Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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REGRESAMOS A LA cabaña al finalizar el día. Ahora que la energía regresó, nos dormimos como habíamos quedado desde un principio. Comparto habitación con Coop y Sebastian. Pero yo no puedo dormir, así que permanezco enrollado en mi manta mientras a lado de mí, Coop ronca como nunca. Estoy tentado a patearlo.
No ayuda nada. Lo sé. Soy un idiota. La cagué.
Pero en mi defensa, ni siquiera estaba pensando. Estoy seguro que tuve un ataque de pánico. Antes los tenía, de niño. El primero fue cuando hice el primer encargo para mi padre; tuve tanto medio de estropearlo, que me quedé petrificado en la entrada de la guarida del socio de mi padre. Él tuvo que ir por mí. Me encontró en un recoveco de algún callejón, apenas respirando. El segundo fue cuando choqué su auto. Un amigo de ese entonces me convenció de tomar el carro por todo Jackson Heights*. Mucha gente del barrio trabajaba para mi papá, así que no se tardó en enterarse. ¿Mi castigo? Una semana encerrado en mi habitación.
Reiner tiene razón cuando me dijo que todos estamos jodidos. Los Wolff lo están, a su manera. No puedo decir que por ello he pasado por más. Ni si quiera quiero pensarlo.
Así que al día siguiente no quiero volver a Langley. Ni para ver quién es el asesino. No quiero volver a estropearlo con Reiner. Él se ha recluido a sí mismo. No parece enojado, pero está más callado de lo normal. No sé qué creer. Quiero decirle que lo siento, pero no soy capaz de aproximarme a él y mirarle a los ojos.
Y como todo un cobarde, les invento a los chicos una excusa barata.
―Creo que me hizo mal los huevos revueltos ―les digo, sobándome el estómago con malestar.
―¿Estás seguro de quedarte sólo? ―Spencer arquea una ceja.
No había pensado en eso. Pero prefiero encerrarme aquí, a salir otra vez.
―Er...está bien. Estaré bien.
―Bueno...entonces nos vemos antes de la cena ―Spencer toma a Christi de una mano y sus llaves en la otra―. Está será nuestra última noche. Recuerden que nos iremos en la mañana.
Los veo partir en los autos, esperando que ellos si puedan disfrutar del día.
A pesar de que no estoy enfermo, decido pasarla tirado en el sillón más grande de la sala, viendo en Netflix las series que Ari tiene en su historial. Y comiendo, por supuesto. Decido hacerme un sándwich de atún.
En el transcurso de la tarde recibo varios mensajes de los chicos. Ellos acaban de agregarme al chat del grupo así que veo todo lo que escriben. (Escriben en el chat cuando están literal ahí mismo, pasándola juntos).