Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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—¿TRATAN DE VOLVERME loco?
A mi lado, mi celular no deja de vibrar. No sé cómo fue, pero ahora los chicos saben que tengo celular. Probablemente Tegan le dio mi número a Coop y él se los pasó a los demás. Ahora crearon un grupo de chat donde todos estamos, incluso los cachorros.
En todo lo que va de la mañana no han dejado de mandarme mensajes. Y Jackie, Oh Dios, ella no ha dejado de enviarme gifs de corazones y ositos abrazados.
—Chico, eso no es nada —Coop se limita a sonreír con burla.
—Juro que si escucho otra notificación destruyo el celular —digo al momento en que otro mensaje me llega—. Jodete.
Coop suelta una carcajada que me revienta el tímpano. Y ni siquiera sé porqué sigo con él. Me levanto del sillón donde estamos sentados y me dirijo al recibidor. Los hermanos Wolff están desperdigados por toda la primera planta. Tegan está en las escaleras con K.T, Spencer y Nash están en la cocina y Ari se encuentra escrutándome con su mirada desde el recibidor.
—Ari...—empiezo.
—Sería más rápido si nos lo dijeras ahora —me espeta mirando a sus hermanas en busca de refuerzos.
Tegan y K.T me otorgan una sonrisa de lado, como si me entendieran en este momento. Todos estamos afuera de la oficina de Gerald, mientras adentro Reiner se encuentra contándole todo.
Los hombres, Sebastian, el trato, las carreras clandestinas. Todo.
No sé cómo sentirme al respecto. Probablemente Gerald no vuelva a dejar a Reiner competir, probablemente nos prohíba a hacer todo esto.
Mis conjeturas son cerradas con candado cuando la puerta del estudio se abre. Todos nos acercamos. Coop, Spencer, Nash, Ari, Tegan, K.T y yo.
Reiner es el primero en salir, esta serio como siempre, con la mirada puesta en sus hermanos y por unos segundos en mí. Trato de controlarme.
—Bueno, pues al parecer tenemos un problema, un serio problema —Gerald sale dando pisadas cortas y lentas.
Los ojos de Gerald se posan en mí, y no sé si baste pedirle perdón.
—¿Qué sucede? —Spencer es el primero en empujar.
Gerald mira a Reiner y a mí por última vez antes de decir:—Me temo que mi plan ha fracasado, pensé que podría hacerlo a mi manera, pero no fue lo suficiente. Se lo dije a Reiner antes de buscar a Noah. Le prometí que si esto no funcionaba dejaría ir a Noah, que buscaría otra manera de mantenernos seguros. Yo cumplo mis promesas. Así que es momento de dejarte ir.
Me mira y puedo ver una terrible decepción y tristeza en su mirada. Él piensa que ha fallado, a mí, a sus hijos y a sí mismo.
—Gerald...—comienzo. Pero Spencer me interrumpe antes de que empiece.