Capítulo 85

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El silencio en el auto era abrumador, solo interrumpido por el motor y el suave zumbido de los neumáticos sobre el asfalto. Mi mirada estaba fija en la ventana, viendo pasar las luces de la calle como destellos borrosos. No podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido, en lo que había hecho... y en lo que significaría de ahora en adelante.

Noah estaba al volante, aunque claramente no debería estar conduciendo en su estado. Su rostro estaba pálido, y la sangre que manchaba su costado había oscurecido su camisa. A pesar de ello, sus manos permanecían firmes sobre el volante, su mandíbula tensa como si se aferrara a la última pizca de control que le quedaba.

—Deberíamos pedir ayuda —murmuré finalmente, rompiendo el incómodo silencio.

—Estoy bien —respondió seco, sin mirarme. Pero su voz tembló ligeramente, traicionando el dolor que intentaba ocultar.

No insistí. Sabía que discutir con él sería inútil, pero tampoco podía soportar verlo en ese estado. Había algo en su mirada, esa mezcla de determinación y agotamiento, que me hacía sentir que estaba cargando con más de lo que le correspondía.

—¿Por qué haces esto, Noah? —pregunté, mi voz apenas un susurro.

Él no respondió de inmediato. Sus ojos permanecían clavados en la carretera, como si las líneas blancas pintadas sobre el pavimento tuvieran todas las respuestas.

—Porque alguien tiene que hacerlo —dijo al fin, su tono bajo, casi resignado.

Su respuesta no me satisfizo, pero no insistí. Había algo en su forma de hablar, en la manera en que se aferraba al volante, que me decía que había cosas que aún no estaba listo para compartir conmigo.

El auto comenzó a desviarse ligeramente hacia la izquierda, y me di cuenta de que su fuerza estaba fallando.

—¡Noah, para el auto! —dije con urgencia, alcanzando el volante para estabilizarlo.

—Dije que estoy bien... —empezó, pero su voz se apagó cuando el auto dio un pequeño bandazo.

—¡No lo estás! —grité, agarrando el volante con ambas manos. Logré que se detuviera al borde del camino, el motor ronroneando suavemente mientras él se recostaba contra el asiento, cerrando los ojos.

El pánico comenzó a burbujear en mi pecho. No podía dejarlo así.

—Noah... —mi voz tembló al llamarlo, pero él no respondió. Me incliné hacia él, tocando su rostro para comprobar si aún estaba consciente. Estaba caliente, demasiado caliente.

—No puedes irte ahora —susurré, sintiendo las lágrimas brotar sin control—. No después de todo esto.

Abrí la puerta del auto, buscando algo, cualquier cosa, que pudiera ayudar a detener el sangrado. Pero mientras lo hacía, me di cuenta de que la única forma de salvarlo era llevarlo a un hospital. A pesar del peligro que eso implicaba para ambos.

Volví a mirarlo. Su rostro, incluso en ese estado, conservaba esa inexplicable fortaleza.

—Aguanta, Noah. No puedes dejarme sola en esto. 

—Solo espera aquí, no hagas nada mas. —Soltó su voz frágil y sin fuerza, antes de perder por completo el conocimiento.

—Como que espere aquí, estas loco, que rayos vamos a hacer aquí en medio de la nada. —Grite con desesperación. 

Pasaron algunos minutos cuando la luz de un auto llamo mi atención, la verdad no sabia que hacer si salir y pedir ayuda, o solo hacer lo que Noah pidió. Aunque para mi sorpresa el auto se detuvo justo frente de nosotros, y la persona que salió de este pude reconocerla de inmediato. 

—¿Aidan? —pregunté con incredulidad.

El motor del auto seguía encendido, llenando el silencio con un leve ronroneo. La figura de Aidan se acercaba hacia nosotros con pasos firmes, mientras mi mente se llenaba de confusión.

—Sara, tenemos que irnos. Ayúdame a sacar a Noah. —Su voz era firme, pero había algo más en ella: urgencia... o tal vez culpa.

—¿Qué haces tú aquí? —pregunté, intentando entender, mi rostro dejando claro mi desconcierto.

—No hay tiempo para explicaciones. —Respondió, su tono cortante, mientras señalaba a Noah.

Sin más opciones, lo ayudé a mover a Noah al asiento trasero del auto. Me senté junto a él, presionando su herida para evitar que perdiera más sangre. Aidan subió al auto rápidamente y arrancó el motor, dejando el lugar atrás en cuestión de segundos.


Dark and LightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora