Capítulo veintitres

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Salí al descanso un poco antes de lo usual y me senté a esperar a Tyler bajo nuestro árbol, pero no llegó, ni logré verlo durante todo el día por los pasillos. Al día siguiente tampoco lo encontré y supuse que no había asistido por una buena razón, como que estaba enfermo, porque él nunca faltaba.

Pasaban los días y cada segundo de cada minuto se me hacía tan lento y ordinario, uno más aburrido que el anterior. Dicen que uno nunca se da cuenta realmente de lo mucho que una persona significa en su vida hasta que le hace falta. Era cierto, pero yo nunca había dado por sentado a nadie y esperaba que nadie lo hiciera conmigo.

Así llegó el viernes sin Tyler. Decidí no esperar más e ir a buscarlo a su edificio, era la única manera de estar en contacto con él ya que no tenía celular ni teléfono fijo. Por suerte hoy no hacía tanto frío y no había llovido en días, así que pude ir caminando sin dificultad.

Por el camino se me ocurrió comprar algo para él y para su madre, no podía llegar con las manos vacías si iba a conocer a su familia, tenía que dar una buena primera impresión.

Llegué al departamento que la señora de recepción me indicó y toque la puerta después de arreglar un poco mi ropa y cabello. Escuché una voz femenina y al paso de unos segundos la puerta se abrió mostrándome a una señora alta, rubia y delgada, aunque se veía bastante joven a decir verdad. Probablemente me había equivocado de departamento.

― Hola, disculpe, ¿es usted la señora Joseph?

― Depende, ¿quién pregunta? ―me respondió a la vez que daba una calada a su cigarrillo.

― Oh, soy Josh. Me dijeron que podía encontrarla aquí.

Su semblante se suavizó notoriamente mostrándome una sonrisa que no supe cómo interpretar. Me indicó que entrara y al hacerlo ella cerró la puerta tras nosotros.

Era un departamento pequeño, contaba con una sala a la izquierda, cocina a la derecha y frente a mi había un pasillo que supuse dirigía a las habitaciones. Todo era color café en diferentes tonalidades y contaban con pocos muebles. Se sentía vacio. No quise observar de más para no verme maleducado.

Me llevó a la sala y me dejó sentarme en el sofá pequeño mientras ella recogía unos papeles y botellas de la mesita del centro.

― Lo siento cariño, de haber sabido que tendría visitas hubiese ordenado mejor. ¿Te ofrezco algo de beber?

― Descuide ―le sonreí amable, aunque la verdad me estaba poniendo incómodo. Cada vez que se inclinaba para tomar algo dejaba expuesta la parte superior de sus pechos, no es que yo quisiera verla, sino que el escote que traía puesto era demasiado pronunciado como para no notarlo―. A-agua está bien.

― ¿Sólo agua? ¿No prefieres algo más fuerte? ―me preguntó entrando a la cocina.

― No creo que deba, tengo diecisiete.

Por supuesto que había bebido antes, pero tal vez ella me estaba probando para saber si era bueno.

Regresó conmigo entregándome el vaso con agua.

― ¿En serio? Eres un niño ―dijo soltando una risa ¿coqueta?, y se sentó en el brazo del sofá donde yo me encontraba. Demasiado cerca.

― Ahh, yo...

― ¿Y esas flores? ―cuestionó señalando el pequeño ramo que se asomaba por mi mochila.

― Es un pequeño obsequio para usted ―saqué las flores que con suerte se habían conservado ahí dentro y se las entregué. En realidad eran para Tyler, pero no supe que más decir.

Slowtown | JoshlerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora