27. Escape nocturno

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2020 - Suuns

AÚN NO ME DERRUMBO

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AÚN NO ME DERRUMBO. Pero veo cómo pasan los días y esta creciente sensación de psicosis se apodera cada vez más de mí. Los Wolff parecen sentir lo mismo. Al principio permanecíamos más unidos. ¿Ahora?, queremos arrancarnos los ojos los unos con los otros. Gerald intenta mantener las cosas en orden. Él siempre nos dice: Lo estoy solucionando. El abuelo Lucien está al tanto, lo estamos solucionando.

Pero no parece. Así que mientras nos quedamos encerrados en estas paredes y en nuestros pensamientos. Spencer se está volviendo loco al no recibir ninguna noticia de Christi, pero se queda quieto, tratando de ponernos el ejemplo. Yo igual intento, pero el humor que se carga cada Wolff me lo hace imposible. Pensé que podría, después de todo estuve casi seis meses encerrado en una habitación de un motel cuando aquellos hombres seguían detrás de mí. Era un niño, y aun así pude soportar más la reclusión que ahora. Ahora quiero saltar por la ventana de mi habitación.

Y no es porque Reiner me ha estado evitando y pareciera que quiere volver a ese tiempo en que su único pensamiento eran las formas de matarme...No, para nada.

Sigo sin comprender esos cambios de humor tan drásticos. ¿Es por qué le guardé el secreto sobre Spencer? ¿Por qué aún sigue resentido que yo le dije sobre las drogas a Gerald? ¿O simplemente me quiere joder porque se encuentra aburrido?

Hace unos días decidí seguirle la corriente. QUE.SE.VAYA.A.LA.MIERDA. Tengo otras cosas de las que debo preocuparme.

Ni siquiera se siente las cinco semanas que pasaron desde que Gerald nos puso un candado. Pero debo tomarle la palabra. Ya van cinco semanas sin que ninguno de nosotros sea drogado, golpeado, balaceado o simplemente herido.

Estamos bien. O eso creemos, porque tengo la sospecha que sólo seguimos intactos gracias a Travis. En cualquier momento puede chasquear sus dedos y seremos rodeados. Así que cuando esta mañana Gerald me llama a su estudio, esa sensación de psicosis vuelve al ataque.

Ni siquiera me lo pienso. Los chicos están haciendo el desayuno porque esta vez Gerald tuvo que mandar a todos los trabajadores a sus casas. Adiós a los chilaquiles de Dalia, adiós a las mucamas que cada mañana arreglan perfectamente mi cama. Dios...sueno como un niño pijo.

Ahora nos conformamos con panqueques y huevos revueltos.

Me empino mi taza de café tibio y me zampo el ultimo trozo de pan. Les murmuro entre bocados, pero los chicos están demasiado fastidiados con el comienzo de otro día aburrido, que ni se obligan a responder.

Arrastro los pies con mala gana y me dirijo hacia el estudio. Gerald me espera sentado en su escritorio. Lleva las mangas arremangadas y sus lentes de lectura chuecos sobre el arco de su nariz. Si no lo conociera pensaría que está por entrar en crisis.

―¿Gerald? ―Aclaro la garganta.

Él alza la vista abruptamente. Parpadea, luego se recompone carraspeando, mientras acomoda torpemente los papeles desperdigados de su escritorio.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora