Mi pecho bajaba y subía a una velocidad impresionante mientras mis piernas avanzaban a grandes zancadas sobre las baldosas. Tenía la adrenalina a todo lo que daba y, a pensar de haber recorrido los mismos pasillos en múltiples ocasiones, no me sentía cansado. Bendita la anatomía de Brendon y su energía inagotable.
De pronto estallaron dos bombillas más justo frente a nosotros, hiriendo a Hayley en la mejilla con los restos afilados. Tomé su rostro entre mis manos para revisarla y limpié el pequeño hilo de sangre que salía de una de las cortadas.
― Vas a estar bien ―le dije y ella asintió―. Desearía ser la mitad de fuerte que tú.
Seguimos avanzando hasta que se apagaron todas las luces por completo, entonces agarré la pequeña linterna y la utilicé para alumbrar el techo. Era muy arriesgado caminar por ahí sin ver a donde nos dirigiamos, pero aún más mantener una luz encendida en la oscuridad, nos descubrirían. Tenía que pensar en algo mejor.
Tomé la mano de Hayley para no perdernos y seguimos juntos. Con nuestras manos libres íbamos tocando la pared y donde una terminaba, encendía la linterna un instante para visualizar el camino y el techo. Cada siete pasos había una rejilla de ventilación, lo que significaba que si encontraba de nuevo algún camino familiar, podría seguir el rumbo de vuelta a la puerta. La cuestión era que no sabía dónde nos encontrábamos exactamente.
Escuchamos unos pasos aproximándose y entramos a una de las habitaciones vacías. A través de el estrecho espacio entre la puerta y el suelo pude observar cuatro luces, tal vez una por cada persona. Cuando los perdí de vista y el sonido fue silenciado, Hayley y yo volvimos a salir de nuestro escondite.
Debíamos ser extremadamente cuidadosos, lo más seguro era que esas personas no fueran las únicas tratando de dar con nosotros y no dudarían emplear alguna otra táctica. Justo cuando ese pensamiento pasó por mi mente, el sudor comenzó a deslizarse por mi frente.
― ¿Encendieron la calefacción? ―preguntó Hayley.
― No hay agua ni ventanas aquí abajo, intentan hacernos perder el conocimiento por deshidratación ―deduje.
Reducimos la velocidad para evitar quemar más líquidos, pero aún así el calor era insoportable, casi asfixiante. Mis ojos comenzaban a arder del dolor y mi lengua a secarse, Hayley no podría soportar más tiempo bajo esas condiciones, tenía que encontrar un lugar fresco para ella.
De pronto sentí un tirón en mi brazo. Hayley se había tirado en el suelo.
― Hey, todo está bien ―le quite la bata y la usé para darle aire, pero no parecía servir de mucho―. ¿Puedes escucharme? ¿Puedes ponerte de pie?
Su respiración era lenta y profunda, si no lograba hacer algo de inmediato no sabía que sucedería. Rápidamente la cargué en brazos y empecé a caminar sin dirección, sólo con la esperanza de no ser descubiertos y ponerla a salvo. Volví a escuchar unos pasos metros más adelante, aunque no podía diferenciar de donde provenían, el calor estaba afectando mis sentidos.
Creí ver una luz al final del pasillo y mis piernas fallaron provocando que cayera de espaldas abriendo una puerta detrás de mi. Mi cuerpo golpeó el suelo, lo que logró amortiguar la caída de Hayley. No supe cuanto tiempo permanecí en esa posición, pero poco a poco fui consciente de que la temperatura había descendido lo suficiente para pensar con claridad de nuevo.
Me levanté y prendí la lámpara para ver donde nos encontrábamos. Era una habitación de mayor dimensión que las otras, aunque tampoco había nada en ella, entonces vi la rejilla en el techo y me di cuenta de que se trataba del almacén.
Hayley empezó a moverse de nuevo y yo fui hasta ella.
― Los hemos perdido por ahora ―la tranquilice―. Buenas noticias, encontré una salida. ¿Ves esa rejilla de allá arriba? ―la señalé con la luz de la lámpara― Los ductos conducen de regreso a la puerta por donde llegamos. Sólo debemos seguirla.
― ¿Es seguro?
― Sí, mientras no enciendan la ventilación ―limpié mi sudor―. Déjame explicarte cómo llegar.
○
La ayudé a ponerse de pie y luego la cargué en mis hombros para que pudiera subir ella primero. Una vez arriba, me tendió la mano, pero yo negué.
― ¿Qué haces?
― Uno de nosotros tiene que quedarse aquí como distracción para que el otro pueda salir ―respondí―. Es a mi a quien quieren, así que estarás a salvo.
― No, no voy a dejarte ―intentó bajar, pero yo la detuve.
― Sé que no quieres, pero debes hacerlo. Encontraré otra manera, siempre lo hago ―traté de convencerla―. Vete.
― Volveré con ayuda.
Nos vimos por última vez antes de que desapareciera y me dejara en la oscuridad.
Me quedé unos minutos más en el almacén preparándome para volver a enfrentar el calor, fue una sorpresa que la temperatura hubiera regresado a la normalidad. ¿Qué me esperaría ahora?
El trayecto ahora era mucho más complicado que antes, pues no tenía luz ni compañía, y debía dejarme guiar por la suerte. Era como jugar a las escondidas, sólo que no era divertido porque quienes querían encontrarme lo hacían para matarme, probablemente. Sí no hallaba la salida, contaba con otra opción: sobrevivir hasta la mañana y que los chicos y el oficial intervinieran en mi rescate. Eso sí lograba mantenerme oculto.
Mientras caminaba a paso incierto, pensaba en Tyler. ¿A dónde lo habrían llevado? ¿Estaría más seguro que yo? ¿Lo estaban torturando? ¿Seguía con vida? Estaba terriblemente preocupado, quería viajar a su mente para saber que sucedía con él, pero no podía. Ahora debía conservar la poca energía que me quedaba para mantenerme despierto, era demasiado arriesgado cambiar de un cuerpo a otro cuando no estaba en el mío. Lo había hecho en una sola ocasión y me arrepentí, pues los chicos dijeron que no pudieron reanimarme en horas y una migraña terrible invadió mi cabeza.
Tal vez algún día sería capaz de hacer eso y más.
Mientras deambulaba por ahí escuché algo parecido a las patas de un animal sobre las baldosas. Me convencí a mi mismo de que se trataba de una de mis alucinaciones, pero entonces el ladrido de un canino aclaró mis dudas.
Recordé el enorme y rabioso perro que me persiguió la primera vez por el jardín, si se trataba del mismo estaba perdido. Ubique una de las puertas e intenté abrirla, pero no podía, era como si alguien la hubiera asegurado, al igual que las demás. Tragué en seco y comencé a caminar a paso apresurado, luego a correr y al final a arrastrarme por el suelo cuando me caí.
Sentí algo viscoso en mis dedos, podría ser la saliva del perro, y eso significaba que estaba más cerca de lo que pensaba. Seguí con cuidado e intentando ser lo más silencioso posible, cualquier paso en falso, cualquier ruido por mínimo que fuera, podría ser mi fin.
Un par de vidrios se adhirieron a mis manos provocandome un dolor inmenso. La sangre no tardó en correr a través de ellas, cálida y espesa. Entonces las lágrimas también lo hicieron al vislumbrar al perro en la esquina. Cuando el hizo contacto visual conmigo me puse de pie y corrí como nunca había corrido antes, aunque eso de seguro sólo lograría empeorar su ánimo, pero no me importaba, quería escapar.
Gritos a mi derecha y ladridos a mi izquierda. Mis manos cubiertas de sangre y mis mejillas de llanto. Dolor, desesperación y miedo.
El perro estaba por alcanzarme, podía sentirlo casi mordiendo mis talones y no sabía si podía aguantar más. Quería gritar por auxilio a todo pulmón, pero aunque lo hiciera nadie vendría a mi rescate. Siempre me habían dicho que era bueno ayudando a los demás y ahora me tocaba salvarme a mi mismo.
Una corriente circuló por mi cuerpo, empezando justo en mi pecho. Solté un gemido de dolor y al tocarme vi que se trataba del GPS que se había mojado con mi sudor, haciendo corto. Lo desprendí de la bata y me giré para lanzarlo hacía el perro, logrando que sufriera el mismo efecto y se quedase inmóvil. Sonreí con alivio.
Estaba tan distraído verificando que no me siguiera, que me tomó por sorpresa cuando alguien me sujetó.
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Slowtown | Joshler
FanfictionJosh hará lo que sea necesario para encontrar a Tyler. "Hey, hey, wouldn't it be great, great, if we could just lay down and wake up in Slowtown" Esta historia comenzó como algo mío y ustedes lo hicieron nuestro, y así será siempre.
