Capítulo sesenta y ocho

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Me dirigía a dejar mis libros en mi casillero después de haber terminado la hora de tutoría con Halsey. La escuela estaba ya casi vacía, sólo quedaban los chicos de los clubes deportivos y uno que otro estudiante merodeando por el campus, además de mi.

Vi a Ashton salir del gimnasio y lo escuché hablar, pero no creí que fuese a mi, hasta que lo tuve en frente. Vestía su uniforme del equipo de baloncesto, aunque no parecía que hubiese estado practicado.

― Hola, Dun ―me saludó.

― No quiero problemas ―dije tratando de evitarlo.

― No vine a pelear contigo. Tengo que decirte algo, pero no aquí ―miró hacia todas direcciones―. ¿Podemos ir a otro lugar?

― No, debo irme ―comencé a caminar y él volvió a interponerse.

― Está bien, será aquí, sólo escucha. Lamento lo que sucedió la otra vez.

― ¿Qué cosa? ¿Cuándo hiciste de Tyler un hazmerreír en el salón o cuando dijiste tus estupideces y luego me mandaste al hospital? ―pregunté molesto.

Ashton fruncio el entrecejo, sabía que era poco tolerante y en cualquier momento lo haría perder los estribos, pero que me importaba. Yo también tenía mucho que decir.

― Ambas ―respondió―. De verdad, estuvo mal y te debo una disculpa por ello.

― Discúlpate con Tyler.

― ¿Qué demonios te pasa? Estoy intentando hacer las pases contigo, idiota.

― ¿Y por qué lo haces? ¿Por qué después de todo este tiempo vienes a pedir mi perdón? ¿De verdad te arrepientes o sólo quieres limpiar un poco tu consciencia?

Él estaba al borde del extremo, podía sentirlo. Una parte de mi me decía que lo dejara pasar, que fuese más inteligente, pero la otra, ese pequeño rincón de mi mente que me recordaba sus palabras hirientes y comentarios despectivos, me gritaba que lo acabara.

― Eres un imbécil, Joshua.

― ¿Por qué dijiste todo eso sobre Tyler? ¡Él está desaparecido y nisiquiera te importa! ―empecé a gritar― ¿Querías hacerte el gracioso? Pues no fue divertido.

― Baja la voz, maldición.

― A la mierda todos y tú también ―abrió grande los ojos―. ¿No eres tan valiente sin tus amigos, cierto?

Y eso fue todo. Ashton me tomó de la camisa con fuerza y me metió al baño, donde no había nadie más que nosotros dos, para golpearme. No supe de donde saqué las fuerzas para hacer lo que hice a continuación, pero un segundo después ya le había devuelto un puñetazo justo en la mejilla izquierda.

― ¿Por qué me odias? ―quise saber.

― No lo hago ―contestó sin detener su forcejeo.

― ¿Y qué es?

De todas las posibles respuestas que hubiese podido obtener, esa fue sin duda la más inesperada.

Me besó.

Sus labios se presionaron contra los míos en un brusco y descuidado movimiento, mientras mantenía mi cuerpo acorralado entre el lavabo y él.

Mis ojos se cerraron por inercia, podía sentir su piel ligeramente sudorosa sobre la mia y sus manos apretando mi camisa en busca de más proximidad. Sus labios ásperos se mezclaban con el sabor metálico de la sangre que salía de los míos, una sensación extraña que logró evocar un vago recuerdo de desconocida procedencia.

Nos separamos y ambos nos miramos el uno al otro, completamente impresionados y sin aliento. Comprendí entonces, por su mirada perdida y manos temblorosas, que no había sido planeado.

Slowtown | JoshlerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora