Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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ME DESPIERTO amordazado.
Puedo sentir las gruesas cuerdas amarradas en mis muñecas, en los apoyabrazos de una silla, y también las siento enredadas en mis tobillos. Percibo un olor a dentífrico y vislumbro motas de colores en mi visón.
Me estoy despertando.
O puede que he llegado al infierno o uno de los Wolff volvió a jugar contra mí.
No pasan ni dos segundos cuando escucho un respirar pesado cerca mío, y cuando logro abrir un poco más los ojos, noto las figuras de dos cuerpos.
El primero se trata de Ari. Su mirada no se aparta de mí, como si esperara un movimiento mío, como si estuviera listo para atacar, lo que es estúpido considerando el hecho de apenas si puedo moverme o decir algo. El segundo cuerpo es más alto y fornido, y no me toma mucho tiempo en averiguar que la figura que está a lado de Ari es Spencer.
Y por alguna razón, mi cuerpo se relaja. Si Reiner fuera el que tomara ese lugar, probablemente me estaría haciendo pipi. Porque vamos, es Reiner Wolff, un sociópata.
Pero recuerdo que es Spencer, y que yo lo atrapé follándose a la mucama muda.
El pánico empieza a cobrar en mí.
—Fueame iota —proclamo en un intento de decir «Suéltame idiota» pero lo único que logro es hacerme atragantar aún más con el trapo en mi boca.
Creo que quiero vomitar.
La habitación en donde estoy está a oscuras, y un solo foco amarillo que cuelga del techo me ayuda a que me dirija a Spencer y no a la pared.
—Ari, quítale el trapo —Spencer ordena a su hermano menor y este lo obedece al instante.
Cuando soy libre, empiezo a proferir cualquier grosería que he escuchado a lo largo de la mayor parte de mi vida. Spencer me deja desahogarme.
Pero ya cuando me encuentro sin aliento, Spencer si inclina hacia mí, retándome con la mirada.
—Ari quería darte una sorpresita, eso es todo —informa con una insuficiencia de emociones impregnada en su rostro.
—¿Una sorpresa? —Pruebo las palabras en mi boca— ¿Haberme disparado es algún tipo de sorpresa?
Ari rueda los ojos mientras su hermano me dice:—No exageres, intruso. Te dio con dardos que simulan el dolor de un balazo.
Oh, bueno, eso cambia todo.
Trato de no volver a despotricarle en su rostro mientras este me mira con desgana.
—Por tu culpa Reiner se escapó —anuncia finalmente Ari dejándome confundido.
¿Por qué es mi culpa que Reiner haya olvidado tomarse sus pastillas?