Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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MI MENTE QUEDA petrificada al ver el cuerpo de mi aparentemente primo doblado sobre el piso de mi habitación.
—Mierdaaa...—gruñe revolcándose como si se le fuera la vida en ello.
Quien diría que una almohada de plumas resultaría como un arma efectiva.
—¿Por qué la violencia? —Los ojos del chico se alzan hacia donde estoy haciendo un puchero.
Ruedo los ojos automáticamente. O los Wolff son demasiado cínicos o demasiado quejicas.
—Tampoco te corté un brazo —chisto yendo hacia él. Cuando trato de levantarlo su peso me sorprende.
¿Qué comen los Wolff? ¿Reses enteras? ¿Litros de proteínas? ¿Bebés?
—Levántate...—Uso todo mi peso para alzar al chico pero parece que estoy luchando con un luchador de sumo.
Mientras el chico gime, uso toda la fuerza posible, pero de buenas a primeras no aguanto su peso, y término agotado sin darme cuenta cuando él me jala hacia abajo para poder alzarse, y termino cayendo de trompa.
Mi mandíbula choca contra su pecho y él termina por dar otro grito de dolor.
Una punzada sube por mi costado al sentir su rodilla enterrarse en mi costilla. Le doy un jalón para alejarlo, pero el chico usa su fuerza para bajarme de él. Caigo a un lado, pero como nuestras piernas están entrelazadas, el chico me acompaña.
Y ahora yo lo tengo encima.
En un mal momento, la puerta de mi habitación se abre con una fuerza descomunal. Dejándome ver a tres siluetas entrar en el dormitorio. Cuando la luz se enciende y me ciega sólo puedo escuchar la voz de Tegan.
—¡¿Qué coño?!
Mis ojos se acostumbran a la luz y lo primero que veo es a Spencer, Tegan y Reiner observándonos con extrañeza y alteración.
Rápidamente mis ojos se encuentran con los del chico, y cuando este los abre alarmado me doy cuenta de nuestra posición.
—Bájate —gruño dándole un manotazo en su pecho.
El chico cae hacia atrás, ocasionando otro golpe en su cabeza.
—¡Coop! —grita Tegan yendo rápidamente a su encuentro arrodillándose a su lado—¿Qué carajos estás haciendo aquí?
Cuando logro sentarme en el piso siento las miradas de muerte por parte de los hermanos Wolff. El chico ya está sentado sobándose la cabeza.
—¿Van a hablar o qué? —exige Spencer dándome cuenta por primera vez que lleva una raqueta de Lacrosse en su mano listo para cualquier cosa.