24. De redadas a heridas

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Lionhearted - Porter Robinson

ME AFERRO AL CUERO del asiento mientras Reiner se desquita con la adrenalina del momento y la ira acumulada

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ME AFERRO AL CUERO del asiento mientras Reiner se desquita con la adrenalina del momento y la ira acumulada. Se me pasa el detalle de lo último que le dijo Reiner a Maverick cuando un Camaro amarillo intenta interceptarnos por la retaguardia. Le anuncio a Reiner el problema, él actúa rápido dando un giro brusco a la derecha, obstruyéndole el camino, pero ganándose la furia del piloto.

Hay demasiadas voces en mi cabeza. K.T está desprotegida, Maverick sabe que fuimos por Stepanov. Ahora si está muy claro que Travis viene contra los Wolff. Y aquí estamos, dando la última carrera por el estúpido trato que hicimos con Maverick. Entiendo que el botín ganador es inmenso, pero no entiendo exactamente porqué Maverick lo aprecia tanto, si ya tiene un buen negocio con las drogas y siendo el perro faldero de Travis. Nada me hace click.

Reiner gruñe mi nombre cuando sentimos como un auto nos pasa rayando.

Concéntrate Noah, concéntrate.

Esta es la última carrera, y si Dios quiere, Reiner dará su brazo a torcer. Es ahora o nunca.

Dejo que Reiner se pegue más en la retaguardia de un auto enfrente nuestro, y poco a poco hacemos nuestro camino. Para cuando Reiner da un perfecto giro de ciento ochenta grados, la carrera se pone intensa. Entramos al último tramo para llegar a la meta.

Entonces las sirenas de una patrulla nos sacan de nuestro transe psicodélico.

―¿Esos son..? ―La pregunta se me atora en la garganta.

Reiner se está quitando la pañoleta cuando los demás competidores ya están dando huida.

―Mierda ―masculla tomando acción al instante.

Da un giro para salirse del camino, pero los autos que están detrás se vuelven locos. El nervio los atonta, y los estúpidos terminan bloqueando nuestra salida.

―K.T ―es lo único que me sale decir.

Por unos segundos Reiner y yo nos observamos, decidiendo con nuestras miradas nuestra próxima movida.

Reiner ya sabe mi respuesta, así que cambia las velocidades llevándonos directo hacia el gentío.

Me aferro a mi asiento, dejando que Reiner tome el control. Esta vez pasamos la meta pero ya no importa, no cuando las personas que se reunían para ver la carrera ya se encuentra corriendo como locos. Me pego a la ventana buscando a K.T. Reiner esquiva autos y personas sólo para llevarnos más cerca al lugar donde dejamos a K.T con Sebastian.

No se encuentra su BMW.

―Ya se fueron ―afirmo más que intuir.

Reiner no me responde, sigue buscando en los alrededores con su ceño fruncido.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora