Capítulo doce

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Ya era miércoles. Había faltado el día anterior y ese a la escuela porque me había resfriado y me sentía fatal, con mis ojos llorosos y mi nariz que no paraba de escurrir.

Escuché que alguien tocaba la puerta, pero no quería levantarme del sofá ya que apenas había logrado encontrar una buena posición.

― ¡Josh, soy yo! ―gritó alguien desde el otro lado de la puerta.

― ¿Quién es yo? ―pregunté desde el sofá, aunque era obvio que era Brendon, podría reconocer esa voz en cualquier lugar.

― Tu sensual y mejor amigo Brendon, ¿quién más?

― Ah, no estoy.

― Traigo comida ―canturreo.

Me levanté como pude para abrir la puerta y tan pronto como lo hice, él metió un puñado de papas a mi boca.

― ¡Joshie, tengo maravillosas noticias! ―entró dando saltos mientras sostenía la bolsa de alimentos sobre su cabeza.

― Si traes comida deben de serlo ―dije masticando.

― ¡Dallon y yo ya somos novios!

Me pasé las papas tan rápido que comencé a toser hasta que me dio de su refresco.

― ¿Cómo pasó?

― Pues, ¿recuerdas que te dije que me invitó a salir? ―asentí varias veces―. Fuimos a la feria y nos divertimos muchísimo. Le dije que me gustaba, pero que sentía que estábamos estancados y que tenía que decirme si en verdad quería avanzar o si eso era todo, ¡entonces me besó!

― ¡Al fin! ―ambos reímos― Me alegro mucho por ustedes, ahora podrán besarse frente a Pete para irritarlo.

― Lo hicimos ayer al salir de la escuela, debiste ver su cara ―reímos de nuevo y fuimos al sofá―. Por cierto, ¿qué no deberías estar en la escuela?

― ¿Qué no deberías de estarlo tú?

― Touché ―dijo mientras encendía mi laptop y buscaba algo en Netflix.

― No, es que estoy enfermo. Me sorprende que todavía no me hayas dicho...

― Ah, con razón te vez tan asqueroso.

― Olvídalo.

Pasamos la tarde viendo películas terror y comiendo pizza hasta que nos quedamos dormidos, yo recostado sobre el sofá y Brendon sentado en la alfombra recargando su cabeza en mi.

Desperté al escuchar la puerta. No tenía idea de qué hora era, pero ya había oscurecido. Volvieron a tocar y me levanté con cuidado de no despertar a Brendon.

― Hola chicos ―saludé a Dallon y Pete al abrir. Ambos me saludaron de vuelta y pasamos a la sala donde encendí la luz.

― Con que aquí se había metido todo el día ―dijo Dallon sentándose junto a Brendon.

― Sí, llegó desde la mañana ―respondí sentándome en el sofá pequeño― ¿Qué es eso? ―pregunté señalando la carpeta amarilla que Pete traía en la mano.

Él y Dallon se miraron entre si y luego a mi.

― El día que fuimos a hablar con el oficial Schmidt sobre el cuerpo que habían encontrado, ¿recuerdas que les conté que creí que ya había visto a esa chica antes? ―preguntó Dallon y asentí― Era cierto, la había visto antes en unos expedientes en la oficina de mi papá.

― El papá de Dallon es policía, ayudaba a investigar el caso de la chica cuando fue reportada como desaparecida ―explicó Pete entregándome la carpeta.

― ¿Tú papá es policía? ―pregunté sorprendido.

― Sí, siento no haberles dicho antes ―contestó―. Él me había pedido no involucrarme en esto por mi seguridad y cuando desapareció Tyler, creo que se alteró más porque era un chico de nuestra escuela, así que ahora no lleva nada de su trabajo a casa. Pero pude encontrar este expediente entre sus cosas y le saque copias para traerlas, tal vez nos pueda ayudar en algo.

