Limonada

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Después de llenar sus estómagos, cada uno de ellos se fue por su lado. Sun le tendió los brazos a Mimikyu, cargando con él, acariciándole y escuchando sus afables y tenues gruñidos de felicidad. Regresó a su casa, en donde se encontró al fin con su madre: se había puesto a ordenar un poco el salón con la ayuda de Meowth. El Pokémon se acercó al joven entrenador y recibió entre sus patas a su pequeño amigo, marchándose a descansar.
Sun se sacudió la ropa, se quitó la gorra y entró poco después de saludar a su madre. Le ayudó en sus tareas hasta haber terminado de limpiar lo que quedaba, tras lo cual bebió un poco de la refrescante limonada que ella le había ofrecido. Habiéndose saciado su sed, entró en su habitación, se recostó sobre su cama y sacó su RotomDex. Habló con Kiawe primero, y después con el resto de sus conocidos.

Pasó la tarde preparando adornos varios recortando cartulinas y haciendo dibujos. Se sentía especialmente orgulloso de un retrato que había hecho de Guzma, para el cual puso bastante empeño en conseguir captar su esencia. Aún así el dibujo que más le gustaba de los que había realizado no era ese, sino uno en donde aparecían tanto Guzma, como Francine y Gladio. También salía él mismo, con la ropa de recluta. Estaba junto a Gladio, cogidos de la mano, con el pañuelo colgándole del cuello. Con la otra mano cargaba a Mimikyu. A su lado había dibujado a Tilo, también con el uniforme, aunque no llevaba la gorra ni el pañuelo y aún vestía su mochila naranja. Entre Guzma y Francine había dibujado a Kukui, que cargaba a Rockruff y miraba con ternura a su amigo porque el Pokémon le estaba lamiendo la mejilla. En la hoja no le cabía más gente. Pero eso no era un problema: colocó otros papeles en cada lado y siguió dibujando.

Conflicto de interésDonde viven las historias. Descúbrelo ahora