Capítulo catorce

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Traté de asegurarme de quedarme despierto durante todo el camino a pesar del inmenso dolor y cansancio que sentía, y no era que no confiara en el oficial, bueno sí, la verdad es que trataba de memorizar las calles sólo en caso de que necesitará huir. El problema era que el trayecto estaba siendo largo y muy silencioso, lo que me provocó sueño e hizo que cayera rendido en minutos.

No supe cuánto tiempo pasé dormido, pero cuando abrí los ojos me encontraba solo en el auto estacionado.

Me senté rápido y abrí la puerta para salir, pensé que tendría seguro o algo y que descubriría que el policía en realidad era un asesino en serie que me llevaría hasta un acantilado para hacerme saltar o incendiaría el auto conmigo dentro. Tantas películas de terror y suspenso me tenían traumado. Después vi que la puerta de la casa frente al auto estaba abierta.

Tenía mucho miedo y sentía la adrenalina correr por mis venas, podría salir corriendo si quisiera, pero como estúpido que soy caminé hasta la casa tomando una rama que arranqué de un árbol.

Entré tratando de hacer el menor ruido posible y caminé hasta la cocina donde la luz estaba encendida, pero al llegar me di cuenta de que no había nadie. Hubo un momento de silencio y luego sentí que alguien tocaba mi hombro haciendo que yo por instinto girara dispuesto a golpear lo que fuera con la rama entre mis manos.

― ¡Demonios, chico! ―fue lo primero que escuché y luego el oficial me arrebató la rama lanzándola lejos― ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Pudiste haberme sacado un ojo!

Tardé unos segundos en recuperarme del susto mientras veía al oficial entrar a la cocina sobando su brazo izquierdo, justo donde lo golpeé.

― P-perdón, es que, estaba sólo en el auto cuando desperté y... y no pude evitar imaginarme un montón de cosas.

― Si quisiera hacerte daño simplemente te hubiera arroyado en mi auto cuando pude, ¿no lo crees? ―respondió de mala gana mientras sacaba un envase de jugo del refrigerador y servía en dos vasos. Me ofreció uno junto con unas pastillas― Será mejor que tomes esto antes de que te duela más.

Asentí muy apenado y tomé las pastillas junto con el jugo, él hizo lo mismo.

Me indicó que fuéramos a la sala y yo lo seguí para sentarme en el sofá. Tenía una gran y elegante chimenea y sobre ella habían varios trofeos y cuadros con retratos familiares.

― ¿Todo bien? ―me preguntó tomando asiento en otro sofá.

― Sí, no sabía que tenía hijos o que estaba casado ―su expresión se relajó poco a poco.

― Tengo una hermosa esposa con quien llevo más de quince años en feliz matrimonio y un pequeño de nueve años.

― ¿No están aquí?

― No, llevábamos una tranquila vida aquí en el pueblo hasta que comenzó todo este asunto de las desapariciones. Ambos pensamos en mudarnos a California con la familia de mi esposa, para que ellos estuvieran seguros, pero yo decidí quedarme. No fue una decisión fácil, discutimos mucho el tema y no quería dejarlos ni ellos a mi, pero no podían quedarse aquí. ¿Sabes por qué lo hice? ―hizo una corta pausa para mirarme y yo me quede quieto― Por ti y por todos los chicos de este pueblo que no cuentan con la misma posibilidad de simplemente empacar e irse a un mejor lugar, porque no tienen a nadie más, porque este es su hogar. Decidí quedarme y trabajar duro para ayudar a resolver el problema y devolver a los chicos con sus familias. Creía que todo mejoraría muy pronto y que lo resolveríamos, pero sólo fue cuestión de tiempo para que las cosas empeoraran.

Me tomé un momento para procesar toda la información recibida. Ahora me sentía mal por haberlo juzgado antes de conocerlo realmente, pero todavía tenía un montón de dudas y sin querer me puse a la defensiva.

― ¿Entonces fue ahí cuando decidieron encubrir todo? ―cuestioné.

― Sí, pero fue por una buena razón. Las personas necesitaban saber que aún había esperanza, en especial las familias de los jóvenes desaparecidos. No sabíamos cómo lidiar con todo esto, las cosas se salieron de control tan rápido que no supimos cómo manejarlo y optamos por la primera opción que se nos presentó.

― Ocultarlo no hará que el problema desaparezca, ellos necesitan saber la verdad, no pueden seguir creyendo en una mentira. Viven cegados.

― Lo sé y yo creía en lo mismo que tú, pero no es tan sencillo. ¿Cómo crees que reaccionará la gente cuando lo sepa? ―preguntó― Habrá un enorme caos. Estas personas no saben cómo reaccionar ante este tipo de cosas porque jamás había sucedido nada fuera de lo normal en este pueblo. Necesitamos contenerlas si queremos llegar al fondo de esto y mientras todo siga como siempre, quienes sean que estén detrás de esto se quedaran en su lugar, así los encontraremos.

Ahora las cosas comenzaban a tener sentido. Tal vez tenían razón o tal vez no.

Estaba tratando de resolver una lucha interna entre lo que creía que era lo correcto y lo que era lo mejor. Siempre había pensado que eran lo mismo, pero después de esto ambas cosas parecían tener un significado distinto.

Tenía tanto que pensar y tan poco tiempo.

El oficial Schmidt se levantó de su lugar y tomó una caja que estaba escondida bajo una pila de libros, para ponerla sobre la mesita de centro frente a mi. Al abrirla sacó unas carpetas y papeles y me entregó una.

Tomé la carpeta confundido, pero antes de que pudiera abrirla él me detuvo.

― Necesito que me digas si serás capaz de soportar todo esto y que me prometas que nada de lo que hablamos saldrá de aquí ―me pidió serio con su penetrante mirada sobre mis ojos.

Me sentía sumamente presionado e incómodo. Por un lado quería negarme, porque les había prometido a los chicos que no les ocultaría nada más de ahora en adelante, y por el otro quería aceptar, porque tal vez esta sería la única oportunidad que tendría para descubrir lo que sea que la policía había estado ocultando durante todo ese tiempo.

Había tomado mi decisión, sólo esperaba que fuera la mejor.

Me arme de valor preparándome mentalmente para lo que viniera a continuación y lo mire de vuelta.

― Lo prometo.

Slowtown | JoshlerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora