V. 3. Un jugador adicto

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–Claro –le respondo yo a papá, al que ya no puedo tenerle paciencia–, hacés bien en ponerte nervioso. Antes vos al menos podías fantasear con volver a la Tóxica y llevarle a Jairo un corazón. Podías hacer algo lindo y estar orgulloso de vos. Ahora en cambio tendrías que entrar a un edificio bien custodiado, que ni las potencias pueden atacar por el riesgo muy concreto de que los Troy respondan con un, ¿cómo le decían?, un elemento superpesado. Eso pone nervioso a cualquiera.

–Hijita –me dice.

–Hijito –lo corrijo.

–Sí, hijito. Ojalá hubiera podido volver a la Tóxica cuando era tiempo. Creeme que era lo que más quería en el mundo. Pero no pude. Cuando conseguí lo que hacía falta, ahí sí quise volver.

Seguro es verdad. Papá nunca en la vida hizo las cosas a tiempo y después se lamentó de que ya no podía hacerlas por mucha voluntad que les pusiera. No me consuela mucho. Por suerte Margarita interviene:

–Solamente quiero decir que la muerte es la contracara de la vida, que están imbricadas una en otra, pero veo que a nadie le importa, así que cambio de tema. Paso a lo urgente, no se preocupen más. Lo que necesitamos es un lanzacohetes. Es así de sencillo. Eso y un poco de suerte. Conseguimos un GTGM y lo usamos como emisor de signos.

Hay un silencio por varios segundos. Si esta era la idea para relajarse antes de la tormenta, creo que está fallando. ¿Un lanzacohetes, un GTGM? Me parece una película de cowboys.

Jaimie parece distraído con sus uñas, que mordisquea sin parar. Al final levanta la cara y dice:

–Se me ocurre cómo conseguir un arma de esas.

Es su modo de ofrecer la paz, me parece.

***

En el ejército británico, según Jaimie, hay un jugador adicto. Dice el nombre y el grado en vos alta. Él ya lo conocía de su época en Vicio y lo vio por acá. Alcanza con tantearlo un poco, pero está seguro de que ese hombre, frente a mazo de cartas adecuado, va a terminar entregando hasta lo que no tiene. Solo hace falta encontrar jugadores a su nivel. Es un tipo experimentado al que va a resultar imposible hacerle trampa. Kubrick se ofrece a ir y Margarita no alcanza a frenarlo, aunque se ve que es lo que le gustaría. Frenar a Kubrick. No es una mujer a la que le guste delegar.

***

Pronto Kubrick vuelve y dice que el hombre está disponible para jugar a los naipes. Papá le pregunta si juega al póker

–Juega al póker, claro que juega –dice Kubrick.

–¿Y vas a jugar vos? –pregunta.

–Prefiero que no –dice Kubrick.

Parece que se pusieron de acuerdo.

–Papá, vos tampoco podés ir. Acordate que vos tenés, eh, problemas con el juego también.

Papá me descarta con un gesto de manos, dice que ese problema es cosa del pasado y que ahora hace falta un jugador experto y que el único disponible es él. ¿O hay otro?

Nadie dice que haya otro. Todos sabemos que no lo hay. Margarita lo observa con curiosidad y papá sigue.

Él necesita algo que apostar, eso dice, no puede ir a jugar con las manos vacías. Mira fijo a Margarita. Ella sacude la cabeza y alza los hombros. Mira al suelo. Ella no tiene capital, dice.

–Los demás no tendremos capital, Margarita –dice Kubrick–. Miranos bien y danos vuelta. Vas a ver que no cae una moneda.

–Somos gente sin recursos –dice Jaimie.

–Bueno, yo también –se empaca Margarita.

–Apostemos una de tus arañas –dice papá.

–De ninguna manera –dice Margarita–. Prefiero robar el GTGM antes que arriesgar a una de las chicas como si fuera una cosa.

–Dale, no seas loca. ¿Cómo le vamos a robar sus armas a un ejército? Es imposible lo que estás diciendo. Rebobinemos un poco. ¿Necesitamos el GTGM o no?

–Lo necesitamos, pero yo no voy a poner en juego a una de mis arañas. Son como hijas para mí, de ninguna manera.

***

Jaimie observa a papá primero con nervios, luego con angustia, por último con rabia. Yo me acerco a Jaimie y le pregunto si está bien.

–No me gusta lo que hace ese hombre –dice, pero por el odio contenido me doy cuenta de que tiene que haber algo más.

Mucho más.

–Ese hombre es mi papá, no hables así de él –me pongo a la defensiva.

–No está bien defender a la familia cuando hace algo mal. Te lo digo bien, Antay. Si tu papá hace las cosas mal, aunque sea tu papá vos tenés que ir y frenarlo. Es tu responsabilidad y tu obligación, no defender a cualquier criminal.

–¿Criminal dijiste?

–Sí.

No voy a discutir con Jaimie, pero trato de calmarlo. Quizá tenga sus motivos o algún viejo trauma lo hace comportarse así. Mejor si nos salvamos de que explote. Me acerco a papá, lo tomo del brazo y le pido que salgamos por un minuto.

La tienda tiene dos metros y medio de altura. La puerta está entornada. Papá y yo estamos por salir pero pronto se adelanta Kubrick. Me pide que entre junto con los demás, que lo deje salir solo con papá, que va a ser mejor para el grupo. Yo le digo que bueno y vuelvo a entrar.

Unos minutos más tarde me voy a enterar, junto con Margarita, de que Kubrick y papá robaron una araña, la apostaron como propia en la mesa de juego, y la perdieron.

El TerritorioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora