39. Sin miedo, sin vacilación

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Running With The Wolves - AURORA

EL VIERNES EN LA MAÑANA Reiner me levanta para nuestra última caminata

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EL VIERNES EN LA MAÑANA Reiner me levanta para nuestra última caminata. Esta vez Kid Cudi llena el silencio mientras corremos por el vecindario. Volvemos a la mansión una hora después. Me alisto para mi último día en la escuela y cuando bajo Dalia está preparando tortitas para todos. K.T es la única que al notar mi entrada me mira con ojos decaídos. Incluso Gerald está con nosotros. Irá a su oficina y regresará antes de la carrera.

Trato de no ser tan obvio en la escuela. Tomo mis clases y anoto la tarea que dejan como si de verdad la haría. Como en la cafetería con los demás, con un silencio sepulcral invadiendo nuestra mesa. Los Wolff no hablan, Coop, Liz y Dallas son los únicos que elaboran temas de conversación. Y para sorpresa de todos —no la mía— Jackie no habla. No parece triste, pero hace todo lo posible para que nuestras miradas no se crucen. Trato de hacer lo mismo. Aun así, cuando me encuentro con Sebastian en los pasillos y él me regala una mirada cómplice, me doy cuenta de todo. De verdad vamos hacer esto, de verdad voy a escapar otra vez.

No estoy seguro. Dentro de mí, quiero estar con los Wolff, porque dentro de mí amo ser un Wolff.

 Dentro de mí, quiero estar con los Wolff, porque dentro de mí amo ser un Wolff

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ES CASI MEDIA NOCHE cuando salimos de la mansión. K.T y Ari me esperan afuera en la entrada. Gerald se quedará con ellos, con el teléfono en la mano para estar al tanto de todo.

K.T llega a mí antes de que llegue a ella. Es extraño como al principio tenía miedo que ella me abrazara por miedo a Reiner. Ahora me doy cuenta que Reiner ya ni se inmuta. Así que la estrecho contra mí, sus brazos rodeando mi cuello, y con un último adiós ella me susurra:

—Gracias.

Le entiendo cuando me mira, cuando mira a sus hermanos y con su mano toca por un momento donde se supone que está la cicatriz de la herida de bala. Le sonrío, pero no sé qué decir. Ari se me queda viendo, luego de momento y sin mesura se tira a mí.

—Quien diría que al principio me creíste un violador —le digo sobre su hombro.

Él se separa rápidamente, y para sorprenderme una vez más me da un golpe en el abdomen.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora