Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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NUNCA ME HE sentido tan famélico como ahora. Supongo que en estas circunstancias el hambre no tiene cabida, por los nervios supongo. En mi caso, al sentir todas las miradas recayendo en mí, el estómago no hace nada más que retorcerse. Me pide comida, así que cuando la mesera de aquella cutre cafetería nos trae a la mesa nuestra orden; una tanda de tortitas apiladas, bagels untados con mermelada y crema de avellanas; sándwiches de jamón cortados en triangulo y una vasta variedad café cargado ―Reiner, Dallas y mío― y jarras de naranjada. Puede decirse que los nervios empiezan a disiparse y el hambre empieza a tomar efecto.
―Noah ―Spencer tose disimuladamente.
Estamos rodeando una mesa de la cafetería, la más alejada posible. Spencer fue el que salvó ese momento en el porche de la cabaña, luego de que Dallas y Liz empezaran a alborotarse. Spencer rápidamente propuso calmarnos e ir poco a poco, así que sugirió tomar nuestras cosas y largarnos de una vez, para pasar a tomar el desayuno y así con tranquilidad explicar todo, porque fue bastante claro. Ya era todo obvio y esta vez no me podía zafar con una excusa barata.
Los chicos me escucharon decirlo. Yo no soy Travis Wolff.
Ahora hacen todo lo posible en contenerse y no atacarme con preguntas.
Suelto un suspiro, mirando una vez más a los chicos
―Lo siento, de verdad. ―Es lo primero que me sale decir. Luego, prosigo a relatar cuidadosamente todo.
Cada vez que me acerco a las partes más delicadas tengo que mirar a un Wolff para pedir permiso, pero ellos ni se inmutan, igual están en shock. Me parece que todavía no lo procesan.
Termino con la conclusión que los Wolff piensan que es; Carmine está en las rejas y Travis se fue a Nueva York.
Dallas y Liz parpadean aun confundidos. Y estoy seguro que están a punto de atacarme, pero es entonces cuando ellos se giran a los Wolff.
―¡¿Nos escondieron esto todo este tiempo?! ―Dallas abre la boca en una O.
―¡¿Qué les pasa?! ―Liz lo secunda.
De repente, los empiezan a atacar con preguntas. ¿Cómo pudieron? ¿De verdad hablan enserio? ¿Noah no es Travis, es en realidad Noah? ¿Pelea de mafias? ¿Travis es un psicópata? ¿Qué son medios hermanos? ¿Su madre engañó a su padre? ¿Coop también lo sabía? ¿Jackie...estás bien? ¡Dios Jackie!
No ha dicho nada desde que nos fuimos de la cabaña. Tiene la mirada perdida, pero sé que puso atención a toda la historia, ya que su mirada sigue hundiéndose cada vez más.
Entonces me llega la revelación.
Esto no se trata de que nos vio a Reiner y a mí, por lo menos ahora no. Esto se trata de que yo no soy Travis, aka el chico del que siempre ha estado enamorada y que la rechazó cordialmente. No, se trata de que yo sólo soy Noah Jensen, alguien cualquiera que la engañó. Mientras tanto, el verdadero Travis Wolff, ese del que quiso desde pequeña, resulta ser un ser cruel, el malo y el villano. El que me secuestró y me hizo sufrir. En pocas palabras, el demonio en persona.