Capítulo especial #2

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El Apocalipsis había comenzado y Reiner Wolff no estaba interesado.

Podría dormir sobre un terremoto. Qué te den, eso diría.

Rostro impávido y postura descuidada. Mirada perdida en un confín inexplicable. Nadie parecía leerlo, ni siquiera él mismo lo intentaba.

Viernes por la noche y no parecía importarle. Día sin demasiada tarea: eso era de menos. Chico guapo sonriendo a su dirección: desperdicio de tiempo. Platillo favorito en abundancia: habría más de eso, la cocinera era buena.

Nada podría importarle más. Nada que el crujir de su nuevo Camaro negro, cortesía de un padre desesperado, aunque no duró mucho en sus manos. No te preocupes papá, le diría, todavía no pienso en la palabra S.

Pero ni siquiera eso, no cuando su hermano mayor entrometido lo atrapó en sus noches de adrenalina. Me encargaré de eso, pensaba, Spencer es un blando.

Camaro, noche, carretera libre, oscuridad perpetua. Necesitaba eso, era lo único en lo que Reiner Wolff estaba interesado, o que por lo menos le provocaba algo.

Las pastillas. La azul de 30 miligramos, la capsula de 10 miligramos. Por la noche la roja de 50 miligramos. Pastilla azul o pastilla roja, ¿cuál elegir? Todas lo aturdían, todas le quitaban las ganas de dormir.

Insomnio, otra reacción al medicamento, además del aburrimiento constante. No al Camaro, no a las carreras, esas todavía estaban en su organismo, algo que las drogas no lograron hace meses.

Jodidos medicamentos. Me ayudan, pero a la vez no.

Si pudiera ser un animal, ¿Cuál sería?

―Un lobo ―Reiner soltó con sarcasmo.

Kelly Griffin, La doctora Griffin, sólo Kelly o Doc, lo observó con interés. Esa era siempre su mirada, algo que Reiner agradecía, prefería eso a una mueca de compasión. Sip, tengo dieciséis años y soy drogadicto, ¿qué tal?

―Vaya, no esperaba eso ―ella respondió de vuelta con sarcasmo― ¿Quieres ahondar más en ello?

Reiner resopló, sus tenis deportivos raspando el afelpado sillón del consultorio.

―No lo sé, es la insignia de la Casa Wolff, ya sabes como el dragón de los Targaryen o el águila de Gryffindor.

―Tu eres Slytherin ―contratacó Kelly.

―Pero no me van las serpientes.

No es que le vaya mucho de Cultura popular, pero tenía hermanos pequeños que no se cansaban de explicarle cuál era su patronus y como el tal Jon Snow era el heredero a un trono hecho de espadas. ¿Quién hace un trono de espadas? Si vamos por ese rumbo entonces que sea de hielo. Chúpamela caminante blanco.

Reiner nunca admitiría que para ver los episodios con los cachorros se tuvo que meter a un foro de Reddit en búsqueda de respuestas. Era eso o estar perdido frente al televisor.

―¿Algo más? ―Kelly apretó su bolígrafo de gel contra su libreta.

―Creo que los lobos y todo el asunto de manada es interesante, ya sabes, son animales lo suficiente salvajes para estar solos y aun así buscan compañerismo.

Dijo mucho, lo entendió cuándo vio a Kelly murmurar y anotar algo en su libreta. ¿Qué tanto escribirá?

Miró el reloj en la pared. Les quedaba quince minutos. De acuerdo, suficiente.

―Se lo que estás pensando ―Reiner estiró sus piernas dejándolas caer.

―¿Qué estoy pensando? ―Kelly intentó reprimir una sonrisa.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora