Capitulo 138

549 41 3
                                        


Aun seguíamos en alta mar, la tarde había caído sobre nosotros y aunque ya era hora de irnos, Estefan estaba ansioso por algo y quería esperar un poco más. Estaba acostada en la punta del yate, viendo como el sol se iba lentamente, el cielo estaba pintado de naranja y rosa y yo me sentía demasiado bien.

— ¡Amor, ven! —gritó Estefan al otro lado, me levante casi resbalándome, corrí hacia donde él estaba y vi lo que nunca creí ver en mi vida, eran ballenas, enormes y hermosas ballenas.

— ¡Amor! —chille sintiendo como los ojos se me llenaban de lagrimas por la emoción— ¡Son ballenas, amor! ¡Mira!

Comencé a saltar, me sentía más que feliz, no cabía en mí, entraban y salían del agua, eran tan grandes y tan perfectas.

—Son tan bonitas—dije siguiéndoles por un largo rato, hasta que desaparecieron bajo del mar.

— ¿Te gustó? —preguntó viéndome fijamente, me acerque a él y lo abrace, apoyando mi cabeza en su pecho y sin dejar de llorar, era sensible, si, era el mejor momento de mi vida, si, lo amaba más que a nadie y justo ahora estaba siendo feliz.

—Gracias—susurre sin dejar de moquear, él me separó solo un poco para verme la cara.

—Te amo—dijo besándome castamente—Y quiero que seas feliz y si es a mi lado mejor

—Lo soy—asentí—Y también te amo, mucho, demasiado y gracias por esto y por...

—Haría esto y muchas cosas más—me volvió a abrazar—Quiero hacerte feliz, Hal, quiero ser parte de tu vida y que tú seas parte de la mía, ya sea hoy, mañana o dentro de unos quinientos años, quiero cuidarte y amarte por el resto de mi vida.

—No voy a parar de llorar—susurre limpiándome los ojos con la palma de mi mano—Yo quiero que me hagas feliz, también quiero ser parte de tu vida y después de ella, quiero... pertenecerte, te amo, Estefan, lo hago desde el primer momento en el que choque contigo y me haces feliz, siempre lo haces.

— ¿Quieres casarte conmigo? —preguntó como tantas veces lo había hecho, asentí llorando.

—Si—beso—Si—beso—Si—beso y lo bese hasta que realmente se estaba haciendo tarde, entramos en la cabina y Estefan fue directo a la orilla, hay esperaba Carlos con otros señores, estaban riendo y festejando. Nos despedimos y fuimos casi a trote de regreso, al llegar, Estefan volvió a recepción devolvió las llaves y nos fuimos a nuestra cabaña del amor.

— ¿Tienes hambre? —preguntó Estefan viendo el refrigerador casi vacío.

—Podemos pedir pizza—sugerí Estefan me estudió con la mirada y asintió con la cabeza, cogió el teléfono de la habitación y pidió la pizza, al parecer había un restaurante cerca que luego nos daríamos una vuelta por allá.

— ¿Qué quieres hacer mientras que esperamos? —pregunte quitándome los zapatos y el short, antes de que respondiera, me cogió de la cintura, levantándome del suelo, reí a carcajadas, abrió el ventanal y sin previo aviso nos lanzó a la piscina, me buscó bajo el agua y me besó llevándome arriba.

—Ahora mismo solo quiero hacerte el amor, una y otra y otra vez—susurró en mi oído mandando escalofrío por todo mi cuerpo.

— ¿Y qué esperas que no me lo haces? —pregunte fundiéndome más a su cuerpo.

—Si comienzo no creo detenerme y esperamos la comida—dijo mientras que repartía besos en mi cuello, en mi boca, en mis ojos, sus manos me daban pequeñas caricias en las piernas, me estaba volviendo loca y me gustaba.

—Ya se me había olvidado—dije riéndome.

—Quiero hacer algo—me miró con deseo y con precaución, me mordí el labio sin saber si sentir curiosidad o miedo por aquella mirada tentadora.

Me acercó a la orilla y me sentó quedando él entre mis piernas, las abrió lentamente y supe lo que estaba pensando, lo que iba a suceder, si el sexo convencional era excelente, no imaginaba que iba a ocurrir si le agregábamos las bocas.

— ¿Puedo? —asentí lentamente sintiendo mi corazón galopar a toda velocidad, Estefan con sus dedos gráciles hicieron a un lado la tela de mi bañador, su mano derecha me arrimó más hacia a él, sus ojos me miraba con deseo y amor, sin dejar pasar un segundo mas, comenzó a "comerme" a lamer y hacer movimientos mágicos con su lengua hecha por los mismos dioses, estaba enloqueciéndome, no podía decir ninguna palabra en concreto, la coherencia había huido muy lejos, mis manos se perdían entre sus cabellos y yo no podía aguantar lo bien que se sentía.

—Estefan...—gemí perdiéndome, se detuvo desconcertándome, sus manos cogieron mis piernas y me volvieron al agua junto a él, se termino de bajar los short y entró en mi con decisión, con dulzura y deseaba que cualquier mujer tendría que vivir, al menos una vez en su vida, este increíble y maravilloso sexo.

—Me estas volviendo loco—susurró contra mi boca, sus ojos perdidos en el deseo. Justo antes de que tocaran el timbre por la comida, Estefan y yo nos habíamos perdido entre el placentero y mágico orgasmo.

—Creo que debería ir yo—susurre entre risas, Estefan me inclinó para ayudarme a salir, cogí la toalla que dejamos secando en la mañana y me cubrí completa, me arregle un poco el cabello y respire profundamente antes de abrir, era un muchacho que parecía un poco menor, me miró y miró a Estefan detrás de mí.

—Lamento si interrumpo algo—dijo casi apenado pero sin que se le escapara la travesura de sus ojos, me contuve en sonreír nada mas, le pague la pizza y los refrescos y con unas buenas noches se retiró. Fui de regreso donde Estefan esperaba ya afuera de la piscina y comenzamos a comer, hablando de todo lo que habíamos sentido y hecho hoy y de la buena decisión que habíamos tomado en escaparnos. Al terminar de comer nos acostamos viendo el cielo estrellado, Estefan acariciaba mi cabello mientras que yo tarareaba una canción.

—Creo que nunca te he preguntado pero ¿Cuántos hijos quieres que tengamos? —preguntó de repente, me voltee a verlo con una sonrisa en mi boca.

— ¿No es muy precipitado para ello? —me acosté en su pecho y comencé a dejarle besos.

—Sí pero quiero saber ¿Cuántos te imaginas?

—Como seis—él sonrió complacido—Pero seguro solo tendremos como tres ¿y tú?

—Dos, niño y niña, siempre he querido tener una niña y un niño—respondió, nos quedamos imaginándonos ese futuro que nos esperaba, era uno lejano pero de saber que era posible hacia que todo mi cuerpo vibrara.

— ¿Quieres probar la ducha? —pregunte señalando la ducha que estaba atrás de nosotros, Estefan me miró y nos levantamos quitándonos la ropa, quedándonos completamente desnudos. El agua era fría pero luego de un rato era un paraíso de agua caliente, las manos de Estefan enjuagaba mi cuerpo, al igual que yo hacía con él, era tan delicado que me daban por segundos ganas de llorar por lo perfecto que podría llegar a ser. Terminamos de ducharnos y entramos a la casa, cerrando el ventanal, subimos a nuestra cama y nos acostamos, acurrucándonos entre la desnudez.

—Estoy muy satisfecho—susurro en mi oído luego de un profundo suspiro—Gracias por hacerme feliz, amor.

—La que debería estar agradecida soy yo—dije encarándolo sintiendo su cálido pecho rozar mi piel sensible a su tacto—Todo ha sido perfecto, el bote, el yate, el desayuno, el buen y santo sexo, tu navegando, las ballenas, este lugar, todo... y te amo mucho.

—Aun falta algunas cosillas—dijo besándome los labios—Y espero que te guste.

—No sé que es pero ya me gusta—susurre bostezando, él se rio—Creo que estoy cansada.

—Yo también lo estoy—susurró besándome de nuevo—Buenas noches, mi amor.

—Buenas noches, mi vida     

VOLVERIA A TI.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora