EL CHIRRIDO DE LOS RESORTES del camastro es lo suficientemente aturdidor como para obligarme a mantenerme quieto. Estoy boca arriba, con los brazos detrás de la cabeza y los ojos fijos en el techo de tablaroca. La habitación tiene cuatro paredes, lo bastante grande para que quepa la cama y, en otra esquina, un lavamanos.
Suspiro.
Las vueltas de la vida.
Detrás de la puerta no han dejado de escucharse pasos que vienen y van. A cada señal de que la puerta es traqueteada, me incorporo rápido y me hundo en la esquina de la cama, haciéndome ovillo, esperando lo que me depare el día.
Tres días. Eso es lo que llevo aquí. Ilya es el único que se ha asomado para dejarme de comer. No dice nada y yo no pretendo preguntarle nada. En serio, me sorprende que a estas alturas siga vivo. El dolor en la nariz todavía es intenso; late. Logré limpiarme la sangre con el agua del lavabo, pero hasta ahí.
Sería más fácil que me mataran.
Ese es un pensamiento tan cotidiano que ya no me espanta considerarlo.
Hay que pensarlo: a mamá no le dirán nada; está tan dopada con tranquilizantes que no creo que ni se entere. Los Wolff ya se lo esperan; les quitaré una pequeña carga de toda su montaña de problemas. Travis debe sentirse demasiado traicionado como para que le importe. Me pesa Adam, pero pudo sobrevivir todo este tiempo pensando que estaba muerto, así que al final lo superará.
Sí, es mejor que todo acabe de una vez.
Me toco con cuidado el ojo izquierdo. Quién sabe qué daño le causaron, apenas veo bien y duele como el demonio cuando parpadeo. Decido mantener los ojos cerrados, intentando contar el paso de las horas para llevar la cuenta de mi tiempo aquí dentro.
En mi mente solo resuenan las últimas palabras de mi madre. ¿Siempre supo que estaba en peligro? Supongo que pensé que, estando ella aquí, sería distinto, pero ayer me dio la impresión de que llegó a la conclusión de que nunca estaría bien y, por lo tanto, yo aquí tampoco.
De cualquier forma, si Travis me deja ir, ¿a dónde iría? El trato con los Carmine estaría roto, los Wolff en peligro y yo, tan campante, escondiéndome. Ni hablar. Lo único que me queda es permanecer aquí. Si muero, no se podrá romper el trato. Sí, esa es la respuesta.
Me enderezo en el camastro y hago una mueca al escuchar el rechinido del colchón. Me pongo de pie, dando vueltas. Solo abro el ojo derecho para saber por dónde piso. Podría pedirle ayuda a Ilya, siendo el único que tiene contacto directo conmigo. Sin embargo, nunca lo haría. Es demasiado leal. Todo está en mis manos.
No hay nada que me sirva. Me detengo y lo único sólido que veo es la cerámica del lavamanos.
Bueno, mierda.
La puerta se abre sin que haya pasos que me avisen de antemano.
—¿Qué haces?
La voz de Jin es tan clara que me quedo quieto. Abro más el ojo derecho para ver su semblante serio.
—Nada —digo, apartando de inmediato la cabeza del borde del lavamanos.
Jin responde frunciendo el ceño. Lanza una última mirada detrás de ella.
—Seré rapida — le dice.
—Travis querrá hablar contigo después —esa es la voz de Ilya, que suena considerablemente incómodo con todo esto.
—Lo sé —espeta ella, cerrando la puerta tras de sí.
—Pensé que no te volvería a ver —suelto, sin pensar.
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La Manada de los Wolff
Novela JuvenilNoah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él. Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo. Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
