Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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PODRÍADECIRSE que la noche se reproduce a una sintonía rápida. Recuerdo que al reunirnos con los demás adentro del club, decido olvidarme de todos los problemas que tengo sobre la cabeza y que probablemente me caerán más, y me sumerjo en el mundo del vodka y los chupitos que me va pasando Coop. Al rato me encuentro en medio de la pista principal, y aunque no esté bailando, me dejo embriagar por la música tecno y el alcohol en mi organismo.
Lo siguiente es difícil de recordar con claridad.
Las chicas vitorean divertidas. Creo ver a Tegan y Dallas compartir un fogoso beso. A Coop llevarse a la boca las dos bebidas en sus manos. Nash hace un movimiento con Jackie. Creo que Liz trata de coquetear con Sebastian―que sorprendentemente aún no se ha ido―, pero este la mira incomodo mientras los ojos de ella en vez de mirarlo miran a la silla de a lado. Pierdo a Reiner en medio de la noche, mientras Coop me arrastra hacia él y termino encima de sus hombros, tratando de sostenerme con su cabeza para no caer de bruces, mientras me obliga a alzar los brazos y menearlos lentamente como si estuviera en un festival de música hippie.
Trato de olvidar todo, en serio lo trato, pero al cabo de horas termino pensando en el mismo problema: Travis. Mi jodido medio hermano. Ahora estoy más encabronado. Por lo menos antes el asunto era conmigo, ahora viene tras los Wolff, tras su propia familia y eso me da ganas de ir en estos exactos momentos y estrangularlo con mis propias manos, mis manos llenas de sudor y glitter por el maquillaje de Coop.
Y por supuesto termino vomitando en los baños de club. Me quedo un rato en la tasa, con mis pies afuera del cubículo, y sé que no se le hace difícil encontrarme ya que mis converse negros deslavados son icónicos en mí, y es fácil saber de qué numero calzo. No, no soy del seis.
La puerta del cubículo se abre, lo bastante lenta para darme tiempo en alzar la vista y encontrarme con sus ojos verdes.
―Acabo de vomitar ―anuncio, esperando que sea lo suficiente para llamar su atención. Si, así de raro soy.
Reiner no responde, en vez de eso, con su semblante neutral me toma por los brazos, alzándome hasta chocar torpemente mi pecho contra el suyo. Me dejo llevar hacia los lavamanos, guiándome hasta el chorro de agua helada del grifo. Reiner se encarga de mojar todo mi cabello hasta el cuello. Cuando terminamos, jala el papel del dispensador frotándomelo con precisión sobre mi cara y cabello. Termino arrebatándole el papel, acabando el trabajo yo mismo, haciéndolo más lento y delicado.
Salimos del baño, apenas logrando traspasar a la gente. Mi falta de equilibro no ayuda en nada. Me siento en la barra, aceptando el vaso con agua que me extiende Reiner. Miro a mi alrededor y por un momento no encuentro a los chicos. Reiner espera a que vacíe completamente el vaso para una vez más guiarme entre la multitud. Estoy por preguntarle por los chicos cuando lo siento tomarme de la muñeca, empujándome hacia algún lugar del club, dejando que mi espalda choque contra alguna pared. Siento su respiración sobre mí antes de que pueda reaccionar.