Mamá ya no huele a mamá. Huele a limpio, a vida, a alegría. Mientras la señora, o la cuidadora, según entendí, nos sirve un vaso de limonada a todos mientras rodeamos una mesa en el cobertizo del patio trasero, las manos de mamá no se despegan de las mías. Quiero estar a solas con ella, pero nos invitó inesperadamente a tomar algo.
—Gracias por traerlo sano y salvo —Mamá le habla fijamente a Travis y este asiente tomando un sorbo de su vaso—. Pensé que me avisarías cuando estuvieran por llegar, yo...me hubiera preparado mejor.
Sus mejillas se sonrojan al sacudir la tierra de su ropa.
—Teníamos otros planes, pero consideramos que esto no podía esperar mucho —Travis luce calmado y me mira—. ¿Nikolai?
Parpadeo, todavía en estado de trance. ¿De verdad tengo a mamá de las manos?
—Eh... —Nada, no sale nada.
—Me parece que deberíamos darles espacio—dice de repente Travis alzándose de su asiento—Vendré mañana, ¿está bien? Gracias por la bebida. Que tenga buen día.
Mamá se levanta de su siento y lo despide hasta la puerta. Yo me quedo mudo, atolondrado. ¿Travis no se quedará? ¿En serio piensa dejarme aquí con la posibilidad de que me escape? Todo esto es tan surreal que me cuesta entender que estoy haciendo aquí. Arrastro mi silla hacia atrás y busco aire. Tengo que respirar. La puerta de la entrada se abre y luego se cierra. A los segundos unas pisadas regresan hacia aquí. Mi mamá me observa como yo a ella. No lo podemos creer. Solo que ella está más calmada.
—Cariño —Ella comienza, pero yo no lo soporto.
—¿Qué está pasando? —un hilo de voz apenas es lo suficiente fuerte para que me oiga—. Estabas muerta. Ellos, los del hospital, ellos dijeron que tu...que fue...una sobredosis... yo te busqué, pero estabas muerta...deberías estar muerta, yo no entiendo... yo no...
Ella viene a mí tomándome de los hombros, luego del cuello y después del rostro.
—Calma, Nicky, Calma —susurra.
Nononono. Estaba muerta y ella se fue y murió.
—No entiendo —susurro intentando calmar mi respiración, pero el aire se comprime en mis pulmones.
Dentro de mí, muy dentro, albergaba la esperanza de que todo esto fuera una farsa, qué ella era un doble o algo, pues si era verdad entonces todo lo que antes creí no tendría sentido. Todo era mentira.
—Lo siento tanto, tanto. Mi bebé, no sabes cuánto desee este momento.
Todo me da vueltas, todo es más difuso y borroso, pero recuerdo porque vine aquí: por respuestas. Me alejo de ella obligándonos a vernos mutuamente con firmeza y determinación.
—Estabas muerta —digo con seriedad—. Te fuiste, me dejaste creer que...
—Lo sé —ella suspira negando con la cabeza—Fue horrible. Todo este tiempo ha sido tan... confuso y doloroso. Yo... tengo tanto que decirte y explicarte. Todo tiene un porqué Nicky, por favor déjame explicarme, por favor bebé.
Cierro los ojos recordando su voz y todo lo que pasamos. Tengo que escucharla, pero la verdad es que no quiero. Estoy por aprender algo muy malo y no quiero saberlo, no sé si estoy preparado.
........
Mamá me guía escaleras arriba. Ella lo toma todo con calma al enseñarme su casa y las habitaciones. Al final terminamos en su habitación adornada con pulcritud, pero a la vez es notorio qué ella vive aquí. Hay retazo de hilos, ropa colgada en la silla de mimbre, zapatos cerca de la cama king size. Ella vive aquí, esta es su casa muy diferente a la casa en la que vivíamos con papá, un departamento en el cuarto piso compuesto por dos cuartos y un baño. Nunca pasamos hambre ni sufrimos por dinero, debido al trabajo de papá, pero teníamos lo necesario, sólo eso. Esta casa rebasa lo necesario.
ESTÁS LEYENDO
La Manada de los Wolff
Teen FictionNoah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él. Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo. Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
