Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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REINERES RÁPIDO. Sale del otro extremo de la piscina tomando a Ari de los hombros, llevándolo a dentro de la casa. Al momento de verlos desaparecer me sumerjo tratando de encontrar el bañador, luego nado a cómo puedo hacia la otra dirección de la piscina. Empiezo a temblar al sentir el aire golpear mis extremidades. Mis brazos tiemblan, mis piernas igual.
OH.DIOS.SANTO.
Un mar de emociones se abalanza sobre mí. K.T está en aprietos. No sé qué mierdas ha hecho Sebastián, pero por su bien espero que nada, y luego lo que pasó hace unos segundos con Reiner. El corazón me late a mil por hora mientras me pongo el empapado bañador y me quito la camisa calada de agua. Tomo un respiro antes de entrar de nuevo. Mi jodida polla sigue erecta y latiendo. Mierda, mierda y más mierda.
Tomo otro respiro. Contengo el aire y dejo que mi camisa me tape la parte de abajo mientras salgo corriendo por toda la sala hasta subir a mi habitación. No tengo mucho tiempo, es obvio que ahora iremos por K.T. Así que me adentro a la regadera, dejando que el agua helada caiga sobre mí para poder apaciguar el latido caliente. Al terminar me cambio completamente de ropa.
Necesito concentrarme en K.T, no en el recuerdo de Reiner chupándomela. Ahora lo que importa es K.T, porque Maverick está con ella y no sabemos de lo que es capaz. Incluso Travis ya podría estar ahí.
Salgo de la habitación trotando hacia las escaleras sin detenerme en revisar la habitación de Reiner. Él ya está abriendo la puerta principal con las llaves en mano.
―¿Por qué no puedo ir con ustedes? ―le dice Ari mientras lo sigue hasta la acera donde dejamos el Camaro.
―No está en discusión ―Reiner ensarta sin dedicarle la mirada.
―Es peligroso, Ari ―agrego trotando hacia el asiento del copiloto.
Las cejas tupidas de Ari se chocan entre sí, aferrando su celular entre sus manos.
―Ella me va a necesitar.
―K.T nos matara si te dejamos venir ―le digo mientras Reiner ya se encuentra encendiendo el motor.
Ari abre la boca, pero luego se lo piensa unos segundos, terminando por cerrarla.
―Todo estará bien ―aseguro―. Ya vamos por ella.
―Enciérrate bien ―es lo último que le dice Reiner antes de arrancar el auto, llevándonos afuera de la mansión.
―¿Le dijo a Ari dónde están? ―opto por preguntar sacando rápidamente mi celular.
―En la guarida ―me responde, dejando que sus manos se aprieten con fuerza en el volante y su pie en el acelerador.
Desbloqueo la pantalla sólo para percatarme de mi buzón de llamadas: todas perdidas del número de Sebastian. Maldigo alto.