Capítulo setenta y cuatro

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El inicio no fue tan malo como lo imaginé. Me pidieron despojarme de mi ropa para colocarme la misma bata de la vez anterior, hasta entonces encendí el pequeño aparato y lo coloqué por dentro de la tela.

El doctor prosiguió a sacar unas radiografías de mi cuerpo, bueno, el de Brendon, y tomar una muestra de saliva y otra de sangre. Sólo me sentía agradecido de que la psicóloga no se hubiese aparecido, pues su simple presencia me causaba escalofríos.

No tenía la forma de saber la hora exacta, ya que le tuve que entregar mi celular y no había ni un reloj a la vista, el cielo estaba cubierto de gris y blanco mientras se acumulaba la nieve sobre las copas de los árboles. Lastimosamente, la única forma de verlo era a través de la ventana.

― Brendon ―el doctor llamó mi atención.

― Lo siento ―volví la vista a él.

― Sé que estás cansado, pero ya vamos a terminar.

Se levantó de su asiento y realizó una llamada por teléfono. Unos cuantos minutos después alguien tocó la puerta y el doctor abrió. ¡Era Hayley!

― Brendon, ella es Hayley, una de nuestras mejores enfermeras ―nos presentó y ella me brindó una sonrisa cordial―. Te llevará a tomar un poco de aire mientras están los resultados. Vuelvan en quince minutos.

― Por supuesto, doctor. Vamos ―ella me hizo una señal con su cabeza y salimos.

No podía creerlo, era ella, ¿qué tantas posibilidades tenía de volver a encontrarla cuando más la necesitaba? Era casi un milagro.

― ¿Quieres ir al comedor o...?

― Necesito tu ayuda.

― ¿Mi ayuda? ―preguntó confundida.

― Soy amigo de Josh, uno de los chicos que se metió aquí hace dos semanas.

Se detuvo al instante y miró hacia todas direcciones.

― ¿Están intentando hacerlo otra vez?

― No, no ―respondí―, bueno, sí. Pero esta vez soy sólo yo.

― ¿Entonces por eso estás aquí? ―asentí― En cuanto salgan los resultados y sepan que no hay nada malo contigo, te enviarán a casa.

― No, dirán cualquier mentira para mantenerme dentro. Ellos me pidieron regresar ―expliqué― y creo que lo que está pasando conmigo es lo mismo que le hicieron a Ty... al amigo de mi amigo.

― Tyler ―dijo―. Su nombre era Tyler, ¿cierto? Yo no sabía si creerles o no la primera vez que los vi, así que volví a la computadora del consultorio donde irrumpieron y revisé sus búsquedas.

― ¿Encontraste algo? ―negó.

― La computadora fue formateada. No tengo idea de quién pudo haber sido y, ha decir verdad, tuve miedo de preguntar.

Unas enfermeras mayores pasaron a nuestro lado. Ambas nos miraron fijamente a los ojos sin dejar de sonreír y siguieron su camino hasta el elevador. No me sentía seguro en ese lugar, ni siquiera con Hayley a mi lado, hasta temía por ella.

Continuamos caminando en silencio hasta quedar de nuevo solos.

― ¿Cómo quieres que te ayude?

― ¿Lo harías? ―pregunté sorprendido.

― Depende de que tan arriesgado sea.

― Mucho ―dije―, pero es por una buena razón. Tu ayuda sería muy valiosa.

― ¿Y si nos atrapan?

― Haremos creer que todo fue mi culpa, que yo fui quien te obligó a hacerlo, quedarás libre ―nos detuvimos y la miré a los ojos―. Por favor, necesito saber que puedo contar contigo.

Slowtown | JoshlerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora