26. Bienvenido a la manada

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Wolf like Me - TV On The Radio

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SUEÑO. No es una pesadilla. Pero no es un buen sueño después de todo.

Es mi cumpleaños número catorce. Papá me sonríe, mientras mi madre entra en escena llevando una tarta de cumpleaños en sus manos. Los dos me cantan, me felicitan. Sólo somos los tres. Mi familia.

Entonces un sonido estruendoso se escucha. Aquellos hombres flanquean la puerta de mi hogar. Mi madre grita dejando que el pastel se caiga de sus manos al suelo. Ella corre hacia mí, protegiéndome, mientras que mi padre se intercepta protectoramente sobre nosotros.

Un disparo. Mi padre cae al suelo.

Otro disparo. Mi madre lo acompaña.

Un charco de sangre pinta la moqueta. Mi mirada se alza para contemplar la figura de aquellos hombres. Se lo que harán conmigo, pero no me puedo mover. Así que ellos se acercan. Aquel hombre con un tatuaje de luna en el cuello. Antiguo compañero de mi padre. Nos engañó, trabajaba para alguien más.

No te muevas —me dice—, será rápido.

Y cuando está encima de mí, cierro los ojos. Porque es lo único que puedo hacer.

Y entonces despierto.

El sonido de una máquina que hace bip...bip...bip, me hace volver al mundo real.

Abro los ojos y una luz blanca me ciega por unos segundos. Al parpadear me concentro en el techo. Huele a cloro y alcohol. Se escuchan voces al fondo y el sonido de un teléfono.

Parpadeo, me trago una bola de saliva. Muevo mis manos y los dedos de mis pies. Entonces estoy despierto. Giro a mi derecha y veo maquinas conectadas. Estoy en una habitación.

Llevo una bata de hospital y en mi mano derecha tengo conectada una manguera directo a una vena, donde posiblemente me estén pasando antibiótico.

Estoy en un hospital.

Joder.

Me dispararon.

Trato de alzarme, pero un dolor crudo me hace desplomarme otra vez en la cama. Mi hombro izquierdo pesa. Busco a tientas encontrándome con una gaza.

Estoy bien. ¿Estoy bien?

—Estás vivo.

Alzo la vista rápidamente. Reiner se encuentra sentado en un sillón, con los brazos cruzados y una pierna encima de otra.

Parpadeo.

—Tienes bastante suerte —dice—, parece que el arma que usó no estaba del todo calibrada.

—La bala...—Toco mi hombro, llevando mi mano debajo de mi bata. Estoy envuelto en gazas.

—Entró limpia —me responde enderezándose del sillón—. No fue difícil extraerla.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora