Capítulo 101

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Mi estómago comenzó a crujir, un sonido incómodo que llamo mi atención. Me llevé una mano al abdomen, intentando calmar el vacío que sentía. Entonces, miré el plato de comida que estaba sobre la mesa.

Dudé por un instante, la idea de comer parecía casi irrelevante frente al caos en mi mente. Finalmente, me acerqué a la mesa, tomé el plato entre mis manos y me acomodé en la silla. Cada bocado no era satisfactorio, casi ni podía saborearla a gusto, no por que tuviera mal sabor, sino por la angustia que crecía en mi cabeza cada vez más.

Dejé el plato vacío sobre la mesa y me acerqué a la cama, mirando su rostro pálido. Le di una leve caricia en la frente, sin querer despertarlo. Ahora no soy yo, eres tú quien necesita protección, pensé mientras mi mano se detenía sobre su piel caliente.

De pronto, Noah movió ligeramente la cabeza, y aunque no abrió los ojos, su respiración pareció calmarse un poco. Un pequeño alivio recorrió mi cuerpo, pero la inquietud seguía allí, acechando.

......

Un dolor incomodo, pero soportable me hizo quejar por la incomodidad haciendo que gire de tal forma mi cuello hacia ambos lados. La luz que se filtraba por la ventana no me permitía enfocar muy bien la vista y deje salir un bostezo antes de reaccionar y darme cuenta que me había quedado dormida.

Gire mi cabeza de inmediato hacia él con la esperanza de que estuviera bien y de que no haya empeorado durante el tiempo que estuve dormida. Pero solo pude encontrarme con su ausencia, la cama estaba vacía y no había rastro de Noah por ninguna parte. ¿Y si solo fue un sueño? Formule esa pregunta en mi mente intentando encontrarle lógica a todo. Pero mis ojos me trajeron a la realidad cuando vi las toallas y la tasa junto a la mesa.

La confusión me invadió al instante. Mis ojos buscaron por toda la habitación, pero no había ni una pisca de señal de su presencia. Sin pensarlo más, me levante fui hasta el baño para lavar mi cara y salir de la habitación. Tenía que saber que estaba pasando ¿por qué se había ido de esa manera?

Mis pasos eran apresurados, pero cautelosos. Si algo no salía bien debía estar lista para enfrentarlo. Baje hasta la cocina con una leve esperanza de encontrarlo y no estaba, tampoco en el jardín. Hasta ahora no había notado cuan silenciosa se encontraba la casa lo cual no era extraño, pero si incomodo. Me sentía como un ratón cuando su depredador lo está acechando.

El peso de una mirada me hizo frenar en seco, no era la persona a quien buscaba, pero su presencia me hacía dudar. Ladeé la cabeza levemente esfumando esos pensamientos, no podía continuar así, no después que decidí entenderlo.

—Hola, iba en dirección a tu habitación, pero me sorprende verte aquí. —Habla, él interrumpiendo el silencio incomodo que nos había atrapado.

—Eh sí, es que estaba... —Hice una pausa, no sabía en realidad que debía decirle.

—Podemos hablar un momento. —Dice entendiendo tal vez la incomodidad que me generaba tener que explicarle cual era mi objetivo.

—Si, está bien. —Acepte sin mostrar ninguna pisca de ansiedad.

Él sonrió y me indico que lo siguiera.

El peso de una tracción es más fuerte que cualquier cosa, más cuando viene de aquellas personas que confías plenamente sin objeción alguna. Aidan de quien no sabía nada, a raíz de las circunstancias había dejado de ser un desconocido para mí, sentía que podía confiar en él y mi cariño y afecto habían crecido con tal rapidez que no me lo hubiera esperado. Le debía mucho y él sin razón alguna me ayudó en muchas ocasiones. Pero el dolor incomodo de su traición, aunque más allá de tener buenas intenciones, quebraron algo dentro de mí y no podía evitar sentir esa incomodidad cada vez que estaba de cerca su presencia.

Dark and LightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora