El aire en la habitación se sentía diferente, más ligero y, al mismo tiempo, cargado de algo difícil de nombrar. Me acerqué a la camilla donde Noah seguía inconsciente, con su respiración estable pero débil. Acaricié su mano con cuidado, intentando transmitirle fuerzas a través de ese simple gesto.
Las horas parecían alargarse como si el tiempo se hubiera detenido. No podía imaginar lo que vendría después, ni qué sería de mí cuando Noah finalmente despertara. La incertidumbre de mi futuro pesaba más que nunca, y aunque lograra escapar de esta vida que no había elegido, sabía que no sería posible regresar a mi antiguo mundo intacta. Algo en mí había cambiado para siempre.
Mis ojos volvieron a posarse en el rostro de Noah, sereno en su inconsciencia. Estudié cada línea, cada marca, como si allí pudiera encontrar respuestas a todas mis preguntas. Pero lo único que encontré fue el recuerdo de sus manos sobre mi piel, de su tacto. Mi respiración vaciló, y un calor inexplicable me recorrió al evocar ese momento.
Desvié la mirada rápidamente, como si pudiera alejarme de esos pensamientos. Mis manos, que estaban junto a las suyas, retrocedieron con torpeza, llenas de una vergüenza que no podía justificar. Todo se sentía desordenado, como si mi vida, ya de por sí caótica, hubiera enredado aún más sus hilos desde que Noah irrumpió en ella.
Sabía que había algo que aún no entendía. Algo que él debía decirme. La verdad que parecía guardar celosamente, como si de algún modo todo girara en torno a ella.
¿Cómo podía alguien que me había arrebatado mi libertad, tratándome como un objeto intercambiable, volverse también en quien había entregado su cuerpo al mío con tanta pasión? Esa contradicción me carcomía. Era un hombre capaz de salvarme y, al mismo tiempo, arrastrarme al infierno de su propia lucha.
Nada tenía sentido. Cada vez que intentaba ordenar los eventos en mi mente, me perdía más en la confusión de lo que habíamos compartido. No era solo lo que él había hecho, sino lo que yo misma había permitido. Lo que habíamos sido juntos en esos momentos no se parecía a nada que hubiera vivido antes.
Sus razones, sus acciones, incluso su silencio... todo en Noah era un rompecabezas que parecía imposible de armar. Y ahora, aquí estaba yo, esperando respuestas que quizá nunca llegarían. Mi única certeza era que mi vida había cambiado desde que apareció en ella, y que nada volvería a ser igual.
El tenue sonido de un suspiro escapando de los labios de Noah me sacó de mis pensamientos. Mi atención se enfocó de inmediato en su rostro. Su respiración seguía estable, pero algo en la forma en que movió los párpados me hizo acercarme más.
—Creo que está despertando —dije, con la voz apenas más alta que un murmullo, girándome hacia Aidan.
Aidan, visiblemente agotado, levantó la mirada al instante. Su rostro mostraba una mezcla de alivio y tensión. Se acercó con pasos lentos pero firmes, quedándose de pie junto a mí mientras ambos observábamos a Noah, que empezaba a moverse con pequeños gestos torpes.
Un gemido bajo escapó de su garganta, seguido de un susurro que apenas lograba descifrar. Me incliné hacia él, esperando captar alguna palabra.
—Sara... —murmuró, y el sonido de mi nombre, débil pero claro, me dejó sin aliento.
Sentí a Aidan tensarse a mi lado, pero no dijo nada. Mi mano, como por instinto, se movió para tocar la de Noah nuevamente, buscando reconfortarlo.
Sus ojos se entreabrieron, vidriosos, como si le costara enfocar la vista. Su mirada vagó por la habitación hasta encontrarse con la mía, y por un instante, todo lo demás pareció desvanecerse.
—¿Estás bien? —pregunté con suavidad, casi temiendo la respuesta.
Un ligero movimiento de su cabeza fue lo único que me dio, como si no tuviera fuerzas para más. Pero cuando intentó hablar, su voz se rompió en un susurro:
—¿Aidan...?
El nombre pareció cargar el aire de una tensión que podía sentirse en los huesos. Aidan dio un paso al frente, su expresión oscura e indescifrable.
—Estoy aquí, hermano —respondió con una calma que no coincidía con la tormenta evidente en sus ojos.
Noah frunció el ceño, como si la palabra "hermano" no encajara del todo en su mente todavía. Su respiración se aceleró ligeramente, y trató de incorporarse, pero Aidan lo detuvo colocándole una mano firme en el hombro.
—No te esfuerces, necesitas descansar —le dijo con un tono que bordeaba la autoridad.
Pero Noah no parecía dispuesto a obedecer tan fácilmente. Su mirada osciló entre Aidan y yo, y por un segundo, creí ver algo que no entendí: una mezcla de confusión, determinación y... ¿miedo?
—No hay tiempo para eso... —logró decir, su voz áspera pero cargada de urgencia. Sus ojos se clavaron en los míos, como si esperara que yo entendiera lo que quería decir sin necesidad de más palabras.
Lo que sea que Noah sabía, estaba claro que no podía quedarse dentro por mucho más tiempo.
Noah movió nuevamente sus labios, pero esta vez solo salió un susurro. Me acerqué un poco más, tratando de captar sus palabras.
—Marcus... —murmuró, su voz débil.
El nombre me sonó extraño, como si tuviera un peso detrás de él que no entendía. Aidan, que estaba a mi lado, reaccionó al instante. Aunque no dijo nada, pude ver cómo sus ojos se oscurecían, y su postura se tensaba.
—¿Quién es Marcus? —pregunté, sin poder evitar la curiosidad que se me escapaba.
Aidan no me respondió inmediatamente. Miró a Noah, luego a mí, como si considerara cuidadosamente si debía decir algo. Finalmente, con un tono que dejaba claro que no estaba dispuesto a hablar de eso ahora, respondió:
—No importa ahora.
Noah, que había intentado levantarse, se recostó nuevamente, exhausto. Su respiración era irregular, y sus ojos se entreabrieron, pero no lograba enfocar bien. Parecía no tener fuerzas para seguir.
—No hay tiempo para eso... —logró decir entre jadeos, mirando a Aidan. La urgencia en su tono me hizo apretar los dientes.
Aidan, que hasta ese momento había permanecido en silencio, se acercó un poco más. La tensión en su cuerpo era evidente, pero su voz se mantenía firme.
—No podemos quedarnos aquí. Noah tiene razón, lo mejor es no confiar en la palabra de alguien que no tiene humanidad. —Aidan hablaba como si entendiera por completo lo que Noah quería transmitirnos.
—¿Quién es Marcus para que sea tan importante? —insistí, esta vez con un tono más firme, algo impaciente.
Aidan me miró un segundo antes de responder.
—Te lo explicaré luego. Ahora no es el momento. —Y sin esperar una respuesta, sacó su teléfono y comenzó a escribir algo con rapidez.
ESTÁS LEYENDO
Dark and Light
Mistério / SuspenseElla es un punto intermedio entre la luz y la oscuridad. Ellos son la perfecta combinación del bien y él mal. ¿Quieres saber que pasará en esta historia? Acompaña a Sara en su viaje lleno de incertidumbres, donde cada elección podría cambiarlo tod...
