Capítulo 89

3 1 0
                                        

No pude evitar el sobresalto. La revelación de que Noah y Aidan eran hermanos era algo que jamás habría imaginado. Mi mente no alcanzaba a procesarlo.

—¿Cómo es posible? —mi voz tembló, entre la incredulidad y la confusión—. ¿Noah y tú... son hermanos?

Aidan desvió la mirada, como si no quisiera ver la confusión en mis ojos.

—No es algo que puedas entender ahora, Sara —respondió, su tono firme, cerrando cualquier intento de continuar la conversación. —Lo que necesitabas saber ya te lo dije. Lo demás, es innecesario.

Mis preguntas seguían retumbando en mi cabeza, pero vi la determinación en su rostro. No iba a decirme más.

—No preguntes más. Las explicaciones no cambiarán nada. Lo único que debes entender es que todo lo que hice fue por Noah, por salvarlo. Y por salvarte a ti.

Sus palabras me dejaron en un mar de dudas, pero no parecía dispuesto a darme más respuestas. Algo dentro de mí quería saber más, pero su actitud me decía que ya había llegado al límite.

—Así que eso es todo, ¿no? —pregunté, mi voz cargada de una mezcla de rabia y frustración. —Me dices todo esto, y ahora simplemente debo quedarme con la verdad incompleta.

Aidan no respondió de inmediato. Me miró un momento, como si estuviera evaluando si valía la pena decir algo más. Pero finalmente, negó con la cabeza.

—No te estoy pidiendo que me perdones —dijo, sus palabras secas—. Solo quiero que sepas que las decisiones que tomé no fueron fáciles. Nadie salió indemne de esto, Sara.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —pregunté, buscando algo, aunque no sabía qué. ¿Esperar? ¿Luchar? No lo sabía. Todo estaba fuera de control, pero lo que más me aterraba era que, en algún punto, todo esto me estaba arrastrando hacia algo que ni siquiera podía comprender.

Aidan dio un paso hacia la puerta al final del pasillo, sin mirarme de nuevo.

—Lo que pase de aquí en adelante dependerá de ti y de Noah. Yo ya hice lo que tenía que hacer. Ahora, tú decidirás qué hacer con todo esto.

Y con esas palabras, salió por la puerta, dejándome allí, sola con mis pensamientos. La sensación de estar atrapada en un laberinto de mentiras y decisiones ajenas no me dejaba respirar. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora?

Mis pasos resonaban sobre el suelo mientras caminaba, sin rumbo, a través de los pasillos vacíos. Aidan se había ido, dejándome con más preguntas que respuestas. La verdad que me había dado, aunque impactante, no me calmaba. Cada palabra que había pronunciado, cada confesión, parecía abrumarme más que la anterior.

¿Qué significaba todo esto? ¿Qué haría ahora? No podía dejar de pensar en Noah. Estaba ahí, herido, vulnerable. Necesitaba saber que estaría bien, pero todo lo demás se complicaba más con cada segundo que pasaba.

Me detuve frente a una ventana, observando el oscuro paisaje de la ciudad. Nada de lo que había vivido tenía sentido ya. La figura de Noah me persiguió en mi mente, y lo que había dicho Aidan no hacía más que incrementar el caos que ya habitaba en mi pecho.

Decidí regresar a donde lo habían dejado. No me importaba lo que Aidan hubiera dicho, no podía dejarlo allí, sin más. Quería estar cerca de él, escuchar su respiración, ver cómo su cuerpo luchaba por sanar. Aunque todo lo que había ocurrido entre nosotros fuera un torbellino de traiciones y secretos, no podía ignorar lo que sentía por él, aunque fuera confuso, aunque tuviera miedo de que todo se derrumbara.

Al llegar a la habitación, encontré a Noah tendido en la misma camilla, rodeado de los mismos equipos que lo mantenían con vida. El hombre que lo atendía parecía estar revisando su estado, pero cuando me vio entrar, se levantó y se apartó.

—¿Cómo está? —pregunté, aunque no tenía mucha esperanza de que me diera buenas noticias.

—Está estable por ahora, pero el siguiente par de horas son críticas. No podemos hacer mucho más por él aquí. Necesitamos trasladarlo a un lugar más seguro, con más recursos.

—No creo que sea una opción. —Solté sin justificar mi decisión, sabia que Noah en un estado mas consiente se negaría en su totalidad. El hombre frente a mi asintió sin juzgar mi determinación, como si estuviera acostumbrado a hacer este tipo de trabajo.

El ambiente se cargó de tensión cuando el jadeo de Noah se desvaneció, dejando un silencio pesado en el aire. Observé su rostro, buscando señales de que estaba más consciente, pero solo encontré una expresión de dolor y agotamiento. No sabía cuánto aguantaría, y cada minuto me parecía una eternidad.

El médico, con su rostro impasible, se acercó a la camilla de Noah y revisó rápidamente sus signos vitales. Luego me dirigió una mirada comprensiva, pero con la seriedad de alguien que sabe lo que está en juego.

—Tienes razón en no moverlo —dijo, con voz baja—. Si lo trasladamos ahora, las probabilidades de que sobreviva se reducen considerablemente. Necesitamos mantenerlo lo más estable posible aquí.

Lo observé un momento, sintiendo cómo el peso de la decisión recaía sobre mí. No podía permitir que Noah fuera movido en ese estado, pero, ¿realmente tenía alguna otra opción?

Dark and LightDonde viven las historias. Descúbrelo ahora