Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
REINER ME ENCUENTRA escondido en el almacén de limpieza, entre las escobas y trapeadores. Cuando la puerta se abre, miro hacia arriba, donde un chico rubio me obsequia una mirada asesina.
—Te estuve buscando por casi media hora —gruñe.
Trago gordo. Por la pinta que tiene parece ser que le está costando no estrangularme.
—Tuve que...tuve que esconderme. —Paso una bola de saliva por mi tráquea—. Ellos...ellos están a-aquí.
Reiner junta sus cejas rubias.
—¿Quiénes?
—Los hombres. Los vi. Lo vi...al...el que asesinó a...—Trago gordo.
Ni siquiera logro terminar, pero no es necesario, un brillo asesino en los ojos de Reiner me hace saber que él me ha entendido.
—¿Hace cuánto? —me pregunta.
—Hace media hora.
Reiner arquea una ceja, saliendo por un momento para comprobar los pasillos.
—Probablemente ya se fueron, o se encuentran lejos de esta ala. —Reiner entra al almacén observándome atacado por el miedo—. Levántate, hay que irnos.
Asiento, pasándome el brazo por mi frente quitando el sudor en ella. Pongo fuerza en mis manos y el pie derecho, para poder alzarme, Pero tropiezo de momento.
Mis pies se han enredado entre el pelo de los trapeadores. Los pateo y unos cuantos que están apilados caen sobre mi hombro.
Alzo la mirada derrotado. Reiner se encuentra mirándome con los brazos cruzados y una ceja enarcada.
—Estoy atorado —le digo.
—Ya vi —Reiner responde.
Suelta un suspiro prolongado, y rodando los ojos extiende su mano para que la tome. Tengo que estirarme un poco para alcanzarlo. Cuando su mano ya tiene la mía, me empuja hacia arriba. Tengo que poner fuerza sobre mis pies para poder elevarme.
Estoy soltando un grito de victoria cuando mi pie enredado en los pelos del trapeador, se tuerce, haciéndome perder el equilibro.
Cierro los ojos al sentir venir el golpe.
Pero Reiner es lo suficiente rápido para atraparme antes. Para cuando abro los ojos, mis pies siguen enredados en el trapeador, y estaría en el piso si no me estuviera aferrando de los brazos de Reiner, mientras mi frente descasa en su estómago.
Él gruñe, medio molesto, medio fastidiado.
No lo culpo.
Aun así, me agarra de los codos, haciéndome parar recto. Y trato de no respirar al sentirlo cerca de mí. Estamos en una posición en la que bien podría clavarme un cuchillo.