voz salió cargada de incredulidad—. ¿Qué es lo que me estás ocultando, Noah? ¿Qué acuerdo hiciste con ese hombre?

—Te lo diré, pero no aquí ni ahora. —Sus ojos finalmente encontraron los míos, y vi en ellos una mezcla de determinación y algo que no pude identificar del todo.

—¡Noah! —insistí, pero él ya se había girado hacia la salida, dispuesto a cerrar cualquier conversación que amenazara con retrasarnos más.

En ese momento, supe de que había mucho más en juego de lo que siquiera podía imaginar. Y me pregunté si realmente podía confiar en él.

Luego me di cuenta de que solo quedábamos él y yo en la habitación. Su cuerpo se veía agotado, con la sangre extendiéndose cada vez más alrededor de él. Nuestros ojos se encontraron, y lo que sentí esta vez fue completamente distinto. Allí estaba, ese hombre a punto de morir, y yo había sido quien lo había llevado hasta ese estado. Ese hombre que había destruido mi vida.

—No fue mi culpa. —Las palabras salieron con un temblor que no pude controlar—. No fui yo quien provocó su muerte. El destino, por alguna razón, la arrancó de tu vida... de nuestras vidas.

Sentí un nudo deshacerse dentro de mí al decirlo, como si ese desahogo hubiera estado retenido durante años.

Él no respondió. Permaneció en silencio, mirándome con una expresión que no supe descifrar del todo. Entonces, vi una lágrima deslizarse por su mejilla.

Dark and LightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora