V. 1. Leonium y sangre

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El viernes empieza de una manera poco vistosa. Kubrick propone que descansemos unas horas. Está seguro de que va a haber una batalla final y tiene que encontrarnos listos. Para contar con alguna posibilidad de éxito, hace falta dedicarnos algo de tiempo a nosotros mismos. Alimentarnos, si es posible dormir, intercambiar información, dice.

Están sucediendo cosas que no entendemos. Quizá algunos conocemos los motivos de algunas, otros conocen los de otras, y si empezamos a poner en común lo que sabemos quizá generemos un hilo que nos sirva de faro en el laberinto. A él, Kubrick, para empezar le gustaría pedirle a Ms. Roca que le cuente lo que sabe sobre Jairo.

Roca se ríe. Yo nunca la vi coquetear en mi escuela, aunque la haya conocido por años, pero con Kubrick está coqueteando.

–Dijiste algo de alimentarnos y ponernos cómodos –dice ella–. Yo voto por eso y después les cuento.

–Es urgente –dice papá, que por una vez parece estar de acuerdo con Kubrick.

–Es verdad que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento –dice Ms. Roca–. Puede desaparecer la antigua provincia federal de La Pampa en un minuto. Pero mientras no tengamos al menos la punta de un ovillo es de gusto moverse. Solo un tonto se apura a moverse hasta no ver las líneas generales de lo que necesita hacer. Mejor comer algo, tomar unos traguitos, descansar. Y después ver.

La Negra Margarita, que estuvo parlamentando en el campamento inglés, ya está volviendo. Consiguió que nos habilitaran una tienda de campaña de dimensiones considerables y algunas provisiones básicas. Ahí me doy cuenta de que ella es la única capaz de lograr cosas, por modestas que sean.

Vamos con ella y nos instalamos.

Todo me parece más sospechoso que nunca.

***

En el medio de la tienda, en realidad una simple carpa de lona espesa, hay una estufa de kerosén. Hace frío y nos sentamos alrededor. Somos seis personas. Las nombro por orden de importancia en la misión que se viene: Margarita, Kubrick, yo, Ms. Roca, Jaimie y papá. Dudo un poco sobre la posición relativa de Jaimie y papá, me parece que no pinchan ni cortan, pero pienso que es más justo ponerlo último a Wayne. Está más alicaído que de costumbre. Su energía se le filtra como si tuviera un hueco la cantimplora. Me acerco, le controlo la herida del hombro. Alguien, un paramédico, ya se la estuvo sanando. La cosió y desinfectó. La herida no parece una amenaza inminente, pero perder sangre, junto con el dolor y demás, le roba el ánimo a cualquiera, no solamente a papá. Margarita toma la palabra.

–La situación es complicada. También es confusa. Los hechos puros y duros son pocos. Los tres Sectores se desconfían entre sí más que nunca, pero simulan trabajar juntos. Externamente, es verdad que trabajan juntos, pero están listos para recalcular en cualquier momento. En particular, británicos y norteamericanos parecen convencidos de que los chinos traman algo, y eso que traman sería algún tipo de alianza con el gobierno anarquista, creo que ese nombre le daban, el gobierno anarquista de los Troy.

–¿Los reconocen como un gobierno autónomo?

–Los soldados que andan por acá sí. Ellos seguro. Bien. Los militares chinos presentes aquí son leales al gobierno de Pekín. Al parecer, ellos no complotan con los Troy, ni Pekín tampoco, sino un grupo de chinos alzados. Pero nadie está seguro y de todos modos hay mucha reserva. Ninguna de las potencias, ni el gobierno de la Federación en Santa Fe, tienen un plan de acción definido.

–No entiendo cómo no los aplastan con un ataque aéreo coordinado –dice Kubrick.

–No pueden. Los Troy tienen de rehén a todo el Territorio. Pueden hacer desaparecer todo.

–¿Tienen operativa su bomba atómica?

–No es una bomba atómica.

Yo me muerdo los labios.

–No entiendo. ¿De qué les servía la mina de uranio y las instalaciones para enriquecerlo si no querían armar una bomba?

–Las instalaciones no eran para enriquecer uranio. Eso nunca estuvo en sus planes. Sintentizaron un elemento superpesado, ese es el rumor. Un elemento que tiene como 150 protones en el núcleo.

–Eso es imposible –dice Kubrick–. Sería muy, muy inestable.

–Bueno, este no es inestable. Tiene una vida media bastante larga, eso escuché, de varias semanas al menos. Le pusieron un nombre que no se ajusta a los protocolos para denominar a los nuevos elementos. "Leonium" le pusieron, los idiotas, porque es el rey de los elementos.

–Es imposible, físicamente –insiste Kubrick–. Suena a brujería.

–No importa a qué suena y tampoco hace falta que entendamos detalles –dice Margarita–. Antay acá presente tiene alucinaciones materiales y eso no te quita el sueño, pero alguien menciona el leonium y ponés el grito en el cielo. Hay algo mucho más, a ver, voy a decir inquietante, sobre lo que entraré luego, y es que necesitaban la sangre de Rozas, y la tuvieron, pero también necesitaban la sangre de Antay. No lograron encontrarlo a tiempo pero puede ser que la sangre de algún otro miembro de la familia les sirva.

–Conmigo no contaron –dice papá.

Pero yo entiendo adónde apunta Margarita.

–Jairo. No puede ser –empiezo yo.

–No tenemos ningún dato concreto, pero parece probable. Lo que sí es seguro es que la mina de uranio, aunque realmente exista, no juega ningún papel en esta insurrección. En este levantamiento. Todo lo que los terroristas precisaban, además del Gauchito Gil, lo encontraron en ese laboratorio que sintetizó los isótopos.

–No se llaman isótopos. Los isótopos tienen el mismo número de protones pero un número variable de neutrones. El carbono 14...

–Da igual –lo corta Margarita–, sintetizaron algo.

Ya veo que Kubrick quiere usar el carbono 14 para calcularle la edad a la Negra Margarita, que debe tener como trescientos años. Pero no, al parecer solo quiere dar un ejemplo de lo que sería un isótopo.

–Un elemento superpesado, eso sintetizaron, nos dijiste –sigue Kubrick–. Pero con eso no pueden hacer ninguna bomba. Los transactínidos...

–Eso no tiene por qué interesarnos –dice Margarita–. Que lo usen para una bomba o como arma de otro tipo. El único punto de interés para nosotros, Kubrick, que somos gente de a pie, es evitar que el Territorio desaparezca, aunque desde otro punto de vista sería hermoso verlo desaparecer.

Se queda soñando con los ojos abiertos. Yo la entiendo. Está fantaseando con un mundo donde no haga falta la existencia de un lugar como este. En lo lindo que sería un mundo así. Pero su sueño dura poco, porque la realidad inmediata pronto empieza a pesar mucho más.

El TerritorioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora