Capítulo 99

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El tiempo pareció detenerse mientras esas dos últimas palabras resonaban en mi mente, como si no fueran reales, como si mi cerebro se negara a comprenderlas. Una oleada de incredulidad me atravesó, mezclándose con el vértigo que sentía al sostenerlo.

—¿Qué estás diciendo, Noah? —susurré, apenas capaz de escuchar mi propia voz, porque algo en mí temía la respuesta.

Él levantó la mirada, sus ojos buscando los míos, vulnerables como nunca antes. No necesitaba que lo repitiera, necesitaba entenderlo. Si esto hacia parte de su juego no se lo permitiría. no esto.

Mi cuerpo empezó a temblar ante la reacción de sus palabras. Ambos nos estábamos debilitando aún más. Y antes de escuchar una respuesta, Noah dejó caer su rostro contra mi cuello, y entonces supe que algo no estaba bien. Su cuerpo se desplomó por completo, perdiendo cualquier rastro de conciencia.

Mi reacción fue tardía, como si mi mente se negara a aceptar lo que ocurría. Pero finalmente lo sujeté y logré guiarlo hacia la cama. Deslicé mis manos por su rostro, buscando cualquier señal de respuesta, y fue entonces cuando lo noté: su piel ardía, su temperatura estaba peligrosamente alta. Sus ojos, apenas abiertos, parecían ser consumidos por el fuego que emanaba por dentro.

—Noah, escúchame... —susurré, inclinándome hacia él, esperando que mi voz lo trajera de vuelta.

No hubo respuesta, solo un leve movimiento de su pecho al respirar. Mi mano temblorosa volvió a su frente, tocándola apenas. Su piel ardía como si algo dentro de él estuviera desgarrándolo.

—Maldita sea... —murmuré, intentando reprimir el pánico. Esto no era normal, no podía ser solo el cansancio o una herida. Algo más estaba ocurriendo.

Salí corriendo hacia la puerta, abriéndola con un golpe brusco.

—¡Necesito ayuda aquí! —grité al pasillo, esperando que alguien escuchara.

Un par de pasos apresurados resonaron antes de que una de las mujeres que antes había estado conmigo apareciera.

—¿Qué ocurre? —preguntó, con evidente alarma al ver mi expresión.

—Noah está... —mi voz se cortó al tragar el nudo en mi garganta—. Tiene fiebre, está inconsciente, algo anda muy mal.

Sin hacer más preguntas, ella asintió y desapareció por el pasillo.

Volví junto a Noah, arrodillándome al borde de la cama.

—No puedes hacerme esto, no ahora... —susurré, mi voz cargada de emociones que apenas reconocía—. Me debes respuestas, Noah. No puedes simplemente dejarme con todo esto. —Empuñé mis manos con las sábanas de la cama, sintiendo cómo la impotencia se apoderaba de mí.

El sonido de pasos apresurados me hizo girar hacia la puerta. La mujer volvió, trayendo consigo lo que parecía un botiquín y una mirada decidida.

—Déjeme verlo —dijo, y sin esperar mi permiso, se acercó a Noah.

Me aparté apenas unos pasos, sintiendo que el aire en la habitación se volvía más pesado. Crucé los brazos sobre mi pecho, como si así pudiera protegerme o auto consolarme por la angustia que sentía por dentro.

Una vez más nos encontramos en la misma situación. El ahí tirado en la cama inconsciente y vulnerable. Y mi estrés aumentando a paso lento, como si nunca pudiera logar alcanzar la calma.

Un leve mareo me hizo retroceder un paso para conseguir mantener el equilibrio. Mis piernas me llevaron de inmediato hasta la silla cerca de la ventana.

—Pediré que te traigan algo de comer. —Dijo la mujer manteniéndose concentrada en Noah—. Estás débil y necesitas recuperar energía.

No respondí de inmediato. Observé cómo ella revisaba a Noah con precisión, como si su presencia fuera lo único que evitaba que la situación empeorara aún más.

—No quiero nada. —Mi voz salió más baja de lo que esperaba, apenas audible incluso para mí.

Ella no discutió, pero tampoco se detuvo. Con movimientos rápidos, acomodó las sábanas alrededor de Noah antes de dirigirme una última mirada fugaz, como si intentara evaluar mi estado. Luego, salió de la habitación sin decir más.

Dark and LightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora