No creía que nadie más vendría a verme además de los chicos, pero de todas las personas en el mundo que pudieron atravesar por esa puerta, sin duda mi padre era el que menos esperaba. No vivíamos en la misma casa desde hace dos años y la última vez que estuvimos juntos fue durante la navidad pasada, hace 10 meses.
No había cambiado mucho físicamente durante este tiempo, sólo que ahora tenía un pequeño rastro de barba, sus ojos se veían cansados casi al punto de cerrarse y unos cuantos mechones blancos adornaban su liso cabello negro, prueba de la inminente vejez.
― ¿Puedo pasar?
― Sí, claro.
Entró cerrando la puerta tras él y se acercó hasta mi, sentándose en la silla que hace unos minutos ocupaba mi amigo. Ninguno estaba seguro de que decir o hacer, afortunadamente él fue quien decidió romper el abrumador silencio.
― Esta mañana llamaron de tu escuela y en cuanto supe lo que había sucedido tomé el auto y conduje hasta aquí ―explicó―. Dijeron que tuviste una pelea con un chico y que has estado faltando a clases durante las últimas semanas, además nunca pones atención y tienes cambios repentinos de humor...
― No tenías por qué viajar hasta aquí para regañarme, me basta con tus llamadas ―lo corté.
Eso era el colmo, yo estaba jodido en una estúpida cama de hospital tratando de soportar un dolor punzante que me recorría el cuerpo, y lo primero que él hacía al ver a su hijo así era darle un sermón. ¿En serio? No quería tener que soportar eso, hoy no.
― No, no vine para eso ―se apresuró a decir―. Josh, si estoy aquí es porque me preocupo por ti, y antes de que digas algo déjame terminar, por favor ―me guardé lo que iba a responderle y lo dejé continuar―. Mira, sé que nunca he sido el mejor padre, siempre traté de darles todo lo mejor para que nunca tuvieran que pasar hambre y tuvieran un techo donde vivir. Dejé que su madre se encargara de ustedes mientras yo trabajaba día y noche, aunque ella me decía que no era necesario desgastarme tanto porque estábamos bien ―tragó fuerte bajando la mirada para no tener que verme―. Cuando ella murió yo no supe que hacer. Jamás había cuidado de un niño y ahora tenía dos que dependían totalmente de mi. Tenía una pequeña de tres años que quería correr de un lado a otro por toda la casa y que no paraba de preguntar a todas horas a donde se había ido su mamá y cuando volvería ―se restregó los ojos aun sin verme a la cara. Su voz comenzaba a sonar más ronca, como si algo desgarrara su garganta por dentro―. Y también tenía a un chico de quince años atravesando la adolescencia, quien se encerraba por horas dentro de su habitación en un intento por evadir la realidad. Tus notas empeoraron rápidamente y comenzaste a tener problemas con los chicos de la escuela, me llamaban todo el tiempo a casa para citarme con el director porque siempre estabas en peleas. Yo te veía llegar de la escuela y pasar corriendo a tu habitación con tu rostro y brazos llenos de moratones y marcas, sabía que habías tenido un mal día y aun así te gritaba hasta el cansancio porque no tenía a nadie más con quien desquitarme porque todo estaba fuera de control.
Nuestras lagrimas descendían como cascadas interminables desde nuestros ojos.
Jamás habíamos hablado sobre nuestros sentimientos, siempre buscábamos alguna excusa para evadir el tema y ahora mi padre estaba abriéndose frente a mi, como si se diera por vencido y tratará de terminar con una agotadora lucha que comenzamos sin darnos cuenta
― Luego conocí a Rachel ―continuó―, jamás creí que me enamoraría de nuevo, pero un día de la nada apareció frente a mi como un destello de luz que venía a devolver un poco de brillo a mi vida. Ella me brindó su apoyo y comprensión, tu hermanita la adoraba y Rachel la cuidaba como si fuera suya, creí que todo estaba mejorando y seríamos una familia de nuevo, pero ella nunca te agradó. No sabía que más hacer, no quería decidir entre ustedes, pero ya me había quedado sin opciones. Pensé que tú estarías bien sólo, porque siempre fuiste un chico independiente, pero ahora que te veo aquí y así... perdóname ―su voz se quebró―. Tú merecías algo mejor. Soy un mal padre.
Tomé su mano entre las mías sin dudarlo, en una desesperada búsqueda de contacto.
― No, papá, no lo eres. Sé que yo pude haberlo hecho mejor y que debí comprender que necesitabas rehacer tu vida ―suspiré en un intento de no romperme a medio camino―. Te juró que no trataba de buscarte problemas, jamás quise que te molestaras conmigo, ni ahora ni nunca, pero hay cosas que están fuera de mi control y que no sé cómo manejar por mi cuenta. Siempre tuve miedo de terminar sólo y cuando ustedes se fueron me enojé contigo porque creí que lo único que querías era deshacerte de mi, pero no era así y ahora lo entiendo. Yo también lo siento, te quiero.
De inmediato se levantó de su asiento para envolverme en sus brazos como nunca antes lo había hecho.
― Te quiero, Josh. Te amo, hijo.
Se acomodó a mi lado sentado en la camilla sin dejar de abrazarme, y yo apoyé mi cabeza en su pecho dejándola descansar. En etos momentos me sentía como la persona más feliz del mundo, aunque mi cuerpo doliera, aunque sabía que me esperaban más problemas al salir de ahí y aunque todavía tenía un asunto muy importante que resolver, porque mi padre estaba conmigo dándome todo el amor que siempre había necesitado, y contaba con unos maravillosos chicos como amigos. Y sí, tal vez aún no había encontrado a Tyler, pero donde quiera que estuviera, sabía que él estaría feliz por mi.
― Te amo, papá.
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Slowtown | Joshler
FanfictionJosh hará lo que sea necesario para encontrar a Tyler. "Hey, hey, wouldn't it be great, great, if we could just lay down and wake up in Slowtown" Esta historia comenzó como algo mío y ustedes lo hicieron nuestro, y así será siempre.
