23. Velocidad al volante

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Midnight - Boys Noize & Mr. Oizo Handbraekes Remix

NASH ME GUÍA entre el mar de gente y me sorprendo que ninguna persona nota algo extraño en mí

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NASH ME GUÍA entre el mar de gente y me sorprendo que ninguna persona nota algo extraño en mí. Hay un mar de diferencia entre mi complexión y la de Spencer. ¿Pero qué se puede esperar de personas alcoholizadas?

A unos cuantos metros —y para mis nervios— logro divisar la figura encapuchada de Reiner. Él se encuentra recargado en el capó del Camaro, con los brazos cruzados mirando al horizonte. Los cabellos que logran salir de su capucha se arremolinan con la brisa gélida de la noche. Lleva igualmente una sudadera negra y sus habituales pantalones deportivos de Adidas.

En los autos enfilados capturo a Sebastian a lado de un BMW rojizo. Al otro costado se encuentra su compañero vendedor de órganos de cabeza rapada. Los dos parecen listos para la acción, como si no pudieran esperar más.

Cuando Sebastian gira su mirada hacia mi dirección la aparto rápidamente tratando de acomodarme el pasamontañas.

Estoy pensando sin prudencia. ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué lo hago por los Wolff?

Porque dentro de ti te importan.

Cállate conciencia.

¿Por qué me importarían? Desde que nuestras vidas se cruzaron no han hecho otra cosa que hacerme cuestionar si vale la pena seguir respirando. Y ahora me están haciendo competir en una carrera diabólica a lado del mismo demonio.

Mis pensamientos son interrumpidos cuando Nash me da un codazo. Cuando encuentro su mirada veo que me está advirtiendo de nuestra aproximación a Reiner.

Hora de la verdad.

Reiner no tarda en localizar nuestra llegada. Alza su mirada apuntándome con la barbilla.

—Hermanito, ya te estaba extrañado —socarronería sale de sus labios sin siquiera saber lo que le espera.

Me acerco un poco más a él, esperando que el cuerpo de Nash sea lo suficiente para hacer que nadie más que Reiner pueda verme. Bajo la tela que se amolda a mi rostro mostrándome a él y me quito las gafas de sol.

Reiner arcea su ceja rubia observándome con confusión.

—Umm...Tú no eres mi hermanito.

—Reiner. —Nash se interpone entre los dos alzando sus manos a modo de paz—. No había otra manera.

—Tengo muchas maneras de romperle la cara...¿Pero no pudieron encontrar una solución? —Reiner chasquea la lengua abriendo de golpe la puerta del conductor—. Me decepcionan. Acudir al intruso es algo deprimente. ¿No se tienen respeto?

—Oye, se más agradecido. —Quito a Nash de en medio para estar cara a cara con el demonio. Trato de no hacer caso a la mirada de advertencia que hace Nash—. Si yo fuera tu hermano ya te habría vendido a una mafia cubana para que te explotaran. Tus hermanos en otro caso, están tratando de salvar tu pellejo.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora