2. Bienvenido a la mansión Wolff

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Run - Kill It Kid

A VECES LA VIDA te tira piedras en vez de limones

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A VECES LA VIDA te tira piedras en vez de limones. Con las piedras no puedes hacer limonada.

Y yo estoy jodidamente harto de las piedras.

Me despierto con un dolor insoportable en la parte trasera de mi cabeza, y un malestar punzante en mi ojo izquierdo. Me retuerzo entre una mezcla de dolor y fatiga, luego pego un salto sorpresivo al percatarme en quién sabe dónde esté sentando.

Primero escucho el sonido de un motor andante, luego una extraña voz que logro reconocer. Cuando mis ojos logran abrirse completamente, me encuentro con el hombre elegante sentando enfrente de mí. A pesar de que estoy en la línea de su visión, él no es el primero en notarme.

—¡Buenos días princesa! —Una voz llena de socarronería me hace saltar por segunda vez sobre mi lugar.

Aquel chico causante de mi dolor, se encuentra sentado con los brazos cruzados sobre su pecho. Está vestido con unos pantalones para correr, acompañados de una simple camiseta negra.

Tiene la vista fija en mí y aquellos ojos verdosos no hacen nada más que perturbarme.

—Bien, ya despertaste. —El hombre elegante sonríe gentilmente a modo de disculpa.

Que se meta su disculpa en su trasero.

No hago nada más que obsequiarle una mirada de muerte. Miro a mí alrededor comprobando que estoy en auto en movimiento, que posiblemente vale más que mi patética vida.

—¿Van a matarme? —pregunto de inmediato aguardando el momento de mi final.

Puede que me dejen tirado en algún terreno baldío o me entreguen a las personas que me buscan. Ninguna de las dos opciones me gusta.

—Ya te lo dije Noah, no vine a hacerte daño —Gerald Wolff aclara aunque el chico de la esquina deja soltar una risa sínica.

Como si le creyera su actuación después del golpe que recibió mi rostro. Alzo una ceja, molesto por sus palabras.

—El dolor de mi ojo izquierdo dice otra cosa.

—Eso es algo que no debió de ocurrir. —Mata con la mirada al chico pero este no se reprocha nada, en vez de eso se encoge de hombros mostrándose inocente.

—¿Qué querías que hiciera? Se iba a escapar.

El hombre gruñe en respuesta.

—Hablaremos de eso después, ahora hay un asunto más importante que hay que discutir.

¿Mi muerte?

—Debes estar muy confundido. —Y molesto, pero no le digo nada—. Pero lo que te dije anteriormente es verdad. Yo fui amigo de tu padre.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora