Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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—¿DE VERDAD TENEMOS que hacer esto? —Spencer gruñe mirándonos con ojos de muerte a Reiner y a mí.
—Tú no —Reiner le espeta mientras maneja rumbo a nuestro destino.
Spencer vuelve a gruñirle.
—Es verdad —digo ganándome una mirada de sorpresa de Spencer. Me encojo de hombros agregando:—Esto es entre Maverick, Reiner y yo. No necesitas acompañarnos.
Alzo el cuello para ver desde el espejo retrovisor la cara que me pone Spencer, como si me dijera: ¿De qué lado estás?
Vuelvo a encoger los hombros. A mi lado, Reiner chasquea la lengua, como si le dijera su hermano: Ja, te gané.
Spencer vuelve a gruñir, y luego de cinco segundos continua:—Ya saben por qué tengo que venir. ¿No recuerdan? Papá ya sabe de las carreras.
—Por lo tanto no es necesario que sigas con esto —Reiner lo interrumpe, con una voz extrañamente calmada.
Me pregunto si acaba de medicarse...
—No, Reiner, todo lo contrario. Ahora papá no quiere que te quite la mirada de encima. —Spencer se remueve incomodo desde el asiento de atrás—. Así que soy su niñera. ¿Cómo lo ven?
Reiner me tira una mirada de soslayo, yo me encojo de hombros otra vez.
La verdad pensamos que el tema de las carreras sería difícil de lidiar con Gerald, pero después de unos cuantos gritos de su parte, nos hizo prometerle que tratáramos de dejarlo. Pero por supuesto él sabe que no lo haremos, por lo menos Reiner, y si Reiner continua, yo estaré junto a él.
Pero primero lo primero, hay que lidiar con la pandilla de Maverick.
—Deberías preocuparte más en tu futuro, hermanito —Reiner le contesta—, escuché por ahí que tu noviecita piensa dejar la mansión.
Desde donde estoy sentado puedo sentir la fura salir de Spencer. Vuelvo a comprobar en el espejo, Spencer me tira una mirada asesina. Supongo que cree que yo le conté a Reiner de lo suyo con la mucama, Christi. Debería aclarar eso con él.
—¿Y qué me dices de la universidad? —Reiner continua sin quitar los ojos del camino, aproximándonos a nuestro punto de reunión—. Tendrás treinta cuando apenas termines tu carrea.
—Ahora no, Reiner —Spencer lo calla.
Eso ahora lo entiendo. Spencer me lo explicó. Van dos veces que apropósito repite año en St. George, porque teme dejar a su familia con todos los daños y enemigos que cargan. Y lo entiendo, así que por eso no lo juzgo.
Reiner sigue respondiéndole, Spencer lo calla con palabrotas y yo sólo me concentro en el camino, no hasta que llegamos a la calle Fern. Reiner se calla de inmediato, apagando el motor enfrente de dicha casa llena de matones.