40. El Wolff perdido

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Believer - Imagine Dragons

CUANDO DESPIERTO, apenas si soy capaz de mantener los ojos abiertos

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CUANDO DESPIERTO, apenas si soy capaz de mantener los ojos abiertos. Mi línea de visión es borrosa, y más cuando mi cabeza continua estampándose contra algo duro.

Tengo que parpadear varias veces para entender que estoy arriba de un auto en movimiento.

Entonces los recuerdos atacan mi mente.

La carrera.

El auto volcándose.

Spencer.

Jesús, Spencer.

Hago lo posible para aclarar mi cabeza. Lo primero que veo es el techo del auto, después unas voces.

La alarma en mi cerebro empieza a encenderse.

Me encontraron.

Me tienen.

Moriré.

Dejo salir de mí un ruido gutural cuando muevo mi brazo.

Está roto, roto, roto.

Me maldigo por ser ruidoso, a lado de mí alguien se mueve depresiva, necesito abrir bien los ojos para notar al hombre que está cerca. Y trato de no vomitar cuando noto el tatuaje de luna en su cuello.

Sergey Pávlov. Antes era la mano derecha de mi padre. Crecí con los hombres de mi padre, todos altos, llenos de tatuajes y con la palabra muerte impregnada en sus frentes. Pero Sergey Pávlov era el causante de mis pesadillas. Ni siquiera era tan musculoso e imponente para causar miedo. Pero sus ojos negros afilados y sin alma no me dejaban sostener su mirada por mucho tiempo.

Sergey Pávlov muchas veces fue a mí, mi padre siempre lo apartaba. Sergey Pávlov me quería bajo él. Con catorce años yo ya rondaba en su mente.

Sergey Pávlov fue el causante de aquel fatídico día. Recuerdo su sucia voz llamarme luego de que minutos antes había metido una bala en el cráneo de mi padre. Sergey me llamaba. Gritaba mi nombre. Me quería en su colección.

Y logré escapar de él esa vez. Hasta ahora.

Ahora está a solo unas pulgadas cerca. Su pesada mirada sobre mí y una sonrisa jactanciosa dibujada en su rostro. Él sabe el poder que tiene sobre mí.

Él me tiene.

Me trago las lágrimas.

—Nikolai Junior —gorgotea de regocijo—. Cuando tiempo sin verte. Ya has crecido mucho, todo un hombre.

Tengo que contener un grito cuando su mano viaja hacia mi cuello, tomándome, acercándome más a él.

Susurra en mi oído:—Te extrañé tanto. Pero te prometo recuperaremos el tiempo que perdimos.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora