Mis piernas temblaban, pero mi mente estaba abrumada por la confusión. Sentí que algo se rompía dentro de mí. Ya no podía confiar en nadie.
El hombre, quien ahora se hacía llamar mi padre, avanzó hasta la puerta, mirando cómo me arrastraban. Su expresión no era de preocupación, sino de satisfacción.
—Buen trabajo, —dijo sin mirarme directamente, sino a Aidan—. Ahora todo está bajo control.
Aidan no respondió, y mi padre pareció satisfecho con su silencio. Me empujaron hacia el centro de la sala, donde mi "padre" finalmente me miró. Sus ojos no mostraban ni una pizca de remordimiento.
—¡¿A dónde me llevas?! —exigí, mi voz temblorosa, pero llena de frustración.
Él no me miró, simplemente hizo un gesto hacia la puerta.
—No hace falta que lo sepas ahora, —respondió fríamente.
Aidan aún seguía allí, quieto, como si estuviera atrapado en su propio silencio. No se atrevió a mirarme a los ojos. Mi padre, viéndome luchando contra los hombres que me sujetaban, habló sin girarse hacia mí.
—Llévenla al auto. No perdamos tiempo.
Mis pensamientos volaron a mi madre, aunque ni siquiera sabía si estaba viva. Todo esto era tan surrealista, pero la realidad me golpeaba con fuerza: nada en mi vida había sido fácil, pero esto... esto era peor que cualquier pesadilla que hubiera imaginado.
Me arrastraron fuera de la casa, pero antes de que pudiera hacer nada, mi mente giró una y otra vez. ¿Y si mi madre está viva? ¿Acaso ella está de acuerdo con todo esto?
Pero no había tiempo para más preguntas. La puerta se cerró tras de mí, y sentí que la oscuridad me tragaba.
Narra Aidan
Recuerdo perfectamente el día que decidí irme. No era fácil tomar esa decisión, pero sabía que no había vuelta atrás. Noah me miró, como siempre, con esa calma distante que tanto lo definía. No como yo, que no podía callar la tormenta en mi interior. Estábamos frente a la misma encrucijada: seguir en este camino, convertido en lo que nuestro padre quería que fuéramos, o escapar y construir algo diferente.
Mi padre siempre me había despreciado. Creía que era débil, que no tenía lo que se necesitaba para ser como Noah, alguien sin miedo, sin moral. Pero yo no podía ser como él. No podía soportar ver cómo se deshacía de vidas con tanta facilidad. Noah nunca mostró ni una pizca de compasión. No le importaba. Él lo hacía todo como si no tuviera conciencia de lo que era la vida de otra persona. Yo, por el contrario, no soportaba esa indiferencia. Era blando, sí, pero no me arrepiento de serlo. Era mi forma de resistir.
Y entonces, llegó el momento en que Noah cortó los lazos. Lo recuerdo claramente. Fue como una puerta que se cerraba, como si nos hubiera dado una última oportunidad de elegir. Elegí irme. Elegí olvidarlo todo: a mi familia, a mi hermano. No podía quedarme en ese infierno. No quería ser como ellos.
Pero el destino es un hijo de puta, porque aunque traté de escapar, nunca pude. En el camino, me encontré con personas que me obligaron a hacer cosas de las que no estaba orgulloso. Pero no tenía elección. No podía arriesgarme a poner en peligro a los demás, a involucrar a personas que no merecían mi oscuridad. Nef siempre estuvo ahí, en las sombras, ayudándome cuando las cosas se complicaban. Pero la culpa nunca me dejó.
Finalmente, decidí regresar. Volver a encontrar a mi hermano, aunque no sabía si aún quedaba algo de él que conociera. Había algo que necesitaba decirle. Y entonces, el padre de Sara apareció en mi vida. Me dio lo que necesitaba: respuestas. Me habló de Noah, de lo que había sucedido, y me ofreció un trato: encontrar a su hija, traerla de vuelta. No me importaron sus intenciones, porque estaba tan cegado por mi propia necesidad de encontrar a Noah, que acepté sin pensarlo.
Lo que no había anticipado era a Sara. Ella apareció como un ángel perdido, vulnerable, herida. En ese momento, el propósito que tenía de entregarla cambió. Vi en ella algo que no esperaba, algo que no sabía cómo manejar. Quise protegerla, aunque no entendiera por qué. Ella me hizo olvidar por un instante quién era, por un instante me hizo dudar de mi misión.
Cuando supe su nombre, cuando supe que era la hija de ese hombre, todo cambió. Me di cuenta de que, sin saberlo, mi vida había estado conectada con la suya. El destino, una vez más, me jugaba su sucio truco. La oportunidad de entregarla, de cumplir con el trato, estuvo frente a mí, pero no pude. No pude hacerlo. Mi mente me decía que debía seguir con lo que había comenzado, pero mi corazón, aunque lo odiara, me decía que no.
ESTÁS LEYENDO
Dark and Light
Misterio / SuspensoElla es un punto intermedio entre la luz y la oscuridad. Ellos son la perfecta combinación del bien y él mal. ¿Quieres saber que pasará en esta historia? Acompaña a Sara en su viaje lleno de incertidumbres, donde cada elección podría cambiarlo tod...
