Email de un conocido

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Durante un prolongado lapso de tiempo pensó en volver a dormir en lugar de salir. Había escuchado historias que los preternaturales solían caer en la hibernación, un sueño que a veces duraba años o décadas. Sería un buen momento para hacerlo. Quizás al despertar ya no tendría más problemas.

Por primera vez en días encendió la computadora, el correo estaba atiborrado de mensajes, la gran mayoría —por no decir todos— sólo basura.

—¡Ah, caray! —dijo con fingida sorpresa— Si no envió la cadena en tres días algo muy malo me va a pasar. Mmm, es de hace una semana, debí haberlo leído antes —sonrió con un dejo de amargura.

Leyó uno más antes de enviar la orden de borrar todos aquellos de los que desconocía el remitente.

—Mmm... ¿Qué es esto? —miró el encabezado del correo— ¿Cómo vivir con valores? —abrió el correo para leerlo a fondo— ¡Ándale! —dijo sorprendida— Me invitan a un foro para... mejorar los estilos de vida —colocó el índice en la sien—; yo llevó una dieta a base de líquidos, baja en calorías, bueno, sí, como un gordito ¿no?, ¡Jaja! ¡Jaja! —no pudo evitar la carcajada— ¿Cómo llegó aquí? Mmm... de seguro Sofía usó mi maquina otra vez —lanzó una mirada recriminatoria hacia las escaleras que llevaban a la parte superior de la tienda.

Tras eliminar una buena cantidad de ellos vio uno que le llamó la atención.

—Vaya, Markus sabe usar la computadora ¡Eso sí es una sorpresa!

Se frotó contra el respaldo del asiento para encontrar una posición más cómoda. Subió las piernas al asiento y abrió el correo para comenzar a leerlo.

"Mériac, cuando leas el mensaje ya estaré fuera del País.", «valiente héroe resultó ser», "Buscó una respuesta acerca de la reliquia que les da ese gran poder a los renegados", «mientras su investigación no termine como la de las pinturas», "; también he investigado acerca de lo que sucede contigo y tengo una idea.", «¿ahora qué me ira a pedir?», "Lo que necesitas es un exorcista".

Mériac se paró de un salto y leyó el monitor, no podía creer lo que acababa de leer.

—¡Ahora sí se le botó una tuerca! ¿Cómo pretende que busque a un ser con Fe?

Continuó la lectura:

"Busca en la Internet, ahí encontrarás al padre Luca Sanderti, consigue una entrevista con él, es el único que podrá ayudarte".

Abrió un navegador para realizar búsquedas en la red, aparecieron varios hipervínculos con respecto al religioso. Tras varios filtros logró encontrar lo que requería. En un par de días daría una presentación en Arkansas para hablar acerca de su nuevo libro: Legión es su nombre.

Se frotó las manos, era algo muy peligroso, debía pensarlo bien; se tomaría esa noche para determinar si iría o no a ver al sacerdote.

Por lo pronto saldría a dar una vuelta.

***

Caminar por la avenida Vallarta siempre la reconfortaba. El aire entre europeo y colonial que llena las construcciones de la llamada zona francesa de Chapultepec. Hermosas casas con motivos góticos o coloniales, rodeadas de jardines enormes y perfectamente cuidados.

Mientras avanzaba, leía una copia recién adquirida de Legión es su nombre, un padre nada ortodoxo que profesaba la religión contra todo aquello que representara al enemigo jurado por su credo y que recibía por nombre Legión.

A leguas parecía otro individuo en busca de fama rápida y sencilla. Guardó el libro en la bolsa. El tiempo mostraba nubes, amenazaba con llover en cualquier momento.

La noche estaba entrada, cuatro de la madrugada marcaba el reloj digital. Viernes por la noche. Observó a una niña de la calle que vendía flores y cruzó sin precaución la calle. Un automóvil compacto venía a una velocidad considerable, zigzagueaba directo hacia la pequeña infante. El conductor debía de estar ebrio; el impulso fue instantáneo. Invocó toda la fuerza que el vino inmortal. Músculos y tendones tensionados; la fuerza del Padre Oscuro recorrió cada fibra y tejido del cuerpo. Oleadas de energía fluyeron para darle esa mítica fuerza que embulle a los vampiros. Las pupilas se dilataron, el cuerpo se tornó ágil. Corrió hacía el vehículo.

Usar el Arcano era demasiado riesgoso; si fallaba, la niña moriría. Derribarla tampoco sería buena idea; podría hacerle daño. Sólo quedaba una cosa por hacer. Como un ariete viviente cargó con fuerza, velocidad, brutalidad contra el compacto. Los ocho metros que los separaban fueron devorados. Usó el costado izquierdo para embestirlo, el conductor perdió el control y se impactó contra un poste.

La pequeña miraba atónita y contrita; aquella mujer le había salvado la vida como en las tiras cómicas, ahora la heroína yacía de rodillas a mitad de la calle, se sujetaba el hombro en un rictus de dolor.

Trató de incorporarse, pero el dolor era agudo; el hombro oscilaba de una manera no natural. Además, parte del hueso omóplato salía de la espalda. El vehículo resultó ser más duro de lo que ella esperaba. La niña se aproximó.

—Señito, ¿está bien? —preguntó preocupada.

Mériac sonrió. La sonrisa hizo que la pequeña diera un par de pasos atrás. Esa sonrisa no era de alegría o simpatía. Era una sonrisa aviesa, pervertida, llena de ignominiosos pensamientos, era la sonrisa de Gabriel.

***

Todo era oscuridad, gradualmente la luz llenaba los espacios oscuros del vacío. Recuperaba el sentido del tiempo, de la realidad. Un sabor conocido en los labios. Miró las manos tintas en sangre. La visión difusa, el proceso resultaba lento y sólo veía sombras borrosas alrededor. Recordó el vehículo, la niña, el dolor del impacto.

Miró sobre el hombro, el vehículo compacto seguía en la esquina con su ocupante inconsciente, ninguna asistencia había hecho acto de presencia. Logró ponerse en pie, ya no había dolor en su hombro, pero se sentía mareada; dio un paso, tropezó con algo que la hizo caer de bruces, al palpar el asfalto encontró los lentes, se los colocó y miró hacia atrás para ver con qué había tropezado.

Su mirada encontró un bulto cercano a los píes, los ojos se llenaron de horror. Se llevó la mano a la boca para no gritar, manchó de crúor el rostro, pero era tarde. Un gritó desgarrador y lleno de todo el dolor que un alma atormentada como la suya podía emitir, se esparció por la avenida.

La niña que había salvado yacía a sus pies sin vida. Una mordedura en el cuello. No era la caricia propia de las mordidas que solía dar. Le hacía falta un pedazo de carne, como si un perro rabioso la hubiera mutilado.

Miró las ropas ensangrentadas. Las manos manchadas con sangre inocente; esa misma sangre que llenaba la boca con el sabor tan conocido por ella; dulce néctar del vino que le da vida eterna.

Escuchó una sirena a lo lejos, corrió durante unos minutos y después levantó el vuelo.

***

Entró a la tienda y se encerró en la habitación, se despojó de toda la ropa; se sentía sucia, ruin, un monstruo. Había terminado con la vida de un infante de forma abyecta, pero no recordaba nada.

La luz de la computadora la hizo girar. Vio la fecha de la presentación de una conferencia del padre Luca Sanderti, en Arkansas. Entró a la página de una agencia de viajes. Estaba decidida a sacarse lo que estaba dentro de ella a como diera lugar, o dejaría de ser ella para siempre.

«Un boleto para Arkansas, mañana por la noche", pensó.

Al cabo de un par de minutos, el acuse apareció en pantalla. Lo imprimió y se recostó, ya sólo era cuestión de esperar, mañana sería otro día.

MériacDonde viven las historias. Descúbrelo ahora