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The Troubles - U2, Lykke Li

CUANDO REINER APARCA el auto enfrente de la mansión, podemos ver las luces encendidas de adentro

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CUANDO REINER APARCA el auto enfrente de la mansión, podemos ver las luces encendidas de adentro. Tomo aire. O Gerald está despierto y nos va a matar, o las luces mágicamente se encendieron pero aun nadie se ha despertado. Incluso antes de que Reiner y yo pisemos las escaleras de entrada, ya escuchamos las voces de los Wolff.

Reiner toma la delantera. Nadie nos espera, pero podemos ver directamente las puertas del estudio de Gerald abiertas, y la luz amarilla que sale de ella.

―Yo me encargo ―Reiner no se gira a mí, camina directamente hacia el estudio.

Me atuso el cuello de la sudadera, aspirando el olor impregnado en ella; tabaco y a suavizante de lavanda. De alguna forma el olor de Reiner logra tranquilizar el temblor del frio ―y nervio― de mis manos.

Cuando Reiner abre la puerta, tengo que ponerme a su lado para ver a todos los hermanos Wolff esparcidos en la sala. Y así es como entiendo que esto va más allá de haber salido sin permiso.

Gerald está recargado sobre su escritorio, aun en pijama, al igual que todos. Los cachorros están sentados sobre un sillón, mientras que Tegan y Nash están parados. Al vernos entrar, todos nos observan con rostros medio adormilados.

―Les dije, están bien ―Nash ensarta.

Tegan suelta un suspiro, mientras que Gerald reacomoda el peso de una pierna a la otra.

―¿Y Spencer? ―Es lo primero que nos dice.

Aun no logro descifrar su semblante. ¿Está enojado? ¿Está preocupado? ¿Cansado? Tal vez los tres.

Abro la boca pero Reiner responde al momento.

―Está con Christi.

Al momento todos tratamos de ocultar nuestra sorpresa. Se supone que no le diríamos nada a Gerald, ni siquiera que Spencer se la estaba follando. Aunque ahora que lo pienso, a lo mejor él ya lo sabe. Y más al no ver ninguna reacción de sorpresa por su parte.

Nash farfulla algo. Entonces todavía no le contaba a Gerald sobre la verdadera razón de nuestro escape.

―No quise que fuera solo ―salto al instante, ganándome un gruñido molesto de Reiner.

―¿Y Reiner? ―Esta vez, Tegan frunce el ceño, igual de confundida.

―Fui por Noah ―responde, escueto y rápido.

Me remuevo incomodo ante el silencio de Gerald.

―Lo sentimos. Sé que fue peligroso, pero Spencer...―me callo a mí mismo, analizando el mutismo de Gerald―. ¿Qué pasa?

―Es lo que queremos saber ―K.T suelta un suspiro, tallando morosamente un ojo.

―¿Por qué crees que papá nos despertó a estas horas? No creo que quiera que veamos como los regaña ―Tegan taconea el suelo, dejándose caer en el brazo del sillón.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora