—¿Cómo podés ser así?— Suspira angustiada.
Y luego sonríe ruborizada al haber expulsado aquella pregunta.
Ultimamente desde que había sucedido todo esto se sentía como una adolescente hormonal al preguntar cosas que luego creía que eran estúpidas.
Arden suelta una carcajada ronca. —¡¿Y cómo soy exactamente, muñeca?!— Susurra cerrando los ojos.
Siente su respiración en su pecho y es una sensación de ambigüedad, calidez y dolor en conjunto.
No quiere permitirse qué ella sufra de aquella manera, no quiere que sienta lo que es el dolor y la desolación, a pesar de por todo lo que había tenido qué pasar por horas, es algo qué va más allá de su capacidad de compresión y de razonamiento.
Es esa parte demoniaca qué le prohíbe ver a la persona qué ama sufriendo por algo que se pudo haber evitado, y más aún si aquella solución estaba en sus manos.
—No sé si te estoy idealizando, sólo por la idea de haber descubierto todo esto entre nosotros.— Muerde su labio inferior y no se quiere despegar de su pecho. —O sí te siento de esta manera porque me siento segura a tu lado.— Titubea con leve vergüenza.
—¡Dios soy tan patética ahora mismo!— Agrega sin poder contener su llanto.
Había pasado por tanto, y ahora qué se encontraba en su lugar seguro es que podía darse la posibilidad de relajar un poco su cuerpo y cabeza y observar con más determinación cómo es qué se sentía con cada una de esas emociones.
Arden infla su pecho al escucharla, su corazón tintinea cuándo Blaire finaliza su respuesta.
—No olvides qué lo que nos ocurre va de la mano con lo qué sentimos, muñeca, no es idealizar, es cómo qué se nos abre un tercer ojo y empezamos a ver las cosas con mayor intensidad, y mucho más si tenemos a esa persona junto a nosotros.— Le intenta explicar.
A su manera y en la forma en la qué puede manejar aquella situación.
—¡No tenés que avergonzarte de eso, es común en los demonios, y también es común que nos encontremos confundidos porque no es algo que nos ocurre todos los días!— Prácticamente lo súplica con voz ronca.
—Si, creeme que me doy cuenta.— Bromea, aún entre sus brazos. —Todo parece caerse y estás ahí, frente a mi, preparando mi desayuno y siendo mi apoyo, esto es tan raro y a la vez me siento reconfortada.— Agrega aferrándose a su pecho.
Arden acaricia su espalda y la acerca más a él. —No puedo permitirme que te sientas así de mal, muñeca. Necesito cambiar eso, y no se porqué soy así, porque siquiera me veo reflejado en las cosas cursis que hago o qué digo, supongo qué es algo nuevo por haber reconocido lo qué siento por vos, y quiero qué entiendas cómo me siento para qué te des cuenta que no tiene nada de malo.— Admite con una sonrisa de costado.
Ella también lo hace, porque sabe qué está haciendo aquella mueca por más qué no lo pueda ver.
—Gracias por tu esfuerzo, se qué para una persona con tu personalidad no es fácil admitir tus sentimientos.— Se aleja levemente de su pecho y limpia sus lágrimas con el puño derecho.
Arden mueve su nuez de Adán tragando saliva. —Muñeca, ya no hay vuelta atrás cuándo lo admitimos, y puede qué me sienta un completo idiota, pero no lo puedo evitar, estoy perdidamente atrapado por todo lo que ronda en base a tu persona y alma.— Susurra ronco en sus labios.
La ayuda a limpiar sus lágrimas, su pecho se estruja cada vez que la ve de aquella manera, aúnque, admite qué necesita hacerlo para liberar toda esa opresión en su pecho.
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El Hijo de Hades
FantasyToda tu fe en la humanidad no bastará si subestimas a quién tienes enfrente. Únete a esta historia de Blaire Morel y Arden Abbot en donde ambos aprenderán del otro sin darse cuenta hasta que sea demasiado tarde como para evitarlo. 💎 Portada increíb...
