Capítulo treinta y cuatro

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― Muchas gracias por la comida, señora Weekes, estuvo deliciosa ―le agradecí a la abuela de Dallon mientras recogía la mesa.

― Es un placer. Me alegra conocer a los amigos de mi pequeño ―dijo con una cálida sonrisa.

Dallon y yo terminamos de ordenar y limpiar y después nos ofrecimos a ir al supermercado.

― Entonces...

― ¿Entonces? ―preguntó Dallon tomando un carrito.

― ¿Tú y Brendon?

― Ah ―sus mejillas tomaron un tono rosa―, sí.

― ¡Lo sabía! Ninguno de los dos ha dejado de sonreír desde esa noche.

― Bueno, fue mi primera vez ―admitió.

― ¿En serio? ―pregunté impresionado.

― Sí, no te burles.

― No, no es por eso. Quiero decir, conoces a un montón de personas, siempre tienes algo que hacer o a donde ir y por tu forma de ser, me parece increíble que no hayas llegado tan lejos con alguien antes.

― Gracias ―sonrió―, pero la verdad es que nunca he tenido una relación estable. Mi madre y yo nos mudabamos de casa constantemente, así que era muy difícil mantener a mis amigos ―tomó una caja de cereal del estante―. Ahora que estoy con mi padre tengo más tiempo de relacionarme con todos y conocer a las personas y me alegra que ustedes llegarán a mi vida en este momento.

Decidí marcarle al oficial Schmidt para preguntarle sobre Timothy, no le expliqué quien era ni como es que sabía de su existencia, sólo le pedí que investigara sobre un niño con ese nombre. Él dudó al principio, pero logré convencerlo diciéndole que le contaría todo lo que habíamos descubierto tan pronto como tuviéramos las piezas unidas.

Mientras tanto, Dallon y yo visitamos a su padre en su oficina para buscar entre sus archivos y tratar de obtener cualquier información que pudiera ser útil. No sería una tarea nada sencilla, es decir, era un lugar repleto de policías, pero con suerte no nos arrestarían por ser el hijo y el mejor amigo del hijo del comisario.

― ¿Dallon? ¿Qué haces aquí, hijo? ―le preguntó su padre a mi amigo, quien estaba de pie frente a la puerta de su oficina.

― Hola, papá ―lo saludó, un poco nervioso―. Pues, verás, en la escuela nos han encargado escribir un ensayo sobre la persona que más admiramos, lo más detallado posible, y quería saber si puedo hacerlo sobre ti.

La sonrisa del señor Weekes era tan grande que apenas y cabía en su rostro.

― Por supuesto, será todo un honor ―me miró parado a unos metros de ellos.

― Oh, él es Josh, mi amigo y compañero de proyecto ―Dallon hizo un ademán con su mano para que me acercará a ellos.

― Hola, señor Weekes, es un placer conocerlo ―le di la mano.

― El placer es todo mio ―respondió dándome un firme apretón―. Bueno, ahora mismo estaba en camino a una reunión, pero confió en que estarán bien si los dejo unos minutos a solas en mi oficina.

Slowtown | JoshlerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora