Mi respiración se complicó, un brazo me rodeaba con fuerza oprimiendo mi pecho y una mano cubría mi boca y parte de mi nariz. La persona me arrastró con fuerza hasta otro pasillo y me apoyó en la pared, luego me iluminó el rostro con una linterna, cegandome por un momento.
― Vienen por ti, tenemos que sacarte de aquí ―dijo la persona. Una voz masculina y madura, casi familiar. No tuve oportunidad de verlo porque ya había apagado la luz de nuevo.
Tenía miedo de creerle, no quería hacerlo, debía ser otra trampa, debía ser más inteligente.
Lo dejé llevarme a través de la oscuridad sin titubear ni hacer ruido. De todas maneras, ¿qué otra opción tenía? Tal vez me conducía a mi muerte, aunque si me resistía, igual él mismo me mataría.
En varias ocasiones estuve a punto de desfallecer, pero el hombre me mantenía de pie y me hacía continuar. De repente me obligó a correr y no comprendí porqué, hasta que escuché más pasos además de los nuestros.
No sabía a donde moverme o que hacer, nos encontrábamos en un pasillo sin otra salida, sólo nos quedaba seguir adelante o volver. Encendió la linterna otra vez y no pude creer lo que vi frente a nosotros. Ahí estaba la puerta de metal, abierta y completamente disponible, pero la mayor sorpresa fue que al darme la vuelta descubrí que quien me había llevado hasta ahí era el doctor.
― Sal de aquí, corre y no regreses nunca ―me dijo.
― ¿Dónde están los chicos? ¿Qué está pasando? ¿Qué quieren? ―pregunté con impaciencia.
De pronto, un disparo.
Tomé al doctor y arrastré su cuerpo del otro lado, sintiendo las balas casi rozar mi cabeza. Las tres personas se acercaban con velocidad mientras yo intentaba cerrar la puerta. Le pedí ayuda a Dios con todas mis fuerzas, nunca había sido el más religioso, pero era mi última alternativa: tener fe.
Entonces, justo cuando estaban por llegar, lo logré.
Solté un suspiró de alivio, sintiendo como casi mi alma se escapaba con el, pero aún no terminaba. Me arrodille frente al doctor y descubrí su pecho, el cual estaba lleno de sangre. La bala le había dado en el costado izquierdo, debajo de su corazón.
― V-va a estar bien.
― No trates de engañar a un doctor ―sonrió y luego hizo una mueca de dolor.
― Tenemos que salir ―dije con lágrimas en los ojos.
― Vete, abrirán en cualquier momento ―sacó unas llaves y la tarjeta de su bolsillo. Yo las tomé―. Encuentra a Hayley y no regresen.
La sangre llegó hasta el suelo, manchando mis piernas. Sus ojos estaban perdiendo el brillo y mis manos no dejaban de temblar debido a la impresión y el miedo.
― Él ―dijo.
― ¿Él? ―repetí― ¿Quién?
Empezó a toser mientras la sangre corría por su boca, manchando sus labios y dientes. Los golpes en la puerta no paraban, una alarma proveniente de arriba sonaba de una manera tortuosa y el vómito amenazaba con salir de mi garganta.
― Corre, ―me miró a los ojos lleno de miedo― él quiere salir.
Encajó sus uñas en mi piel soltando un alarido de dolor.
De pronto, sus ojos se volvieron hacía atrás poniéndose blancos, quedando inconsciente por un instante.
― ¿D-doctor?
Creí que lo había perdido, pero volvió a reaccionar tomándome por sorpresa cuando colocó sus manos al rededor de mi cuello, apretando con fuerza.
― Es muy inteligente, no te dejes engañar. Su mente es retorcida, viene de la oscuridad. Le gusta jugar, si te descuidas te tomará y no habrá vuelta atrás.
Terminó de recitar y me solté de de su agarre, retrocediendo asustado. Su carcajada escuchó por todo el lugar mientras me observaba, y poco a poco volvió a poner sus ojos en blanco, está vez, para no regresar.
Había muerto.
Me puse de pie con las piernas temblando y lo miré por última vez antes de salir corriendo escaleras arriba.
El vómito salió de manera involuntaria, manchando mis pies. La sensación de sus manos se había quedado en mi piel y sus palabras en mi mente. Esa fue la escena más aterradora que había experimentado en toda mi vida.
¿A qué se refería?
En el primer piso las luces seguían apagadas y la alarma había dejado de escucharse, probablemente me estarían esperando. Di el primer paso, luego el segundo y el tercero, al parecer no había nadie. ¿Sería una emboscada?
Unos hombres me estaban esperando en la recepción, bloqueando la salida. Regresé por el mismo pasillo, nervioso. ¿Dónde estaba Hayley? Esperaba que hubiera escapado y estuviera bien.
Mientras buscaba otra salida, una capa de humo cubrió mi visión. Vi como iba expandiéndose poco a poco llenando los corredores y a lo lejos una enfermera pasó sin percatarse de mi presencia. El humo la envolvió y en cuestión de segundos ella cayó al suelo tosiendo de manera exagerada.
Era gas lacrimógeno.
Rápidamente corrí por el sentido contrario, pero el gas ya se había logrado esparcir por todo el lugar. Aguanté la respiración e intenté abrir una ventana, fallando. Tenía que hacer algo rápido, entonces vi las pequeñas regaderas sobre mi y corrí hacia un consultorio. Podría ser que no tuvieran un encendedor o cerillos, pero un corto circuito con la computadora fue suficiente para provocar un incendio y que las regaderas se abrieran consumiendo el gas.
Al mirar hacia la ventana, un destello rojo y otro azul tomaron posesión del lugar. En seguida se escucharon disparos y gritos desde todas direcciones y, a lo lejos, el sonido de una sirena.
El agua de las regaderas había empapado mi cuerpo llevándose la sangre y los fluidos corporales consigo. De entre las finas gotas apareció el oficial Schmidt y me tomó del brazo para ayudarme. "Tranquilo, ya estás a salvo", lo escuché decir. Creí que estaba delirando.
Mientras me iba conduciendo logré ver bajo mis pies cuerpos vestidos de blanco sin movimiento y otros más en agonía. De entre ellos fui capaz de reconocer el de la psicóloga, quien me miró fijamente dejando salir una especie de espuma blanquecina de su boca, sonriendo. Ella me sonreía con malicia aún en el lecho de su muerte.
Sentí una brisa helada golpear mi piel y me di cuenta de que estaba afuera.
Una decena de patrullas y oficiales se encontraban en el lugar, ellos me habían sacado y ahora estaban por todo el perímetro. Tres paramédicos me transportaron en una camilla para subirme a la ambulancia, poniéndome una mascarilla de oxígeno.
Mi visión se tornó borrosa, lo último que observé fueron unas siluetas corriendo hacia mi.
Y todo se volvió negro.
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Slowtown | Joshler
FanfictionJosh hará lo que sea necesario para encontrar a Tyler. "Hey, hey, wouldn't it be great, great, if we could just lay down and wake up in Slowtown" Esta historia comenzó como algo mío y ustedes lo hicieron nuestro, y así será siempre.
