El auto avanzaba a toda velocidad, pero el silencio dentro del vehículo era asfixiante. Podía escuchar el irregular respiro de Noah, un sonido que hacía eco de mi propio miedo. Cada tanto, mi mirada se desviaba hacia Aidan, quien mantenía su atención fija en el camino, con el rostro tenso y los nudillos blancos por la fuerza con la que sujetaba el volante.
—¿Qué está pasando realmente, Aidan? —Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba, cargada de una mezcla de rabia y confusión.
No respondió de inmediato. Solo apretó más el volante, como si estuviera buscando las palabras correctas.
—Esto... esto es parte del plan de Noah —dijo finalmente, con un tono seco.
—¿El plan de Noah? —repetí, incrédula. El aire se sentía espeso, como si las palabras no pudieran atravesarlo.
Aidan asintió brevemente, sin apartar la vista del camino.
—Él sabía que algo podía salir mal. Me dijo que esperara un tiempo prudente y, si no regresaban, debía buscarlos.
Lo miré fijamente, buscando alguna señal en su rostro, algún indicio de que estaba mintiendo. Pero lo único que encontré fue cansancio... y algo que parecía remordimiento.
—¿Y qué hay de lo que hiciste? —solté, sin poder contenerme más—. ¡Me entregaste a mi padre!
Sus manos temblaron ligeramente sobre el volante, pero no dijo nada al principio. La furia creció dentro de mí ante su silencio.
—¿Vas a decir algo, Aidan? —insistí, esta vez mi voz quebrándose—. ¿Vas a explicar por qué me traicionaste?
Finalmente, dejó escapar un suspiro largo, pesado.
—No era una traición, Sara... era la única manera.
—¿La única manera de qué? ¿De entregarme como si fuera un objeto? —Escupí las palabras, sintiendo que el dolor se mezclaba con la ira.
Aidan sacudió la cabeza, claramente frustrado.
—No lo entiendes. Si no lo hacía, él habría sospechado de todos y todo habría terminado antes de empezar. Fue una jugada arriesgada, sí, pero necesaria.
Su voz sonaba sincera, pero las emociones dentro de mí no se calmaban. Quería gritarle, exigirle que me dijera por qué debía confiar en él ahora. Pero entonces sentí la mano de Noah moverse débilmente contra la mía, atrayendo mi atención de inmediato.
—Sara... —murmuró con apenas un hilo de voz.
—Estoy aquí, Noah, no hables, por favor. —Mi rabia hacia Aidan quedó temporalmente enterrada mientras me enfocaba en Noah, quien apenas volvió a mantenerse consciente.
El auto tomó una curva brusca, sacándome de mis pensamientos. Aidan frenó de golpe frente a un edificio oscuro y apartado.
—Estamos aquí —anunció, saliendo rápidamente del auto.
El aire frío golpeó mi rostro cuando bajé del auto. Aidan ya había rodeado el vehículo y se preparaba para cargar a Noah. Lo observé en silencio mientras luchaba por sostenerlo; aunque su cuerpo parecía fuerte, sus movimientos eran torpes, como si llevaran el peso de más que solo una persona herida.
—Ayúdame —dijo Aidan, con voz cortante, sin mirarme.
Con dudas, me acerqué y tomé a Noah por el otro lado. Sentir su peso desplomado sobre mí hizo que mi corazón se encogiera. Su respiración era irregular, y la sangre había empapado gran parte de su ropa. Apenas lo reconocía en ese estado.
—¿Dónde estamos? —pregunté, con desconfianza. El edificio frente a nosotros era lúgubre, con ventanas oscuras y una puerta de metal que parecía esconder más secretos de los que revelaba.
Aidan no respondió de inmediato. Golpeó la puerta con fuerza, tres veces, como si aquel gesto ya estuviera ensayado. Mi impaciencia creció mientras esperábamos.
—Aidan, dime algo. ¿Es este otro de tus planes? —insistí, mi voz cargada de acusación.
La puerta se abrió con un chirrido, y un hombre de rostro serio apareció al otro lado. Vestía ropa sencilla, pero sus ojos estaban alerta, evaluándonos rápidamente. No preguntó nada, solo se hizo a un lado para dejarnos pasar.
—Es seguro aquí —murmuró Aidan, más para sí mismo que para mí.
Seguimos al hombre por un pasillo estrecho y oscuro. Las paredes estaban desnudas, el suelo de concreto era áspero bajo mis pasos, y el aire olía a humedad. Todo en ese lugar me daba una sensación de peligro, pero no tenía opción. Noah necesitaba ayuda, y este era el único refugio que se nos ofrecía.
Finalmente, llegamos a una habitación iluminada por una sola lámpara de techo. Había una camilla improvisada en el centro y un par de cajas metálicas que parecían contener equipo médico.
—Déjenlo aquí —ordenó el hombre, señalando la camilla.
Aidan y yo colocamos a Noah con cuidado, aunque mi mirada permanecía fija en Aidan, buscando respuestas. Pero él seguía evitando mi mirada, centrado en ayudar al hombre a revisar la herida de Noah.
—¿Qué hacemos ahora? —pregunté, cruzando los brazos para ocultar el temblor en mis manos.
Aidan se enderezó, respirando profundamente antes de finalmente girarse hacia mí. Sus ojos estaban cargados de algo que no podía descifrar del todo: cansancio, remordimiento, tal vez algo de miedo.
—Ahora... esperamos.
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Dark and Light
Mystery / ThrillerElla es un punto intermedio entre la luz y la oscuridad. Ellos son la perfecta combinación del bien y él mal. ¿Quieres saber que pasará en esta historia? Acompaña a Sara en su viaje lleno de incertidumbres, donde cada elección podría cambiarlo tod...
