Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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DEJO QUE LAS LUCES de la gran ciudad me guíen por los callejones. A pesar de que estoy a la par de Reiner, él es el que nos guía por las calles transitadas de personas. Miro al suelo, guiándome por sus zapatos deportivos mientras da otra vuelta a otra calle. Lo sigo manteniendo la boca cerrada hasta que los segundos pasan y empiezan a hacer un tormento.
Pero antes de que abra mi bocota, Reiner se detiene de momento, y sin esperar a que le preste atención, alarga su mano señalando al inmenso restaurante que se encuentra al otro lado de la acera.
—Es ahí —dice girando su cabeza para verme—. ¿Estás seguro de esto?
No. Lo que más quiero es olvidar todo esto, pasar página. Pero el pensar que Travis es mi medio hermano...me hiela la sangre. Necesito respuestas.
Cuadro los hombros, alisándome torpemente mi camisa, palmándome con nerviosismo los bolsillos de mis vaqueros.
—Estoy listo.
Reiner no vuelve a preguntar. Nos encaminamos hacia el otro extremo de la calle hasta llegar a la acera del lugar. Reiner abre las dos puertas del recinto y pasa de largo al recepcionista empezando la búsqueda de Gerald con su mirada.
No tardo en visualizarlo. Está sentado en las mesas a la derecha, casi al fondo. La persona que lo acompaña es otro hombre trajeado. Gerald se ve tan pulcro como siempre; su traje bien planchado y su corbata fija. Se lleva a sus labios una copa con liquido amarillento, mientras presta atención al hombre que no para de hablar.
Trago gordo y parpadeo para tratar de concentrarme. Sin ver a Reiner, jalo débilmente de su manga llamando su atención, y con mi barbilla señalo el paradero de su padre.
Reiner estrecha su mirada y antes de ponerse a caminar, se dirige a mí:—Sígueme la corriente.
Hacemos nuestro propio camino hacia la mesa de Gerald. Reiner ya se encuentra cerca de él. El hombre que lo acompaña se percata primero en nosotros, pero continúa hablando, no hasta que Reiner se posiciona enfrente de la mesa, aclarando su garganta.
El hombre para de hablar, confundido con nuestra llegada. Gerald se queda quieto y le toma tres segundos en voltearse a buscar el sonido que detuvo su reunión.
—¿Reiner? —sus ojos se abren de par en par— ¿Noah?
Le muestro una débil sonrisa, mientras su hijo se cruza de brazos.
—¿Qué hacen aquí...?
—¿Dónde has estado? —Reiner lo calla con aquella voz seca y gruesa—. Te estuvimos esperando casi dos horas.
Gerald tiene la boca abierta.
—¿Qué? Pero...
—Noah no deja de soltar esas flatulencias. —Reiner se gira a mí abriendo los ojos como su fuera una señal.