Capítulo cuarenta y siete

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"Todo va a salir bien, todo va a salir bien", repetía una y otra vez en mi cabeza tratando de mantenerme tranquilo. Hace unos años decidí que la medicación no era lo mío, así que tuve que aprender a controlar mis ataques de ansiedad por mi cuenta. Algunas veces me acostaba boca arriba en la cama o en el suelo cuando me encontraba en casa, y cuando estaba en un lugar público me detenía un momento para cerrar los ojos y respirar profundo. Realmente habían sido efectivas mis tácticas hasta ese momento.

Escuche una voz llamar mi nombre, lo que me hizo abrir los ojos y sentarme. Era Brendon, quien venía a buscarme pues me encontraba sobre una camioneta roja abandonada en el estacionamiento de una cafetería de la carretera. Los chicos creyeron que lo ideal no sería ir de aventuras con el estómago vacío, pero yo no podía ni probar bocado.

― Hola, Joshie ―me saludó al llegar conmigo, y me hice a un lado para que pudiera sentarse junto a mi.

― ¿Cómo va la cena? ―pregunté.

― ¿Te refieres al banquete que acaban de ordenar? Pues la comida es muy buena, ¿por qué no nos acompañas?

― No tengo hambre ―respondí― y necesitaba estar un momento a solas.

― Oh entiendo, ¿quieres que me vaya...?

― No ―contesté con rapidez―, por favor, quédate. Creo que me volveré loco si sigo pensando.

― Sé que te ayudará ―revisó sus bolsillos buscando algo, y al ver lo que era mis ojos se abrieron como platos.

― Tienes que estar bromeando.

― Vamos, ya lo has hecho ―dijo.

― Sí, antes de perder el control en esa fiesta con Halsey. No quiero terminar desnudo en el auto de algún desconocido gracias a esa cosa ―señalé el porro que traía en la mano.

― No va a pasar eso, mira, la hierba que te di antes era para ayudarte a mantenerte despierto y a entrar en calor, pero ahora necesitas relajarte y esto te servirá ―me lo tendió junto con su encendedor―. Confía en mi.

Miré los objetos en mis manos y luego a él. Sabía que tenía la opción de aceptarlo o negarlo, Brendon no me obligaría a nada, sin embargo, tenía curiosidad.

Media hora después me sentía completamente en paz, era como si hubieran apagado el interruptor en mi cabeza que no me permitía descansar y en ese momento todo fuese claridad. Por supuesto que el efecto no duró demasiado y pronto aparecieron los efectos secundarios como el hambre.

Agradecía tanto que los chicos hubieran pedido algo de alimento para mí, la hamburguesa que sostenía entre mis dedos parecía la más deliciosa del mundo, al igual que las papas fritas y el refresco. Mis ojos estaban rojos, pero podía justificarse por el cansancio y la falta de sueño.

Brendon no dejaba de sonreír cómplice desde el asiento trasero.

― Josh, Josh ―escuché la voz de Dallon acompañada de suaves movimientos en mis hombros, logrando despertarme.

― ¿Qué sucede? ―limpié mis ojos y enfoque la vista en su rostro.

― Llegamos.

Me acomode en mi asiento y abrí la puerta para bajar y ver el lugar. Era exactamente como en la fotografía, excepto que ahora sus dimensiones parecían abarcar kilómetros enteros y la noche sólo lograba darle un aspecto más lúgubre. Era como una mansión del terror, tan elegante y siniestra que lograría ahuyentar hasta al más valiente de los héroes.

¿Era acaso ese hospital el escondite de las almas en pena? No estaba seguro, pero esperaba que conectara con el responsable de mis delirios y de la lágrima en mi corazón.

Es aquí ―anuncié.

― ¿A qué te refieres? ―quiso saber Gerard.

― Este es el lugar, puedo sentirlo ―me giré para verlos―, juro que puedo sentirlo.

El oficial se unió a nosotros después de una rápida inspección.

― Podríamos llegar a la entrada principal sin ningún problema, sin embargo, eso no nos serviría de nada puesto que no reciben visitantes sin cita previa ―explicó.

― ¿Qué hay de las ventanas? ―preguntó Pete― su tamaño es perfecto para cualquiera de nosotros.

― O tal vez por la puerta trasera, tiene que haber alguna ―propuso Brendon.

― Creo que todas esas ideas son muy buenas, pero se olvidaron de un punto importante ―dijo Ryan y todos le prestamos atención―. La reja que nos separa ―tomó una rama del suelo y la arrojó contra la reja de metal que se encontraba a unos metros de nosotros rodeando todo el jardín, provocando que salieran chispas de esta al contacto y la madera se redujera a cenizas― está electrificada.

Mire el resto de la rama asombrado y pase saliva con fuerza. Estaba más nervioso que antes.

― ¿Y qué hacemos ahora? ―preguntó Gerard.

― Creo que tengo algo ―dijo Ryan y luego se dirigió a la Van. El resto de nosotros nos quedamos en nuestros lugares―. ¡Pueden venir si quieren! ―reaccionamos y lo seguimos hasta adentro.

― ¿Sabes como podemos escalar la reja sin, ya sabes, terminar muertos? ―preguntó Pete.

― Bueno no poseo ningún tipo de herramienta que nos ayude a tocar la reja sin hacernos daño, pero creo que tengo algo mejor ―nos contó sin despegar la vista de su laptop―. Voy a cortar la electricidad.

― ¿Puedes hacer eso? ―cuestionó Dallon, impresionado.

― Una vez lo hice en la escuela por accidente ―explicó―, solo espero que funcione otra vez.

Lo miré esperanzado y sonreí, sintiéndome fuerte. Sabíamos que esa era la oportunidad por la que tanto luchamos y no dejaríamos que se nos escapara de las manos, estaba tan agradecido de tener al mejor equipo conmigo.

― Muy bien, este es el plan.

Slowtown | JoshlerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora