Capítulo trece

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Al terminar la última clase me apresuré a correr hasta el salón de Gerard para alcanzarlo antes de que se fuera. Por suerte llegue justo a tiempo para ocultarme entre los casilleros cuando todos iban saliendo y al ver a Gerard le hice unas señas hasta obtener su atención. Él caminó hasta mi y yo lo lleve hasta la biblioteca.

― ¿Qué hacemos aquí? ―me preguntó en voz baja mientras nos escondíamos entre los estantes repletos de libros.

― Necesitaba hablar contigo y este es el único lugar al que ninguno de los chicos vendría, ni si quiera estoy seguro de que sepan que tenemos una biblioteca en la escuela ―respondí usando el mismo tono.

― Buen punto. Oh, logré investigar un poco, pero Ryan casi me descubre.

― ¿Todavía no le has dicho?

― No ―soltó cabizbajo en un suspiro―. Sí quería hacerlo, pero luego recordé que está estudiando para su examen de admisión y no quería estresarlo más. ¿Tú hablaste con los demás?

― Sólo con Pete, pero no cree que sea la mejor idea. La verdad tenemos miedo de que Brendon recaiga.

― Te entiendo, yo tampoco sé que haría Ryan, pero ya paso un largo tiempo. ¿Crees que podrían intentar ser amigos?

― No estoy seguro ―admití rascando mi nuca―. ¿Cómo está Ryan?

― También estuvo decaído por un tiempo, pero no le quedaba mucha opción con su padre en casa. Ahora parece el mismo de antes aunque tiene sus momentos. ¿Cómo está Brendon?

― Mejor ―sonreí un poco―. Ahora está saliendo con un chico, se ven muy felices.

― ¿En serio? Wow ―sonrió también―. Me alegro por él.

La siguiente hora y media la pasamos hablando sobre lo que Gerard había logrado investigar y descartamos algunas teorías, también le conté sobre el expediente que Dallon me había mostrado ayer. No llegamos a ninguna conclusión todavía, pero no sentí que fuese una pérdida de tiempo porque echaba de menos pasar el tiempo con Gerard.

Iba caminando de regreso a casa mientras leía los mensajes en mi celular y me di cuenta de que hacía bastante que el oficial Schmidt y yo no hablamos, entonces decidí desviarme del camino para ir a buscarlo.

Al llegar a la comisaría entré dirigiéndome al mostrador donde se encontraba una señora.

― Buenas tardes. Disculpe, estoy buscando al oficial Schmidt.

Ella despegó la visita de la computadora bajando un poco sus lentes hasta dejarlos descansar sobre su nariz, para luego echarme un vistazo rápido y volver a lo suyo.

― ¿Tienes cita?

― No ―respondí―, pero en verdad necesito verlo, él ya me conoce.

― ¿Nombre?

― Josh, Josh Dun, de la preparatoria estatal.

La señora asintió tomando el teléfono para marcar algún número. Después de unos momentos colgó y me miro de nuevo.

― Él no podrá recibirte ahora, puedes pedir una cita y te atenderá cuando esté disponible.

― ¿Cuándo sería eso?

― En una semana o dos.

Mis puños se cerraron con fuerza, quería gritarle. ¿Una semana o dos? ¿Estaba bromeando? ¡No tenía una semana o dos para saber sobre Tyler!

Le agradecí y gire sobre mis talones para salir de ahí.

Estaba dando vueltas por el estacionamiento de la comisaría tratando de pensar, cuando al dirigir mi vista hacía una de las ventanas lo vi sentado en su escritorio. ¡Sólo estaba ahí echado y no tenía tiempo para verme!

Me sentía furioso, sin embargo, no podía ir corriendo hasta la ventana para gritarle, probablemente me arrestarían, así que sólo me quedaba esperar a que saliera.

Pasaron las primeras 2 horas y comencé a sentir hambre, no me quedo de otra que ir corriendo hasta la tienda de en frente para comprar un jugo y unas galletas, y volver para esperar. Hora tras hora iban pasando lentamente hasta que se dieron las nueve y lo vi salir.

Subió a su patrulla y yo corrí lo más rápido que pude hasta quedar frente a ella, logrando que me golpeara de frente al no verme en la carretera. El oficial bajó para revisar que había sucedió y cuando me vio en el piso su expresión de preocupación se mezcló con una de enojo.

― ¡Chico, te dije que no hicieras eso! ―me ayudó a levantarme y me dejó apoyarme en el auto.

Esa vez me había dolido más que la anterior, pero no dije nada porque quería que viera lo molesto que estaba.

― ¿Por qué no ha respondido mis llamadas o cualquiera de los cientos de mensajes que le mandé? ―pregunté sobando mi abdomen― ¿Un día me promete ayudarme y al otro me bota así como así?

― Baja la voz ―miró hacia todas las direcciones cerciorándose de que no hubiera nadie cerca―. No podemos hablar de eso aquí, acompáñame.

― ¿Y por qué no? ¿Qué está ocultando? ―puso su mano sobre mi boca impidiéndome seguir gritando, y me llevó como pudo hasta el asiento trasero del auto, dejándome recostarme. Luego subió él y condujo― ¿Sabe que esto es secuestro?

― Tú eras él que insistía tanto en verme, ¿no? Ahora guarda silencio y déjame conducir, iremos a un lugar seguro.

Slowtown | JoshlerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora