A la entrada de la ciudad, Mériac vio la estación para transporte de carga que mencionaron. Si quería llegar a tiempo a Little Rock tendría que hace uso de esos conductores y sólo había una forma de conseguirlo.
— Yo me bajo aquí, gracias —dijo agradecida.
— De nada, por cierto —agregó el más joven.
Extendió un billete.
—Son sólo veinte dólares, pero te ayudará a conseguir un pasaje, suerte.
Antes que pudiera rechazar el dinero, los dos partieron.
Buscó una óptica casi a tientas. Hasta que lograron decirle la dirección de una. El local estaba por cerrar debido a la hora.
—Necesito un par de anteojos.
—Tengo lentes de contacto muy buenos señorita —comentó con una sonrisa.
—Prefiero lentes normales, nunca me he podido acostumbrar a esos.
Comenzó a probarse los lentes, hasta que dio con unos que tenían su graduación.
—Listo, me los llevo.
Pagó de inmediato, le molestaba tener que depender de un par de lentes para continuar con su vida.
Se encaminó hacía lo que parecía ser un restaurante. En ese lugar deberían de comer los conductores. Su única oportunidad radicaba en encontrar alguno que fuera a Little Rock.
***
Varios hombres de aspecto osco y vulgar comían, bebían mientras esperaban el momento de partir, Mériac entró y estudió a todos. Sin temer a las consecuencias habló en voz alta.
— Me dirijo a Little Rock, ¿alguien me podría dar un aventón?
Durante un par de minutos sólo reinó el silencio, hasta que un hombre de gran tamaño, osco y sucio se puso en pie. La barba marrón cubría la mayor parte del rostro, una mata de pelo con varios días sin baño asomaba debajo de la gorra roja; tenía un aspecto muy similar al de un oso, más que al de un humano.
—Yo parto en medía hora hacía Little Rock.
El individuo pagó y se dirigió a la salida.
—Mi camión es el rojo con naranja, si te interesa, ahí te veo en medía hora.
Mériac lo vio abandonar el restaurante. Se encaminó a la salida cuando una mujer la detuvo por el brazo.
—Jovencita, no creo que sea prudente que vaya con ese hombre, tiene fama de ser muy violento.
—No se preocupe, sé cuidarme sola —sonrió.
—Pero podría pasarle algo... usted es joven y...
—Le agradezco la preocupación, pero... tengo un buen ángel de la guarda —repuso con entusiasmo.
La mujer le dio su bendición a Mériac, sintió un pequeño malestar en el interior; la mujer debía tener algo de Fe.
***
—Vámonos, se me hace tarde —bufó el conductor.
—Muy bien.
Ella subió por el otro lado y partieron. La anciana solo pidió al cielo que protegiera a esa inocente joven, sin saber que las bendiciones deberían de haber sido para el conductor.
***
Llevaban medía hora de camino para entonces. Palestina ya sólo era un pequeño punto en lontananza. Con la mayor naturalidad, el hombre colocó la mano sobre la pierna de Mériac, era algo que ella ya veía venir.
Con amabilidad retiró la mano, al sentir que el tipo hacia fuerza para mantenerla, ella solo incrementó la suya y movió con facilidad la manaza.
Algo sorprendido miró de soslayo a la joven que no apartaba la vista del frente.
Al cabo de cinco minutos intentó de nuevo la maniobra, pero más cercana a la entre pierna. La joven alcanzó a desviar nuevamente la mano, acción que disgustó de sobremanera al conductor.
—¡Escúchame bien, ni creas que vas a viajar gratis en mi camión, si quieres que te lleve a Little Rock tendrás que ser más dócil!
Mériac sonreía.
—Bueno, me puedo bajar aquí y continuar mi camino a pie, me bastará con pedir aventón.
Orilló el camión para detenerlo, miró a la joven, entonces apagó el motor.
—Eso harás, mujerzuela, pero primero me vas a pagar por las millas recorridas.
—No tengo dinero —agregó con toda la inocencia que pudo—, por eso pedí aventón.
—No me quieras ver la cara, ya sabes a lo que me refiero.
Se abalanzó sobre Mériac sin darse cuenta del fatal error que había cometido.
***
Todo fue rápido, cuando pudo reaccionar estaba fuera del camión de espaldas al pavimento del paradero donde se estacionó. No podía respirar, la bota de la joven le oprimía el cuello.
—No creo que esa sea una manera muy hospitalaria de tratar a un turista extranjero —dijo Mériac con una sonrisa.
Trataba de mover la pierna, pero era imposible, esa joven pesaría menos de sesenta kilos, pero no podía moverla ni un centímetro.
—¡Maldita mocosa, te vas a arrepentir cuando me ponga en pie!
«¿Mocosa?", pensó; la palabra tuvo un efecto efervescente en Mériac, era la forma despectiva en la que Nicolás, Mónica, Roberto y Valdus se dirigían a ella, "Mocosa" es un término peyorativo para cualquier vampiro.
Sin pensarlo, quitó la bota de la garganta, lo levantó en peso para azotarlo contra el camión.
—¡Maldito infeliz, no me vuelvas a llamar mocosa o te parto la cabeza!
La fuerza de la joven tenía desconcertado al conductor y sólo alcanzó a asentir con la cabeza.
—Me voy a ocultar en el camión y conducirás hasta Little Rock. Sólo cuando sea seguro, es decir cuando sea de noche, me abrirás la puerta para salir, si te atreves a meterte en la caja antes de llegar a nuestro destino tomaré tu horrible cabeza y la arrastraré por toda la carretera hasta Little Rock.
Soltó al hombre, que la miró con miedo cuando ella se mordió la muñeca para hacer brotar un hilo color carmesí.
—Me voy a asegurar que obedezcas en todo —su mirada se empotró en los ojos del conductor— ¡Bebe!
***
Durante día y medio Mériac viajó dentro del cajón de mercancía. Procuró ocultarse bien de los rayos solares. El calor era sofocante, pero a ella eso había dejado de molestarle. Llegaría a tiempo a Little Rock, pero tendría que tener cuidado, porque quizás esperaban que volviera a esa ciudad.
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Mériac
HorrorDurante veinticinco años de vida inmortal acompañaremos a Mériac en un recorrido donde conocerá las fuerzas más oscuras de este nuevo mundo. La eterna guerra entre Cruzados y la Sociedad Inmortal, los mitos, las familias sanguíneas que conforman cad...