Al abrir la carpeta lo primer que encontré fue una hoja con los datos personales de la chica: estatura, peso y tipo de sangre. Luego sus notas escolares, algunos expedientes médicos y por último su fotografía.

Era delgada de piel blanca, su cabello rubio y lacio estaba siendo sostenido por un lazo, tenía unos ojos color miel y pequeñas pecas adornaban su fina nariz. Era preciosa y sólo tenía 13 años.

Por primera vez imaginé el dolor que deberían de estar sintiendo sus padres y los comprendí perfectamente, porque era el mismo desgarrador dolor que sentía yo al recordar a Tyler. La clase de dolor que te hace sentir como si el aire se escapara de tus pulmones para no regresar, que pone a latir a tu corazón tan rápido y tan fuerte que piensas que en cualquier momento estallará. La clase de dolor que te hace llorar cada día y noche mientras te preguntas si vale la pena seguir.

― Josh, ¿estás bien? ―Pete puso una mano sobre mi hombro haciéndome reaccionar.

― Sí, yo... ―cerré la carpeta dejándola en la mesita del centro― sí, perdón. ¿Qué hora es?

― Las 8:30, ¿quieres que nos vayamos para que puedas descansar?

― No, ya dormí toda la tarde. Creo que deberíamos despertarlo ―dije mirando a Brendon.

Dallon acarició su cabello suavemente moviéndolo un poco, pero Brendon seguía dormido.

― Pff, permíteme ―Pete le arrojó un cojín a la cabeza y logrando que despertará alterado.

― ¿Qué? ¿Qué? ―talló sus ojos y luego se tranquilizó al vernos riendo― Idiotas, estaba teniendo un buen sueño.

― ¿Yo estaba en el? ―preguntó Dallon y Brendon le sonrió.

― Sólo tú y yo estábamos en el, bueno, y una linda habitación con una cama muy cómoda.

― Ew, no quiero imaginarme eso ―dijo Pete caminando a la cocina y yo lo seguí, riendo. No me incomodaba verlos juntos, pero tampoco quería presenciar un acto sexual en vivo.

Al llegar nos servimos algo de jugo y salimos al patio.

― Sabes que eso pasará tarde o temprano y tal vez quieran contarnos, ¿no? ―lo miré sentarse en los pequeños escalones de la entrada.

― Sí, pero no es como que quiera tener en mi mente la imagen de mis mejores amigos teniendo sexo como conejos.

― No, yo tampoco.

Nos quedamos unos minutos en silencio viendo las estrellas.

― Yo, hmm... hablé con Gerard ―confesé y él me miro con los ojos bien abiertos―. Nos sentamos juntos en la cafetería el lunes, pero tranquilo, no estaban Ryan ni Brendon cerca, ni tampoco le he contado a Bee.

― ¿Qué pasó?

― Bueno, sólo estuvimos conversando un poco y me dijo que había hablado con Tyler un par de veces. Le conté sobre mis extraños sueños y me ofreció su ayuda, a todos nosotros, pero antes quería hablar con ustedes.

― No lo sé, Josh. Ahora Brendon se ve muy feliz y no quiero que vuelva a lo de antes. Sabes cuánto nos costó hacer que saliera de su habitación de nuevo después de... ―dejó la frase a medias, pero yo asentí comprendiendo.

― Sí, yo tampoco quiero ―suspiré limpiando mi nariz―. ¿Pero qué tal si sólo es Gerard?

― Ryan se va a enterar tarde o temprano. Lo mejor será que no involucremos a más personas en esto, ¿de acuerdo? ―me miró a los ojos poniéndose de pie y yo asentí.

― Sí, tienes razón ―dije nervioso y luego desvíe la mirada―. Mejor volvemos adentro con los tortolos.

― Josh ―me detuvo tomándome del hombro―, hablo en serio.

― Lo sé ―me soltó y seguí caminando.

¿Cómo le haría para ver a Gerard a escondidas?

Slowtown | JoshlerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora