Capítulo 76

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Los pasos del hombre se acercaban lentamente desde las sombras, su presencia ominosa. El aire se cargaba de una amenaza palpable, y su tono aplastó cualquier intento de resistencia.

Él se detuvo frente a mí, con una sonrisa casi imperceptible, y sacó su celular.

—Ya la encontré. ¿Dónde quieres que nos veamos? —Dijo, dirigiéndose a alguien al otro lado de la línea, como si todo fuera parte de un plan. No había emoción en su voz.

Las palabras parecían no tener sentido, pero mi mente comenzó a procesar lo inevitable. No había escapatoria.

Su mirada fría y calculadora recorrió cada centímetro de mi rostro.

—Sabias que intentar escapar era un error —murmuró mientras guardaba su celular. Su tono era casi despreocupado, como si lo que acababa de pasar no significara nada.

Mis ojos se desviaron hacia el cuerpo inmóvil detrás de él. Quería moverme, escapar, pero mi cuerpo no respondía.

—No hagas esto más complicado, Sara. —Su voz cortó mis pensamientos como un cuchillo—. Te llevaré con él.

—¿Con él? —La palabra salió más como un susurro que como una pregunta. Mi garganta estaba seca, y el miedo en mi pecho se expandía.

—Con tu padre. —Lo dijo tan casualmente que, por un momento, casi pensé que había escuchado mal.

Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera procesarlo. Retrocedí un paso, pero él fue más rápido. Su mano atrapó mi muñeca con una fuerza que soltarme resultaba ser casi que imposible.

—¿Qué te dije? —Su rostro se acercó al mío, y por un instante vi algo más allá de la calma. Una furia contenida, algo oscuro y peligroso que me heló la sangre.

Intenté zafarme, pero fue inútil. Mi resistencia era como un insecto golpeando un muro.

—No voy a ir. —No sé cómo reuní el valor para decirlo, pero las palabras salieron cargadas de una ira que no sabía que tenía—. No puedes obligarme.

Su sonrisa fue casi imperceptible, pero ahí estaba, como si mis palabras no fueran más que entretenimiento para él.

—Eso no depende de ti. —Su respuesta fue seca, y antes de que pudiera decir algo más, me arrastró hacia la puerta.

El caos afuera era ensordecedor. Voces, gritos, el sonido de cosas rompiéndose. Pero nada de eso importaba. Todo mi mundo se reducía a ese agarre firme y al destino que sabía que me aguardaba al final del pasillo.

Nos movimos entre el desorden como si no existiera. A lo lejos, escuché un disparo, y mi corazón dio un vuelco. ¿Noah? La sola idea de que él pudiera...

No. No podía permitirme pensar en eso ahora.

Llegamos a una puerta al final del corredor, y él la empujó con facilidad, revelando la habitación. Mi respiración se detuvo al ver lo que había dentro.

Mi padre estaba de pie, su postura relajada, como si estuviera esperando que todo esto sucediera. Frente a él, Noah, con el arma en la mano, apuntándole directamente al pecho. La tensión entre ellos era tan espesa que apenas podía respirar.

Y en una esquina de la habitación, sentado en una silla con las piernas cruzadas, estaba el hombre que debía ser mi esposo. Su expresión era neutral, casi aburrida, como si no le importara en absoluto lo que estaba pasando.

El hombre que me había arrastrado hasta aquí me soltó, y caí al suelo. Nadie reaccionó.

—Finalmente estás aquí —dijo mi padre, con esa voz suave que siempre escondía veneno—. Bienvenida, hija.

Noah no apartó la mirada de él ni por un segundo.

—Esto termina aquí.

Mi padre soltó una carcajada, lenta, llena de burla.

—¿Tú lo crees? —Se giró hacia mí, señalándome con un gesto—. Todo esto, Noah, siempre ha sido por ella. ¿De verdad crees que puedes cambiar algo?

El silencio que siguió fue ensordecedor. Noah respiró hondo, y por un instante pensé que iba a disparar. Pero entonces habló.

—No me subestimes.

Su voz era firme, pero su mano temblaba ligeramente. Y yo, atrapada entre el hombre que nunca me consideró su hija y aquel que estaba dispuesto a enfrentarlo, no sabía si debía sentir miedo, esperanza, o ambas cosas al mismo tiempo.

El ambiente en la habitación era irrespirable. Cada segundo que pasaba parecía alargarse eternamente, y el latido de mi corazón retumbaba en mis oídos.

Dark and LightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora